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tiempo

Te levantas, parece que descansado. Has quedado, pero no se presenta nadie. Te sirves un café. Tienes poca hambre, mucho sueño. Hoy es domingo. Después de un par de semanas tienes que volver mañana al curro. No es plato de buen gusto para nadie, y menos para ti. No te gusta llenarte el alma de discursos, prefieres el viento. No se ha presentado nadie. Un ligero tufillo de los pies. Nada serio. Solucionable. Vas pensando en meterte en la ducha, pero te sirves otro café. Buena cosa, el café. Da toda la vida.

No fumas, porque lo estás dejando. Dejarlo significa fumar sólo por las noches, cuando el agujero. Cuando los pensamientos no muy claros. Cuando las cosas se tuercen. Muchas noches ni eso. Prefieres no fumar. No lo echas de menos. No lo entiendes. La mayor parte de las cosas no las entiendes.

Hoy hace un año que. ¿Ya? Ya. Hoy hace un año que todo volvió a suceder, como si algo hubiera encajado en el mecanismo y la tierra hubiera vuelto a rotar. Joder, ¿ya?. Sí, ya. Madre mía. Lo sé. Parece mentira. Es que es casi como si lo fuera. Cuando uno está a gusto el tiempo pasa rápido. Es verdad. Será por eso. Es por eso.

No estoy nervioso. Sí, sí lo estás. Bueno. Es lo que hay.

Al menos eres feliz. No sé qué coño más quieres pedir.

koldo

Koldo es un tipo raro. Yo lo sé. Lo entiendo. Lo que no comprendo tanto es por qué, cada vez que alguien habla un rato con él, siente ganas de ayudarle a que vuelva a la normalidad. Como si la normalidad fuera algo deseable en sí mismo, un valor en sí. Yo no sé si está bien o no lo que es, o el modo en el que vive. Sólo sé que él es así. Y que ahí, y justo ahí, terminan mis derechos sobre él. Las obligaciones siguen en el mismo punto. Es más fácil ver la paja en el ojo ajeno, y más aún cuando la paja es una caricatura, o tiene toda la pinta de serlo. Cuando es exagerada. Eso lo entiendo, pero salvarle… ¿salvarle de qué?

Koldo no es lento, ni rápido, Koldo tiene su propio ritmo. Va a su ritmo, se deja mecer por él mismo. Eso no creo que sea del todo malo. ¿Que no puede adaptarse bien? Bueno, supongo que eso lo sabe él mejor que cualquiera.

No me olvido de que la gente toma decisiones, y de que me gusten o no son las suyas. Koldo, según mi interpretación, en algún momento dejo de pretender cambiar o siquiera comprender lo de fuera. Y se volcó hacia dentro. Es un tipo en sí mismo. Su perspectiva es suya, y no un refrito de otras, que es lo que suelo ver con frecuencia. Es admirable. Y es lo que quiere ser.

Fin de la ronda de preguntas.

revulsivo

Cosas raritas, cosas siempre bien raritas… Hace un par de días encontré en la biblioteca un libro de Roger Wolfe que compila «Días perdidos en los transportes públicos» y «Hablando de pintura con un ciego». Primer revulsivo que me coloca donde estuve, en una cierta inquietud mental opuesta al aburguesamiento (literal, sin matices despectivos) mental. Hoy me regalan Bukowski Schultheiss, relatos que son más de lo leído, pero en forma gráfica, este hank… ayer me entero, vía mensajero de Nacex, que he ganado una cubertería bañada en plata de 133 piezas cortesía de 4B, por haber utilizado la tarjeta en septiembre y octubre (cuando yo pensaba, como todo el mundo, que ese tipo de sorteos no eran más que un recurso publicitario), estoy dejando de fumar (por el asma crónico que empieza a embargarme, no por sentirme un criminal fumando), me queda un mes en esta casa y aún no sé dónde iré después (brrr, cada cosa en su momento), he instalado Ubuntu y me va bien (escribo esto lejos de la tiranía de gates).

Y estoy enamorado. De un modo mejor del que jamás supuse. De un modo sin fisuras. De un modo en el que uno entiende que la otra persona es precisamente eso: otra persona. Tiene sus cosas y sus gustos y sus oposiciones. Después de dos años chuzándome a la contra en casa descubro que me gusta más beber cerveza fuera (¿ciclos?), y pese a todas las oposiciones metateóricas de los incrédulos que no soportan que yo viva como me dé la real gana, sigo vivo. Al que le joda que le joda. Pienso seguir vivo algún tiempo, pero tampoco me aferro a la vida sin condiciones. Me gusta la vida que me gusta. Las demás me dan bastante igual, la verdad.

Evidentemente bukowski es una ficción literaria, pese a quien pese, pero gusta. O me gusta. Y tiene un por qué. Ese tipo sabía lo que quería, que es mucho más de lo que podemos afirmar la mayoría. De acuerdo que sus historias no añaden nada, de acuerdo que ni siquiera me gustaría vivir muchas de ellas. Pero el tipo sigue firme. El tipo sigue pegando ostias entre líneas, pese a llevar bastante tiempo bien muerto. Además la introducción del libro es de Sergi Puertas. Más revulsivos. Me gusta saber que la gente gana pasta haciendo lo que le gusta, aunque yo no sea esa gente. Hank tiene las narices de vivir como le gusta, pese a quien pese. Y considerando que sólo tenemos una vida y sólo la vivimos una vez, eso es mucho decir. El resto de la gente está siempre esperando algo que no llega. No llega porque tampoco sabrían reconocerlo si lo hiciera. Esperan porque no les gusta lo que tienen, esperan porque tienen la intuición de que esto no es por lo que vinieron. Esperan porque no saben lo que quieren.

Así están toda la vida esperando. Luego se mueren.

Todo aquel que ha cambiado de trabajo día sí día tambien sabe que no es cierto eso de que si estás en un curro es porque quieres. No señor, si estoy en un curro es porque tengo la manía de comer, y todos son más o menos lo mismo. Estoy mientras aguanto, después cambio. Si aguanto mucho estoy mucho, pero no es porque me guste, o porque esté cómodo. Es que aguanto, que es más de lo que puedo decir de muchos otros curros. Lo que quiero es sencillo, y no comprende el alcóhol ni el tabaco: comprende más bien el vivir las cosas como es debido, el encontrar ese trocito de tela bajo tu pantalón y demorarme con morosidad en él, remolonear en el instante para terminar finiquitando el asunto de las bragas con el asunto de la carne. No quiero una reunión social porque suelen ser mentira. No quiero una cena porque suelen ser mentira. No quiero quedar en un bar porque suele ser gente que está esperando sin saber qué espera. Y suenan raro, tienen timbres aflautados en la voz. Todos parecen seguros de sí mismos, pero es mentira. Lo único que tienen seguro es que no quieren ser como son. O eso al menos me parece a mí. Si tú estás a gusto aquí y yo también, y nos gusta demorarnos en las cosas, estamos donde debemos. Y si tomamos unas cervezas y sientan bien estamos justo donde debemos. Y vale, nos vamos de bares, pero vamos a sacar a todos de quicio, vamos a sacarles a todos de sus goznes, que es lo que debería ser. Y si hace falta emborracharles para ello pues adelante. Pues a ello. No me importa que salga mal, al menos saldrá de algún modo, joder. Al menos será algo.

Todos como psicópatas renegando de lo que habitualmente son, un carnaval de histeria, un salir de sí mismo para encontrarse a sí mismo al otro lado. Eso es. Esto es lo que estabais esperando. No era otra cosa. Era tan sencillo como decir sí.

Y si no, afortunadamente, me quedo yo. Y mejor todavía. Quedamos tú y yo, en mi casa, haciendo espeleología de la camiseta. Mirándonos a los ojos. Sabiendo perfectamente quién es y dónde está el otro.

Así es, porque está escrito.

Uno no se lava sin maestro: en el fuego o en la lengua, por el bautismo o por la muerte, nadie puede purificarse si no está antes bajo la dependencia de una ley. Así es, porque está escrito. […]
Dominique Laporte. Historia de la mierda.