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cafés

Tenía las manos rotas y
las palabras pequeñas.

Siempre cayendo,
siempre y sólo cayendo.

Tomaba café sin promesas
en largas tardes vacías.

Todo un sueño,
cayendo siempre y sólo.

Veces y horas de no vernos
cuando evitar la mirada es fácil,
días y años de mirar a otra parte
sabiendo que el otro está al otro lado,

siempre hay más de un lugar donde estar,
es cuestión de saber jugar las cartas.

Manos pequeñas cogen cafés
sin promesas
mientras el dueño baja los cierres fuera.

De walking around my table.

vivir los vicios

she always rechina

Dejar de fumar no es un asunto peliagudo, es un asunto grande. Lo que es fumar, sigo fumando. ¿Cuánto? No lo sé. Un cigarro de vez en cuando. Sobre todo a veces, al final del día, al sentarme en el ordenador a diseñar algo o a solucionar algo de ubuntu, o a escribir un rato. Con un té (si es día de colegio y me place) o con una cerveza (si me place) y el cigarrito del día. Respiro mejor. Vaya que si lo hago. Y disfruto más del tabaco, por muy irónico que parezca.

El resto del día no lo paso mal generalmente. Engañarme es fácil, y me he convencido de que soy un no fumador. Nunca he sido muy bueno con las dependencias. Simplemente, no me gusta depender. No me gusta que el tabaco me diga cuándo debo fumar. Quiero ponerle yo el pie encima, y nunca me ha gustado que sea al revés. A veces quedo con alguien y fumo uno tras otro. No me preocupa demasiado. Al día siguiente no siento necesidad de fumar, porque, como digo, me engaño muy bien a mí mismo y me he convencido de que no soy fumador. Hace más de una semana compré un paquete de tabaco de liar, y está entero.

El resto es una liberación. No me preocupa quedarme sin tabaco. No me jode no poder fumar en el sitio en el que estoy. No tengo que encenderme un pito de cuando en cuando. Y si me agobio me como una manzana. Y tan ricamente. Y respiro mejor, debido a mis polienfermedades blandas respiratorias.

Y voy recuperando la garganta. Me voy encontrando otra vez a gusto con la guitarra. Ganas de componer. Hmmm. Y como no quiero engordar me he hecho vegetariano (a mi modo, si me apetece algo me lo como, igual que si me apetece un cigarro me lo fumo). Y además de fumar menos he adelgazado, cosas que suceden.

Otro gallo cantará, y lo hará alto, si algún día tengo que dejar la cerveza. La cerveza verdaderamente me gusta. En realidad nada funciona sin un cambio de mentalidad, sin tener la capacidad de jugar con uno mismo y engañarse a uno mismo. Basta de premios en forma de pizzas. Basta de días borracho sin capacidad alguna para escribir, o para leer. A disfrutar, coño, que para eso están los vicios, para crecer, no para anularse.

Al final parece ser que lo de derrota tras derrota hasta la victoria final tenía mucho más sentido del que siempre pensé.

la victoria está sobrevalorada

El día en que adormezcamos para siempre a la gente feliz, habremos ganado la libertad de ser desgraciados (L.F. Celine).

El día que, el día qué. Los efluvios incoherentes del devenir siempre me dicen que, aunque estoy donde quiero estar, quizá no esté donde sea más conveniente estar. Diario de un arruinado feliz en su trabajo (¿?). Ruínas, rutinas, lumbalgias mentales. Ser delegado sindical es como ser cualquier otra cosa: está bien si no te lo crees demasiado. No hay nada que sea nada, todo es una nada incoherente que se desplaza por el espacio-tiempo y te lleva en medio, como la corriente. Pero al menos llegas a casa y te dices: hoy no ha estado mal el día. Aprendí algo. Hice cosas. No fue mal. Sigo manteniendo acerada la pluma. Sigo aquí en medio, contra todo pronóstico. Sigo en alguna parte igual que cualquier otra parte, pero esta me gusta.

Eso es más que suficiente. La victoria está sobrevalorada, por una simple cuestión de estadística no podemos ganar siempre. De hecho, el estado natural de las cosas es la derrota en un amplio porcentaje. A un tipo como yo le basta un empate para seguir viviendo. Mantenerle el pulso a la realidad. Ganar es de idiotas, de los que se piensan que. Al fin de cuentas todos somos perdedores, y perder es la forma coherente dentro de la incoherencia de las cosas.

El león que derrota al oponente no ha ganado nada, más que tiempo. Tarde o temprano, amigo mío, llegará la derrota en forma de expulsión del harén y lesiones irreversibles que no te permitirán cazar o, en el mejor de los casos, de una nueva y breve vida en solitario en plenas condiciones físicas mermadas por la edad. Bueno, llego a casa y me preparo una ensalada. Hoy por hoy, sigo manteniendo el harén, sigo con el cuerpo entero. Es un buen empate, buenas tablas. Tarde o temprano, tarde o temprano llegarán las cosas a decirme dónde estoy y a preguntarme qué voy a hacer a partir de ahora. No solemos ganar nunca nada, más que tiempo. Decía otro buen hombre:

«Los tugurios se llenan,
los vertederos se llenan,
los manicomios se llenan,
los hospitales se llenan,
las tumbas se llenan,
nada más se llena.»

Un buen y honrado hombre. No es en sí deprimente, lo juro. Y no lo es porque llego, me preparo la ensalada, me la como, escucho la radio, veo la tele, toco la guitarra, escribo un rato algunos poemas, tomo algunas cervezas, me recupero de la gripe, me tumbo en el sofá y me lleno de cansancio, le envío un mensaje a mi media mitad y me responde, me rumio un fin de semana atroz de cervezas hipostasiadas en casa, me siento libre, me siento en esta nada como pez en el agua, me siento en esta vida como pez en el agua, y todo está en calma.

Todo está bien.

Un empate es más que suficiente. Es mucho más que realista.

Estimula.