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John le Carré. La chica del tambor.

John le Carré.
La chica del tambor.

DE BOLS!LLO
© 1983 David Cornwell.
© de la traducción: Luis Murillo Fort.
© Random House Mondadori, S.A.
Travessera de Gràcia, 47-49. 08021 Barcelona.
Diseño de la portada: Alicia Sánchez.
Fotografía de la portada: © Stephen Simpson/Taxi.
The little drummer girl.

Es divertido comprobar como estos profesionales de la escritura manejan las técnicas adecuadas para insertarte en la piel del personaje. La historia es lo de menos, con tal de que cuente con alicientes emocionantes: persecuciones, dudas, peligro, organizaciones que se nos escapan y, sobre todo, viajes. Todo ello viene aderezado con unas reflexiones de patio de colegio acerca de la guerra de palestina y la ocupación israelí. Petardos que dislocan vidas, injusticias por ambas partes, y un protagonista femenino que se ve involucrado por los motivos más pueriles imaginables. La trama se sostiene únicamente mediante el dogma de fé de creerle al autor todo lo que diga (y son casi setecientas páginas de cosas dichas) y de jurar y perjurar que todo lo que está sucediendo no es sólo posible, sino que encaja a la perfección Si consigues hacer el juego y abovinarte lo necesario la experiencia consecuente es intensa. Muy intensa.

Yo lo conseguí y me lo pasé estupendamente. Pero hoy por hoy el libro ya se me ha olvidado. Material fungible.

Tim Powers. Las puertas de Anubis.

Tim Powers.
Las puertas de Anubis.

Gigamesh.
© 1983, Tim Powers.
© 1988, Albert Solé de la traducción del inglés.
© 2001, Corominas de la ilustración de cubierta.
Derechos en lengua castellana reservados para España:
© 1999, Alejo Cuervo editor.
The Anubis Gates.

Una buena novela de ciencia ficción con todos los ingredientes (media naranja incluída y rollo te conquisto te escondes no sé quien eres, ¡cóño pero si no eres un tío!) de un sólido best-seller. Entretener entretiene a la perfección, sorprende a ratos, a ratos se despista un pelín. No está nada mal como libro para transporte publico. En ese sentido diría que es incluso excepcional.

pasta al agua

El final del mes es un momento ideal para probar recetas sencillas, baratas y de fácil hechura. Esta receta desagradará a los que tengan suficiente dinero como para llegar con dignidad a fin de mes, pero espero que a algunos no les parezca mal del todo y tomen nota e hidratos de carbono.

1. Se cuece la pasta hasta dejarla al dente. Si no te sale, pásala. Mejor eso que dura. Escúrrela, pero no le eches agua fría (si la cociste con laurel, ajo y aceite no lo hagas, si lo hiciste sin nada remojalá o haz lo que creas conveniente, va a dar igual).
2. Con resignación se echan un par de cucharadas de aceite en la sartén. Cuando esté caliente se vuelca la pasta, se muele bastante pimienta y se rocía de orégano, para que sepa a algo.
3. Si eres de los afortunados que tienen tomate, se lo echas. Yo no suelo ser de esos, así que alternativamente echo lo que tenga, palos de cangrejo, melocotones, manzanas, queso, york. Alguna vez ha pasado que hubiera algo en la nevera, pero normalmente es pasta con agua, orégano y ajo. Y sabe de puta madre cuando ruge el estómago.

Para otro día mis grandes especialidades, como «arroz al agua» y «dos botellas de litro y medio de agua».