# perdiendo.org/museodemetralla

entraron en mi cabeza (201) | libros (20) | me lo llevo puesto (7) | pelis (2) | Renta básica (9) | series (6) | escasez (2) | frikeando (94) | arduino (1) | autoreferencial (11) | bici (1) | esperanto (4) | eve online (3) | git (2) | GNU/linux (4) | markdown (7) | nexus7 (2) | python (7) | raspberry pi (3) | vim (1) | wordpress (1) | zatchtronics (3) | hago (769) | canciones (161) | borradores (7) | cover (44) | el extremo inútil de la escoba (2) | elec (1) | GRACO (2) | guitarlele (11) | ruiditos (11) | Solenoide (1) | fotos (37) | nanowrimo (3) | novela (26) | criaturas del pantano (5) | el año que no follamos (12) | huim (5) | rehab (4) | poemas (361) | Anclajes (15) | andando (3) | B.A.R (7) | Canción de cuna para un borracho (38) | Cercos vacíos (37) | Cien puentes en la cabeza (7) | Conejo azul (6) | Contenido del juego (5) | De tiendas (3) | del pantano (3) | Destrozos (2) | Epilogo (4) | Fuegos de artificio (5) | Imposible rescate (15) | Jugando a rojo (7) | Libro del desencuentro (2) | Lo que sé de Marte (11) | Los cuentos (21) | Montaje del juego (5) | Orden de salida (4) | palitos (31) | Piernas abiertas (7) | Poemas medianos (12) | Privado de sueño (7) | rasguemas (5) | Tanto para nada (17) | Todo a 100 (2) | Uno (4) | relatos (97) | anatemas (9) | orbital (2) | prompts (8) | vindicaciones (103) | perdiendo (1.716) | atranques (1) |

los días que no suceden

Poder pensar,
sin miedo alguno a la
confusión que vendrá después.

Yo no quería nada más que
seguir mirándote reír. Tú no
evidenciabas tu esfuerzo en esas
sutilezas. Yo, tú… distancias.

Nos gustó vivir de alguna manera
juntos, más de lo que jamás nos
confesamos. No eran buenos tiempos,
yo tenía que andar de lado para
descansar los zapatos, las tiendas
mostraban sus fauces bien abiertas sin
estar dispuestas a tragarnos cuando
aún caminábamos, y los semáforos
jugaban a verde, ámbar y rojo.

Pienso que poco importa ya
que no tuviéramos regazo, que no
supiéramos tenerlo el uno con el
otro. De eso sólo recuerdo
los silencios, ya bien poco.

Nunca supe dónde dejé nuestro
mechero, aquel verde
que, al pulsarlo, erupcionaba
fuego en forma de llama
anaranjada, siempre
dispuesta a encender un cigarro,
un segundo o un mal comienzo.

Nunca sabré por qué te hablaba
como si tuvieras cinco años, por qué
ya no me quedan cuestas abajo o
por qué el sol siempre atardece
cuando empiezo a disfrutarlo.

No sabré ya jamás por qué guardabas
los zapatos con el tacón apuntando
hacia el techo del armario, por qué
no digerías el arroz ni abrías al
cartero cuando él te esperaba agarrado
al pulsador del telefonillo de abajo,
del portal, ese zaguán tan fresco que
siempre nos duchaba en verano.

Como puedes ver, ya bien poco.
Días esquematizados, articulados
en sus rutinas y sus manías que
en estos nuevos tiempos ni siquiera
suceden.

Y los días que no suceden a veces
se sienten mejor si se piensan
olvidados.

palabras, vasos, hielo

Por si acaso
encendamos una vela,
no apetezco de los rigores
de la luz eléctrica. Sí,
ahí está bien, vela
tu rostro de diario y
entresaca el otro,
el de los días de fiesta,
el de las noches ebrias,
el de los cristales rotos.

No, no puedo desnudarme,
no aún, aún demasiado de lo
no dicho quiere hablar
en mi boca
para trasmutarse después
en olvido.
Sí… ya sé,
pero así se conforman los
momentos, por
ellos mismos.

No pretendo continuarme,
hacer algo eterno de esto,
la vela se apaga. Tenemos
otra.

Pon
los vasos
sobre la mesa. Más
hielo. Sigamos hablando,
que esto aún parece una conversación.
Sí,
las palabras apestan,
pero poco más nos queda. No,
no intento entristecerte,
valga la luna un mundo,
aunque sea ahí arriba
(ahí atrás),
aunque sea tan lejos…
(tan imposible ahora…).
Los hechos son pura
nieve, hielo de otoño.

Ni eso. Sólo hielo,
icásticamente hielo.

Espolea la creencia. Lentos
han caído los años. Y
no se han ido solos. Lo
sabes, lo sabemos. Y
es igual.

Y es igual y enciende la
vela. Pon
-los vasos-
sobre la mesa. Echa hielo,
renueva el frío.

Como si no se perpetuase
a sí mismo.

los puentes

Voy rodando los puentes
que tiendo con mi cerveza
sobre la barra,
con la ceniza y la espuma
formo una pasta
gloriosamente densa
y resistente.

No tengo sueño
que aplastar esta noche,
debo conformarme con mirar.

A mi alrededor la gente
y las conversaciones,
hoy no es un buen día
para ser mortal ni para ser
imbécil,

pero aquí estoy
fumarrajeando un cigarro
con mi logorrea y pensando
vayaunamierdadenoche,

Y la culpa es mía,
porque hoy no es un buen día
para ser homo sapiens ni para
ser tan estúpido
como los
ojos,
que lloran cuando no
viene a cuento, así,
mojándome por entero.