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un plafón para la cocina

Todo empezó con un plafón para la cocina. Hacía años que utilizaba una bombilla colgando de un cable de la correa de la persiana.

Pero se fundió.

El "Vitalogy" es de 1994.

Cuando puse el plafón led todo se veía jodido, chungo, límite. Mierda. Limpié. Todo se veía realmente jodido hasta que lo hice. Después vacié la cocina, me la llevé literalmente al salón. Después me llevé el salón al dormitorio. El baño a la cocina. Moví todo.

El plafón, pasando por vaciarlo todo y tirar, terminó en los discos duros. Allí hay cosas difíciles de mirar. Es sencillo decirlo.

Pero mientras tanto hay cosas. Es el tema. Cuando empiezas a echar un vistazo es difícil dejar de mirar.

El sol espuma tu pelo, rebota despacio en el cristal y vuelve a salir. De eso iba esto.

Esto estaba perdido por ahí, en un disco duro que sólo arrancó después de un par de golpes.

Pidiendo perdón.

T

Acordes

D1: 0 3 2 0 0 2
F1: 0 0 0 0 3 1

toda la canción es

G D1 F1 e

Letra

El sol espuma tu pelo al pasar
rebota despacio en el cristal y vuelve a salir
Después de hacer el amor en el sofa
te miro desnuda contemplar el vacío al fumar

Y tienes los manos pequeñas, los ojos perdidos
los labios mordidos, tu luz que es el brillo que ilumina mi salón
Y tienes los senos pequeños, los párpados cerrados,
y el humo a tu alrededor hace volutas sin razón

Y yo voy pidiendo perdón

Tu voz es otro regalo del sol
que yo recojo con ternura en mi corazón
para recordar cuando no tenga fuerza, cuando no pueda más
para no olvidar cuando me duela respirar

Y tienes los días contados aquí a mi lado
desnuda, fumando, destripando el cigarro, conformando mi espacio
Y tienes los días contados, mi vida no juega a esto,
no es más que un remanso, un segundo a tu lado.

Y yo voy pidiendo perdón.

el sinsentido de la vida

Es complicado decir que buscar el sentido de la vida es cobarde. No lo tiene. Es una abstracción. Los libros de autoayuda son una estupidez hacia delante. Lo único que tiene sentido es que no hay sentido alguno. La gente necesita un sentido del mismo modo que necesita un coche caro, un piso mejor que el de al lado. Una pareja, el amor de su vida. Recuerdos que recreen un cierto sentido épico. Darle algún tipo de continuidad a la cosa de haber nacido. Encontrar una línea en medio del caos. Una línea que se justifique a sí misma.

Estaba escuchando a Pearl Jam, y eso sí que es importante. Pero ahora entiendo las letras. Ahora sé lo que dicen. No tiene nada que ver. Construí todo aquello. Me inventé un mundo completo desde un par de impresiones. Eso es lo que importa. Lo demás es ruido. Y el ruido es miedo.

Es importante encontrar el sentido. Pero no hay ninguno. Olvida los libros de autoayuda, a no ser que estés dispuesto a creer en ellos. A dejarte la piel en ellos. No servirá de nada. Pero cuando te des cuenta ya será tarde. Todo estará bien. Respira. Descansa. Toma aire. Deja de luchar. Ya no importa. Todo está bien.

Toma aire. Todo está bien. Ha terminado. Descansa. Elige en qué creer. Elige. Piensa un momento y elige.

Eso será todo.

Buscar el sentido de la vida es cobarde, la solución sencilla. Abraza el sinsentido. Está por todas partes. Coge aire, respira. Deja de engañarte. Cuando puedes verlo lo ves. Bienvenido, o algo. Bienvenido.

ingenuidades

Limpiar supone cierta ingenuidad, la de poder restañar el mundo. Cuando coges un objeto para pasarle un trapo crees que puedes reintegrarle lo que el tiempo le ha quitado. Él nunca resta.

También están las cosas viejas y limpias, a punto para el esfuerzo. Y una cierta sensación de control, de saber lo que tienes y dónde, y otra de potencia: soy capaz de hacer esto, de estar haciendo esto, de estarlo consiguiendo. Una cierta pureza habitacional: no hay agujeros en esta casa, amigo, por más que busques. Lo que ves es lo que hay, lo que hay es lo que habrá. No hay doblez.

Nunca me ha gustado limpiar. Cuesta mucho, dura poco. Pero siempre he tenido demasiadas cosas que no me atrevía a tirar, cosas adheridas a mis costados, a las paredes, metidas en los armarios. Limpiar era embarcarse en un viaje de lo que ya no, cosas que cada vez había que retirar, mirar con lástima y dolor y volver a colocar. No hay ninguna obligación de mantener nada, hay que aprender a deshacerse de lo que no queremos: hay que aprender aunque y sobre todo porque somos tan pobres que llevar algo al contenedor es percibido siempre como una pequeña traición a ti mismo mañana. Si lo consigues te despides, lo sacas de tu casa, generas un espacio vacío por el que pasa bien la escoba.

Y eso necesita de otro tipo de ingenuidades, pero como casi todas las cosas.