Esto es la maldición del sentido común. Uno ve un cuadrado y dice “mira, un cuadrado”. Y resulta que las normas sociales, lo políticamente correcto, los sistemas educativos, las carreras profesionales, en definitiva la humanidad entera parece estar edificada sobre el pilar de que aquello es un círculo y te lo tienes que llevar rodando, calladito y sin rechistar, con iniciativa y motivación propia. Y como se te ocurra ni siquiera mencionar que aquello parece cuadrado, miles de años de moral se te echan encima con la fuerza del big bang. Eres un radical egoísta soberbio anarquista conflictivo que cree ver un cuadrado por motivos de inmadurez, cobardía, odio a la humanidad, envidia, resentimiento.
Autor: miguel
sueño
Sueño, sueño, sueño, sueño. El tiempo pasa muy deprisa, y deja sueño. Después, frente al televisor, no puedo dormir. Me tomo un par de cervezas, me entra hambre, la curo comiendo. La bici está en el salón, me hace compañía. Tengo muchas cosas que contar y pocas ganas de hacerlo. Muy pocas, por el sueño. Me termino la ensalada, apuro la cerveza. Hace calor ahí fuera. Tengo sueño. Como las cosas que sonríen sin volver luego, pasan los programas uno tras otro. Debería dormirme, pero no puedo. Tengo tanto sueño… me río, para ver qué pasa.
No pasa nada.
Enciendo el ordenador, en linux. Lo cierro y lo abro en güindos, juego al gta, lo cierro. Lo abro en linux y miro el correo. Listas. Me entra sueño, me voy corriendo a la cama. Cierro los ojos y espero. No pasa nada. Mañana madrugo. Sueño, más sueño.
El 26 de mayo esta bitácora cumplirá tres años. ¿Ya? Sí.
Es sencillo vivir, lo jodido es sonreír, por eso sonrío todo el tiempo, tirándome un órdago. ¿Todo va mal? No, ni de coña, pero aún así es difícil sonreír. Yo lo hago. Es un órdago. A veces es sencillo sonreír, pero no todo el tiempo. A veces, cuando N. viene y nos tiramos en el sofá o en el palomar, es tremendamente sencillo sonreír. Entonces no lo hago. Otro órdago. ¿Por qué, mi niño, no sonríes? Porque es muy fácil ahora, me estoy guardando las sonrisas para luego, para cuando cuesten más, soy una persona ahorrativa. Entonces me abraza y me calma, y yo me siento el centro del jodido universo. Y me da igual que el suelo truene. Es la diferencia entre el sexo y el amor. El sexo te hace feliz quince segundos de gloria. El amor te da carne para toda la vida, y por eso mantengo mi sonrisa, desafiante, porque aunque ahora mismo no la sienta, está ahí, esperando el próximo desliz en el que la rutina permita un sofá o un palomar. El centro del jodido universo no significa que todo el mundo te mire o te admire.
Significa que estás justo donde quieres estar. Eso es el quid de la quiddidad misma de la cuestión. Es la ostia.
ver el sol
Desperté pensando en sonreír.
Desquicié los hechos sin saber
que la luz que describe el color de tus besos es miel,
que la voz que nace de tu voz habla siempre tan bien.
No te vi, te juro que no te vi,
todo en ti es tan dulce que no sé
en qué momento perdí la razón para dártela a ti,
en que instante estaba perdido y gané sin querer…
Puedo oler el sol detrás de ti,
puedo oler tu sabor sin estar allí,
yo al final del dolor,
yo sin pies ni armazón,
yo sin querer huir, tan cerca de ti…
Desperté pensando en sonreír
y tú dibujas el tiempo con tu piel.
Y la luz que describe el color de tus besos es miel.
Y la duda que abren tus labios huele siempre tan bien…
Desperté, recuerdo, sin saber
dónde gané a la vida dónde acerté…
en qué momento perdí la razón para dártela a ti,
en que instante estaba perdido y gané sin querer…
Puedo oler el sol detrás de ti,
puedo oler tu sabor sin estar allí,
yo al final del dolor,
yo sin pies ni armazón,
yo sin querer huir, tan cerca de ti…
Canción 2 de “pares sueltos”.