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pavesas, rescoldos y ojos

Los fines de semana son cada vez más ese reducto en el que todo se crea y se genera.

Antes tenían más rabia, lo reconozco, más prisa, más presión.

Ahora se han adecentado, se han limpiado detrás de las orejas y han sacado todo el odio que yo tenía escondido ahí.

Antes en los fines de semana había que matar o morir. Normalmente se moría. Había que aprovechar corriendo cada minuto para que cada minuto tuviera al menos una minihistoria que contar. Ahora importa que el fin de semana entero genere una historia. Supongo que llegará un final en el que entonces nada, una especie de enfriamiento entrópico o algo semejante, pero de momento casi pero no.

De momento todo sucede igual de rápido, pero con más calma. Con más serenidad. Los fines de semana son el recinto sagrado donde estoy construyendo un yo que me mola, me cae bien. Me sienta estupendo a los michelines. Será que a la vejez visión, perspectiva.

En cierto modo, de forma estúpida, echo un poquito de menos esa fuerza, esa necesidad de cuando todo era matar o morir. Todo lo demás de aquella época no, pero eso sí. Eso sí que a veces resuena aún con fuerza detrás justo de mis ojos cerrados antes de dormir.

regreso al futuro

Cosas escritas fresquitas. Sin pensarlas mucho. Sin darles muchas vueltas. Ayer estuve con Raúl, que vino a casa a invitarme a su boda. Hace un par de años que prácticamente no nos vemos, desde que rompí con N, pero a los cinco minutos estábamos hablando como si nunca hubiéramos dejado de vernos.

Él sabe que la situación es complicada, ya que el grupo de N es el único que conozco en la boda. N y yo no nos hablamos. Al menos no en los últimos dos años. Antes hablabamos mucho. Hasta que se dormía. Eso me pasa con prácticamente todo el mundo. Hablo por los codos. El caso es que ocho personas juntas con dos generando tensión puede convertir la boda en una central eléctrica. Y no estoy por la labor.

Ya detesto lo suficiente las bodas, no necesito más factores.

Y luego me comentó lo complicado que es a cierta edad (jajá) establecer relaciones de amistad tan sólidas y fuertes como antes, que éramos más inocentones, teníamos más tiempo, no teníamos pareja, no currábamos.

Yo le dije que pese a que yo a él le conocí currando, con pareja, ya casi metido en la treintena y sin tiempo alguno, establecimos una relación sólida que nos permite que después de dos años sin hablar, y en sólo cinco minutos, estemos de nuevo en el asunto. Dándole duro. Unidos y charlando de tú a tú.

Mi opinión es que todo depende de cuánto te abras tú y de cuanto se abran los demás. Si coincide en el tiempo y en el espacio, la amistad (o el odio) será sólida como un torreón. Si te juntas con los demás para hacer intercambio de bicicletas, compartes tu vida con unos completos desconocidos.

Me recorrió un escalofrío cuando oí en «Muerte entre las flores»: Nadie conoce a nadie, o al menos no a fondo.

Pero lo intentamos. Y a veces sacamos cosas buenas del intento. Sí… yo también te echo de menos, Raul. A ti y a todos. O soy un mal gestor (que no lo dudo) o la vida a veces me complica mucho la vida.

Cuando la cosa empezó a ponerse plomizamente filosófica (el aire de la tormenta de fuera entraba por la ventana, y eso hacía que, pese a la cerveza fría con la que combatíamos el calor, los cerebros aumentaran de peso y los ojos tendieran a intentar hablar de todas esas cosas que son importantes pero no en este momento, esas cosas que ya han pasado y son pasado) le enseñé el Wow. Vueltita por profesiones, territorios y demás. Después se fue, yo subí a 80, le di un par de bocados a Miller, me puse un documental de Esparta, cerré los ojos y conté desilusiones hasta que me dormí.

Y esta semana tengo unas cuantas.

más fresquito el verano

Venga Monjas: Llamadme Claudia de los Venga Monjas en Vimeo.

Esa es la intención, ¿no?, hacer más refrescante el verano. Pues hoy voy a empezar a hablar sobre lo que nunca falta en mi reader. ¿Por qué? Ni idea. Me apetece. Y lo voy a meter en una categoría nueva que se llamará… me lo llevo puesto, por ejemplo.

Y hoy es el turno del blog de Miguel Noguera. Qué grande, el tipo. Enorme humor absurdo que a veces naufraga en un estrepitoso ridículo y otras te hace rozar la yema de los deditos de Dios… Imprescindible mirar un par de sus Ultrashows, los del Macba, por ejemplo, el primero o el segundo (1 y 2). Al tipo le conocí (de un modo completamente 2.0, por supuesto) viendo Llamadme Claudia, de los Venga Monjas, que es exactamente el vídeo que tenéis arriba, tan discreto él, tan tímido.