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entre dos paredes

«En el comienzo del amanecer, el día va dándose vuelta, a pausas; casi se oyen los goznes de la tierra que giran enmohecidos; la vibración de esta tierra vieja que vuelca su oscuridad».
Juan Rulfo. Pedro Páramo.

Duermo acurrucado en posición fetal al borde de la cama. Estoy desbordado, y eso me hace buscar la huída. Sólo vivo en esta casa, así que no puedo huir a ninguna otra parte. Por eso me acurruco, en la cama, con alguna película invisible que da compañía. No me despejo. De hecho cada segundo estoy más y más confuso.

Trabajo atrasado, sueño atrasado, cosas pendientes que nunca hago. Me doy la vuelta, perseguido por los pensamientos. Quiero estar otra vez en Ávila, por ejemplo. Allí no había ordenador reclamando.

Me sobrepongo. Me levanto, cojo el teclado. Ha sido un instante, pero no sé hasta qué momento. No sé hasta cuándo.

«Y en fin para que nazca un artista se precisa
que nazca un niño y luego no muera del disgusto.»
José Agustín Goytisolo. Sobre las circunstancias.

PD y exabrupto: ya está solucionado el problema con la escritura de comentarios.

hace falta calma

Todo va muy acelerado. Como el conejo de Alicia en el País de las Maravillas, voy corriendo a todas partes mirando el reloj del móvil, tropezándome con todas partes y bufando porque me duelen las espinillas, todas las tardes delante del ordenador quemándolo, todos los días en un viejo corsa blanco desgastándolo.

Así no se va bien. No se ve el paisaje.

Intentar echar el freno es como intentar que no se hunda el Titanic a base de colocarle salvavidas atados a la quilla. Se le echa ilusión, pero no sirve para nada, no frena. Cuando apago un fuego tengo que ir corriendo al siguiente. Cuando me siento a disfrutar una cerveza me tiembla la botella en la mano, por miedo a que el cielo se desplome sobre su casco. Tengo la sensación de que el tiempo vuela, porque lo hace. Siempre tengo cincuenta cosas al mismo tiempo en la cabeza, y todas quieren sus putos quince minutos de gloria constantemente. Todas reclaman. Recibo presión. Normal, por otra parte, pero presión. Siento, a veces, que voy a reventar en pedazos.

Y encima me pierdo el paisaje.

Si no fuera por la puñetera pasta, me quedaría quieto. Abriría una cerveza. Me sentaría en la cama, mirando la ventana. Qué gustito.

«La humanidad, partiendo de la nada y con su sólo esfuerzo, ha llegado a alcanzar las más altas cotas de miseria.»
Groucho Marx.