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Déjame ayudarte. Hace tiempo comprendí que mi interés en esta vida es ayudar a los demás. Suscríbete a mi lista, compra mi curso de monitorización en el que durante dos semanas haremos seguimiento por whatsapp y skype y te llevaré a que consigas ser tú mismo, desarrollarte como persona, vivir de tu web, encontrar un unicornio azul con dos cuernos y hacer tuyo El Dorado.

Déjame ayudarte, a cambio sólo pido dinero, que no es nada. Déjame ayudarte a ayudarte. Mira mis fotos, estoy sonriendo. Yo vivo de puta madre, ¿no quieres hacer tú lo mismo? ¿Acaso no estás viendo cómo sonrío, lo bien qué vivo? Esta semana estoy en Viena, la que viene en Estambul, he decidido pasar el año que viene en Francia recogiendo tomates y vendiéndolos carísimos a fabricantes de colonias de lujo. Es genial. Suscríbete a mi lista, venga. Qué te cuesta. Píllame un curso. En realidad en Tokio no me hace falta pero lo digo por ti mismo, para que hagas algo porque estás de pena. Estoy cogiendo un tren a Frankfurt, quizá pueda animarte por skype en el trayecto, ¿quieres?, son sólo 2,50€. Puedo ser lo que cambie tu vida para siempre y por casi nada. Tengo la llave de la felicidad y eres un mierda si no estás dispuesto a comprarla, ¿es que acaso no quieres ser feliz?, ¿por qué te torturas? En mi lista de correo pongo consejos super útiles para que puedas ser lo que ya eres y no sabes, y es gratis. Sé fiel. Sé tú mismo comprando mi producto. Desarróllate todo lo humano y lo divino siguiendo estos tres sencillos consejos (disponibles en la tienda online ahora mismo).

Ámame, quiéreme, cómprame. Yo soy mi propio producto y tú eres el que está al otro lado del escaparate. Te estoy viendo a través del cristal, yo soy bonito y estoy aquí para que me mires. Te estoy mirando mirarme. Eres feo, asqueroso, inútil, fracasado, perdedor. Pero yo puedo hacer de ti algo hermoso, cómprame algo. Haz algo por ti mismo, hombre. No permitas que tu situación siga embarrancándose, dame tu dinero, sólo un poco, y yo te daré todo. No seas ruín, loco. Actívate, ponte en movimiento hacia mí.

Te deseo.

profundas

Eh, eh, eh. EH.

Me mola la gente con cosas densas que decir, «el viento espeso del cambio se asienta incómodo entre los restos del viejo orden».

Cosas poco caldosas, plomizas, sin huecos ni aire. Como meterse en una olla de lentejas pasadas de fuego intentando bucear sin poder mover brazos ni piernas, atrapado en esa asfixia de movimientos del sentido intenso. Eh, la relatividad no tiene cabida aquí, aquí tenemos todo claro, señora, circule que no hay nada que ver.

Al fin y al cabo, está bien aferrarse a una verdad, a un par de ellas, a las que sea. Sobre todo si es factible, quiero decir, si eres capaz de creerte que eso que estas agarrando es una verdad. Bien por ti. Bien por todo. Bien por las cosas en las que te bañas. Yo miro el espectáculo desde un lugar seguro, por si quizá la pirotecnia.

De todos modos, es una bonita papiroflexia. Fíjate, una pajarita.

deckard

¿Un mal día, tío?

Un completo mal día. He visto cosas que no creerías. Clientes o no sé qué más allá de Orión que decían cosas que no entendía y cosas así.

Tremendo.

Me han pegado una paliza, y ahora el whisky baila con la sangre en el vaso mientras bebo.

Un efecto precioso.

No te digo que no, pero duele.

El dolor es relativo.

¿A qué?

Al resto de tus dolores.

¿Al resto de ellos?

Eso es.

Entonces no debe dolerme nada más.

Ok. Entonces es bien jodido.

Sí. Sí que lo es.

Un mal día entonces.

Creo que deberíamos estar de acuerdo en que sí.

Oks, yo estoy de acuerdo en lo del baile.

¿La sangre flota?

En este vaso sí.

Tremendo.

Tremendo, sí.

¿Puedes grabarlo?

En cuanto dejen de movérseme los dientes, me pone nervioso.

Putos pellejudos.

Los pellejudos.

Ese tipo de gente.

Ese calibre de gente.

19%.

¿19% de?

De la reparación.

Oks. Va bien. ¿Has llegado al 19%?

Estoy llegando al 19% ahora.

Ya. Los dientes se mueven por muchos motivos.

Cuando los golpeas lo suficiente sí.

Entendido.

Toma control.

Control tomado. Un mal día, ¿eh?

Sí, así es.

Putos pellejudos.

Están en el punto límite de justo uno mismo. Allí donde no hay más entrada que salida y todo se explica.

Qué bonito.

Qué bonito, sí.

Pero todo se explica, supongo.

No deja de explicarse todo el rato, tío.

Bueno, uno puede morir, pero al menos sería por algo.

Ya.

No es como seguir en estas habitaciones de mierda mirando cosas de mierda.

No, no lo es.

Los dientes, ¿sé mueven aún?

Sí. No lo sé. Quizá no lo bastante. Dame un segundo. Déjame que tome control de esta mierda.

¿Y?

Y te digo algo. Con sentido si eso.

¿Si eso?

Si puedo. Si acaso.

Ok.

Ok.

Entendido.

Ya. Comprendo. Veremos.

Tenemos gente en casa.

No me presiones.

Eso intento.

(Diálogos de la vuelta a casa, edición crupier).