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rescate

Cuando desperté ya no estaba. Era temprano. Tenía que haberse dado mucha prisa. En la bañera, dispersas, gotas perezosas de agua cayendo al fondo, hacia el desagüe. Prisa y calma a la vez. Ya se había ido, pero se había duchado antes. Eso denota… un cierto criterio, un mapa de la situación que ella está leyendo perfectamente y… yo, por supuesto, no.

Volví a la cama para ver si me quedaba algo que pensar con este cerebro tan embotado por la cerveza a lo largo, ancho y profundo de los años. Encendí el ventilador. Puse algún capítulo de una serie en el ordenador. Me estrujé. Nada. No había nada.

No sé qué pensar sobre esto.

Sobre la silla del ordenador vi algo rojo, que al acercarme resultó ser su cinta para el pelo. Bien hecho, silla, gracias por retenerlo.

Ahora tenemos un prisionero.

Podremos negociar un rescate.

los párpados están en la cara

Me pregunto por qué existen rachas complejas en las que parece que todo va mal, y lo parece de tal modo que no suele dejar resquicios por donde entre la luz.

Época estúpida de entre los días en la que duermes estupendamente (de agotamiento, claro) pero vives peor, corres como una gallina sin cabeza de un lado a otro.

Ayer Cisneros llamando a mi puerta y yo sobao como un tarao. Ya van dos veces que quedamos y me sobo y no le encuentro y no nos encontramos y no nos vemos. Nos vamos haciendo mayores y no es el mismo aguante o…

Es que somos más sabios, menos inocentes, y las cosas nos joden más porque somos capaces de percibirlas más claramente. Cada vez nos podemos engañar menos y peor, y como el tipo de la Naranja Mecánica vamos estando condenados a ver la realidad sin párpados.

O con los párpados pegados a la frente, lo mismo da.

Según va pasando el tiempo la realidad tiene menos lugares donde esconderse de nosotros.

Pero nosotros también vamos perdiendo lugares donde escondernos de ella.

Sin embargo, me comentaba una gafapasta monina que conocí en un garito hablando sobre este mismo tema, eso le corresponde sólo a quien le corresponde. Los demás se han dedicado a engrosar la piel de los párpados hasta hacerla igual que la piel de elefante. Esos, en vez de perder lugares donde esconderse, han conseguido hacerlo del todo y ver sólo la realidad que les da la gana.

Qué estúpido y bovino, pero qué sencillo.

ese gesto

En parte por curro y en otra por eludir un conflicto no voy a ir a la boda de dos soles de personas este sábado. Curiosa mi reacción con las bodas. Las detesto. A muerte. No me lo paso bien. Los trajes nunca son cómodos. La comida siempre es la misma. La bebida siempre entra demasiado rápido. Y como ritual es bastante estúpido, rígido y petardo. Casposo.

Pero ver a dos personas prometiendo supuestamente lo que prometen me hace sacar la mejor Candy-Candy de mí mismo. Verles comprometiéndose hasta ese punto me hace sonarme el moquete. Verles sonriendo felices me hace ir al baño a mojarme la cara con agua fría.

Me hubiera gustado ir a esa boda. Ver eso de nuevo con dos personas tan estupendas. Dos de ese tipo de gente que se lo merece, que se merece ser feliz. El otro tipo de gente merece que siempre haya una ventana abierta con un corredor de fondo dispuesto a empujarle, desde un primero, por supuesto. Sin daños pero con escozores.

En fin, que eso es lo que hay. Las bodas son detestables, pero el acto de casarse me sigue pareciendo algo increíble y sumamente improbable. Aunque se dé. Algo hermoso. Algo que sube por encima de los «que se besen los novios» de los payasos para mirarlo todo desde arriba con un aura rara.

No podrá ser, y me tomaré las cervezas aquí. Por supuesto a su salud, a la de su felicidad y a la de la belleza del gesto que hacen, lo comprendan así o no.