Los ministros responsables de mercado interior de la UE alcanzaron anoche un acuerdo político sobre la polémica directiva de liberalización de los servicios. La solución adoptada respeta, al menos en lo esencial, las restricciones y condiciones consensuadas el pasado febrero por el Parlamento europeo. El ministro de Economía austriaco, Martin Bartenstein, se felicitó por lograr mantener a todos los países a bordo del proyecto. Desde España, el secretario de Estado para la Unión Europea, Alberto Navarro, consideró que el acuerdo es satisfactorio pues en el país el 70% de la economía proviene del sector servicios.
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la sopa boba en el senado
Un canon indiscriminado no se puede justificar en base a la necesidad de compensar las pérdidas que el desarrollo tecnológico genera a quienes crean los contenidos. Una afirmación así al no poder ser generalizable no es válida.
Como sentenció la Audiencia Provincial de Madrid, «confuso derecho es este en el que se cobra el canon a cambio de una actividad prohibida».
El canon de copia privada es un sistema manifiestamente ineficaz e imperfecto. Esta es la principal conclusión de un dictamen elaborado por la Comisión Asesora sobre la Sociedad de la Información, presidida por Manuel Castells, uno de los mayores expertos mundiales en este campo. Sigue el informe, «es un canon injusto e indiscriminado, no frena la piratería y nos hace responsables a todos de ella. El canon puede afectar seriamente al desarrollo de la sociedad de la información y encarece el precio de los productos. Hoy en día, representa el 50% del precio del CD y el 31% de un Mp3.»
Intervención del senador Sr. Jordi Guillot, de Iniciativa per Catalunya Verds, en el Proyecto de Ley de Reforma de la Ley de Propiedad Intelectual (Canon Digital). Artículo completo, negrita mía.
Revuelta en el fenopático. No hay mucho más que añadir.
ser sensato
El mejor recurso para esconder que uno es sensato (es decir, un mierda) es cultivar una imagen ambigua. Reservada y al mismo tiempo caprichosa, encerrado en uno mismo pero con raptos de petulancia a veces y de compañerismo atroz otras. Esto sirve para varias cosas. La primera es para que te dejen en paz, que ya es bastante, tildándote de raro o de lo que quieran. La segunda es para que nunca sepan lo que se puede esperar de ti. El ser humano es un bicho social acostumbrado a interpretar las reacciones de los demás, y mediante la empatía a preverlas. En cuanto sepan cómo vas a reaccionar, calcularán cuándo y cómo pueden tomarte el pelo: no lo dejes ver.
Si eres una persona abierta no dejarán de pensar que lo eres siempre: cuídate mucho de eso. Se te acabó leer o estar tranquilo en casa. Vendrán siempre sin preguntarte si te apetece o no. En el curro no te dejarán en paz, y vendrán a hablar contigo siempre que no haya jaleo, aunque tú prefieras quedarte un rato divagando en silencio. Eso no se puede permitir. Si saben que eres sensato no les importará putearte para ascender, porque saben que no montarás un cirio. Es mejor que no lo sepán, que se teman lo peor. La imaginación es siempre peor que la realidad.
He vuelto al curro constatando otra vez que requiere la concentración de un niño de 17 años hiperactivo y cocainómano. Eso es bueno, porque permite divagar. Es malo, porque cuando no hay nada en qué pensar, aburre soberanamente. Aburrido y con el deber hecho: esta es la realidad laboral del siglo XXI. Todo el mundo a mi alrededor habla bien del curro, pero yo sé que no todos piensan así. Es simplemente que la sociedad del gran hermano vaticinada por hayek y novelada por blair se ha impuesto, y tienen miedo a los ojos que contarán y lo dirán todo, tienen miedo a esta vida de vigilancia contínua de unos sobre otros con el fin de ganar un pedazo de mierda más que los demás. Por eso todos piensan lo mismo, pero se tirarán horas entre ellos hablando de lo opuesto. No es un mal curro, lo sé, no se está mal, también lo sé, pero no se me escapa que nadie soñó jamás con estar ganándose la vida con algo parecido. No es problema de los compañeros ni de los jefes, ni seguramente de la empresa: es culpa de cómo están montadas las cosas. Estamos aquí porque tenemos la costumbre de comer y de dormir bajo techo, y nada más. Creo que ese es justo el compromiso que paga la empresa, ni un duro más, todo lo demás lo prestamos a fondo perdido. Cuando se den cuenta de que todos pensamos lo mismo quizá podamos llenar los escasos ratos de asueto con conversaciones medianamente interesantes.
Es importante conservar una imagen confusa por si esto no termina así.
Al volver a casa me he cruzado con una familia de madre, padre e hija hablando de buzones. Parece ser que una vecina quería que le cambiaran el suyo, no le gustaba. He echado de menos circunstancialmente la radio, siguen siendo las mismas tonterías, pero al menos puedes cambiar de emisora de cuando en cuando. El tema de hoy en mi cabeza era cerveza o no cerveza durante la lectura, y ha ganado la cerveza. Hay días especialmente tontos (que no duros) que necesitan a voz en grito la teoría de la compensación, un sofá, un litro y un libro frente a doce horas perdidas sin ningún provecho. Ganan las doce horas, por supuesto, pero que me quiten mi momento si pueden.
Cómo jode comprobar, en su momento, que la vida no tiene sentido. Que sólo lo tiene a ratos, como un pulsar, y que si estos ratos se alargan también lo pierden. Pero después de asumirlo todo es más fácil. No puedo estar tomando cervezas y leyendo dieciséis horas sin que el sentido se desvirtúe, pero el rato que voy a pasar en un momento sí que lo tiene. Y punto, nada más. Un abrazo es un abrazo, un abrazo de tres días es un coñazo.
Ellos (y no sé quién o qué es ellos) ganan casi todo el día, pero ahora mismo, aquí sentado, con el cigarro y la cerveza, gano yo. No sé si les jode o no, y me da igual. Con que a mí me baste es suficiente. Y me basta y me sobra.