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vtcuela

Vamos a liberalizar el mercado, que significa poner a unos trabajadores a competir contra otros para reducir costes y ofrecer servicios baratos a otros trabajadores que pierden constantemente poder adquisitivo. Los dueños de las licencias se forrarán con el resultado. Los antiguos VTC parece que tampoco están muy contentos. En el fondo a quién le parezca qué es irrelevante, y estar de acuerdo con el taxi o no tampoco, lo unico relevante para saber a quién apoyar es el modelo que consideres más deseable, si un transporte licenciado de precios regulados o esa competición en la que al final todos vemos rebajados nuestros salarios. Y cuanto más bajos, más pedimos competición: tiene que abaratarse todo para que podamos pagarlo.

¿Que los taxistas son de derechas y apestan y me ponen la radio y no sé qué? ¿Que los otros me tratan como un semidios y me dan agua? No puede ser ese el rasero.

Es una pelea en el barro de muertos de hambre por migajas.

Venezuela es un poco más de lo mismo. ¿Te gusta Maduro o no, lo que hace, lo que representa? Pues no importa demasiado, en el fondo, mientras sea democrático. Si pudiéramos iniciar acciones individualmente cada vez que gobierna un partido corrupto que, además, no comparte nuestra ideología, no pararíamos. Lo que importa es decidir si alguien puede autoproclamarse presidente de un gobierno y recibir apoyo internacional. No sé si realmente alguien se da cuenta de lo peligroso que es eso para la democracia. Si hay algún fraude que se aplique la legislación hasta donde se deba, pero si no… no legitimemos cosas de las que nos podamos arrepentir. Sobre las decisiones de cualquier gobierno electo hay un montón de opiniones a favor y en contra, pero son polvo, emociones sobre los argumentos —por ejemplo, en mi opinión que un partido sea capaz de vender viviendas sociales a fondos buitre le descalifica de la lona política, pero no me da derecho a proclamarme nada; que entren los tribunales—. Vientos que se aprovechan de que somos seres clánicos y estamos de algún modo configurados para apoyar a alguien de nuestro grupo antes que a alguien de otro, sean cuales sean las razones a favor o en contra —y es algo que le exigimos al grupo cuando solicitamos apoyo y, si no lo recibimos, lo consideramos deslealtad y debilitamos vínculos—.

La urgencia es una forma eficaz de manipulación cuando se combina con la polarización, pero nuestra obligación es darle una segunda vuelta y aclarar qué es lo que se nos está pidiendo apoyar en cada caso: ser, al menos, conscientes de hacia dónde nos dirigen con tanta prisa y emoción.

ser pobre

El problema es que somos POBRES y no podemos permitirnos la moral en nuestras decisiones economicas. Queremos todo BARATO porque ni aún así podemos llegar al día 20 de cada mes, y por ahí nos van colando los «intereses del consumidor» y lo que «la sociedad está demandando», y compramos en amazongo porque tiene la politica de devoluciones que necesitas cuando NO TIENES ni un duro de más, y en mencabrona aunque aniquile productores porque yo necesito comer lo mejor que pueda sin moverme un centímetro fuera de lo barato. REALMENTE necesito alimentarme para ganarme la vida. Compramos camisetas por cinco pavos fabricadas por gente que trabaja 413 horas al día, finiquitando más y más productores locales de paso, porque tenemos que cubrirnos las tetas con algo. Y todo el mundo cada vez paga menos al trabajador porque chico, tenemos que ser competitivos mientras se dan sueldazos, bonus y repartos de dividendos por lo bien que nos tienen atados a los remos. Y no pagan impuestos porque se facturan a sí mismos desde alguna parte en la que ya sean vestigiales, porque el HAMBRE es capaz de hacer que vendas la virginidad anal de tu hijo —los servicios a tus propios ciudadanos, por ejemplo— para llevar algo a la mesa, el HAMBRE es capaz de hacerte vender tu brazo para mantener vivo a ese mismo hijo media hora más; así que tráeme tu empresa, genera TRABAJO mal pagado y yo te doy tarifa plana de cotizaciones sociales. Nosotros no pagamos impuestos en condiciones porque no ganamos una mierda, y eso y lo anterior va erosionando lo público, horneando un pastel perfecto para que te expolien desde nuevos y emocionantes frentes, incrementando exponencialmente tu MIEDO a la vida al llenarte el suelo de AGUJEROS en los que es cada vez más fácil caer, vendiéndote formas de gestionar tu propia miseria para rebañarte lo que te queda en el plato al mismo tiempo que se exoneran a sí mismos al ofrecerte opciones. El que se ahoga en la mierda es porque quiere, todos los demás se esfuerzan y nadan en ella.

Somos conscientes de todo, no somos ciegos ni estúpidos, sólo POBRES. Lo ESTAMOS viendo, pero no podemos permitirnos incluir la moral en nuestras decisiones económicas. Lo único que podemos hacer es cruzar los dedos, cerrar los ojos y esperar que esta vez no nos toque a nosotros. Todo se irá más y más a la mierda hasta que no quede nadie más que ellos mismos con la capacidad de comprar las mierdas que producimos. Y entonces quizá roboticen lo que quede y nos permitan cavar una fosa antes de meternos dentro, echarle cemento encima y levantar un precioso memorial conmemorativo.

A nosotros, materia prima, producto y excusa, extenuados, impotentes y jodidos, dañados, estropeados, papilla, ya sólo nos importa que no sea hoy.

Siempre me acuerdo de esto.

serendipias

La batería de la pulsera ya está cargada. Cojo un par de botes de cristal de la nevera con el desayuno y la comida y los meto en una bolsa junto con una botella de coca-cola zero sin cafeína. Me detesto por beber coca-cola. El desagüe vuelve a tragar después de seis botes de un producto desatascador que huele a campo de concentración. Puedo volver a ducharme manteniendo los pies sobre el agua, como un jesucristo con sobrepeso antes de ir a hacer los milagros que necesita para llegar a los objetivos del mes. Me ha gustado, y mucho, esto. Llego tarde cada día. Dos bolsas de basura, en una asoman unos puerros, de la segunda el culo de uno de los botes de desatascador. No separo, pero me importa aparentarlo. No por ganar algún mérito, sino por no llamar la atención. La primera irá al contenedor de lo orgánico y la segunda a la de envases.

Y al entrar en el coche mirar el reloj, encender la radio, y preguntarme ahora por qué.

Viene una señora con un par de bolsas. No la conozco. Saludo, arranco y giro hacia la izquierda.