Autor: miguel
tomando aliento
¿Dónde estabas, chico psicótico?
Durmiendo, ¿qué pasa?
Regando las flores, que también tienen que comer.
Currando, aprendiendo, perdiendo el tiempo.
De bar en bar, buscando aliento.
Alimentando el cuerpo con rutinas.
Centrando la cabeza con olvido. A veces es bueno reiniciarlo todo.
Andando hacia atrás, para ver alejarse el futuro. El tiempo va demasiado deprisa como para echarle una mano.
Calentándome una pizza en el microondas para deglutirla.
De mano en mano, tomando aliento.
Pero ya pasó, ya estoy de vuelta. ¿Algo nuevo?
Los ojos siempre ven, aunque no quieras. Aunque los cierres. Aunque te olvides de ellos. Aunque quieras que se callen de una vez y para siempre. Siguen viendo. Siguen viéndote, que es lo más preocupante, siguen en medio de todo, por mucho que te empeñes en acallarlos. Los ojos tienen ojos de seguridad que siguen grabando cuando se va la luz, cuando cortas la luz. Los ojos siguen registrando para chivarse luego, y contarte lo que han visto. Los ojos no duermen, no tienen por qué. Testigos bocazas.
trasteo

Me perdí en el corazón de la selva negra del destrozo. Estaba deformado, cansado, iconoclásta como nunca, herido, tostado, lúcido, inquieto, quieto. En el fondo nunca cesamos en hablar de lo mismo: como seguir igual sin que haya muchas bajas en el trasteo de seguir viviendo.
Y no es una cuestión vana, no es una cuestión banal. Nos centramos en seguir existiendo con nuestras pequeñas manías en un trasunto excentrado que nos mantiene ocupados. Después vienen las guerras. Las guerras nunca son buenas. Después vienen los ojos. Los ojos siempre ven, aunque no quieras.