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Philip K. Dick. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

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Philip K. Dick.
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Edhasa.
Traducción: César Terrón.
Portada original:Iborra.
1ª edición original: 1980
196 páginas.
(Portada de la edición de Nebulae).

Ya sé, ya sé que hoy me estoy pasando y que la bitácora queda muy abajo, pero es que no podía dejar pasar un día más sin meter la novela inmensa de K. Dick en la que se inspiro Blade Runner (con desigual fortuna, más que inspirarse en ella compone una historia paralela de inarmónicas consecuencias). Es un relato de ciencia ficción, vale, pero las conclusiones a las que llega después de someter a los androides a la consideración de que sus creadores, los (dioses para ellos) humanos, están imbricados en un asunto de popularidad social en función del animal que guarden en la terraza… son devastadoras. Creamos grandes cosas (complejas, al menos) y nos seguimos debatiendo siempre en lo mismo, en lo mismo de siempre.

Boris Vian. La espuma de los días.

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Boris Vian
La espuma de los días.

El libro de Bolsillo. Alianza Editorial.
Traducción Luis Sastre Cid.
Cubierta Ángel Uriarte.
L’écume des jours.

Boris Vian es un fiera con todas las de la ley, las de su ley, claro. ¿Subrealismo? Y un huevo, la metáfora sobre la metáfora recubre y dice las cosas que no se pueden decir porque duelen. ¿Si no de qué la tuberculosis es una flor en medio del pecho, o las casas se encogen cuando mengua el dinero (y el ratón araña las paredes que han perdido la luz de cien soles)? No podéis dejar de leer tampoco «La hierba roja» o «Que se mueran los feos». No pienso decir más hasta que no se haya leído. Jejeje.

mitos

La realidad es fría y descarnada.

Llevamos un par de milenios intentando aclararlo todo.

Nos queda el espacio, el fondo del océano.

Ahí todavía hay mitos.

Pero en el resto de las cosas ya no hacen falta.

Y no nos damos cuenta de que sin los mitos la realidad se enfría y se empegosta. O nos damos cuenta, pero como ya conocemos no podemos volver atrás. Necesitaríamos generar mitos para que todo vuelva a tener la carne, la ilusión, la fuerza de antes. A veces nos salen. Convertimos una noche en algo mítico, una canción puede llevarnos al éxtasis. O un buen libro.

Entonces todo parece tener más sentido, aunque el carácter innegable del mito no sea otro que falsear las frías aristas de lo real con la fantasía de la imaginación. La realidad sin mito no merece la pena. Convertir todo lo que nos rodea en grande, en único (aunque ya es grande, ya es único, pero la razón procede por identificación para llegar al concepto, lo único que le interesa, y claro, al hacerlo prescinde de lo diferente, de lo que no permite una formulación universal).

La noche del mito, el día del mito. Es más, la lavadora del mito, la vida mítica. Es un cristal, nada más. Pero se gana bastante con él. Ya no hay en el rutina o nada. Hay emoción y vida en cualquier acción.

La realidad no es fría ni descarnada.

Llevamos un par de milenios confundiéndolo todo al simplificarlo.

Nos queda todo por recuperar.

Hay mitos por todas partes.

Y en todas ellas hacen falta.