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raspberry pi will rule your world

raspberry pi

¿Qué es?

Un ordenador por 35 pavos, procesador ARM11 y salida HDMI de un tamaño un pelín más grande que una tarjeta de crédito. No lleva ningún sistema de ventilación, por lo que no hace ningún ruído, y su consumo energético es prácticamente nulo.

rasp

¿Qué necesitas?

La raspberry, una SD 10 de por lo menos 4GB (sirve con 2GB, pero con 4 estarás más cómod@), un hub usb autoalimentado (si quieres enchufar más cosas, la placa trae 2 usb pero con el micro usb poco vas a alimentar), teclado y ratón, un monitor digital (no VGA, amigos, no VGA sin tener que necesitar algún conversor de señal) y un cargador microusb (el típico del 90% de los teléfonos android, por ejemplo).

Normalmente ya tienes la mayor parte de las cosas en casa, y el resto yo lo compré en pc componentes. También puedes comprarlo en Farnell, aunque el envío tardará más. En ambos casos te cobrán 10 euritos más por él (pc componentes tb, y eso que viene de mucho más cerca).

Un centro multimedia para el salón

Puedes tener un media center para el salón tremendo con xmbc, para instalarlo a mí me gusta raspbmc. El propio instalador te la da opción de cargar la partición en un pendrive e incrementar el rendimiento. Os dejo un vídeo de la pinta que tiene y de cómo fluye. No tiene mucho misterio, la wiki es muy clara, no obstante si me hacéis alguna pregunta intentaré responderla. Tremendo y sorprendente, pero perderás la consola, así que a no ser que no le quieras dar ningún otro uso a tu raspberry no la recomiendo.

En cualquier caso desde tvalacarta han hecho este manual (la receta, la lista de la compra y la instalación) que te hará la vida muy sencilla si quieres un media center potente, barato y fácil de montar y configurar.

Puedes hacer mucho el freak

Puedes divertirte haciendo el tonto (ahí sí que estoy a gusto) e instalar, ¿por qué no? pibang, adaptación de la distro crunchbang para raspberry. Se puede aprender mucho de linux con cualquiera de las dos. Claro que para eso casi cualquier distro es perfecta, pero el diseño de crunchbang mola (por cierto, hasta que empecé a estudiar python no sabía qué significaba el logo de crunch, #!)

O seguir haciéndolo, pero un poco menos

Puedes usar raspbian, sitio en el que estoy yo ahora (aunque quizá no a partir de esta tarde, vete tú a saber), con la sana intención de aprender todo lo posible y guarrear al máximo, el menú de configuración es muy sencillo y se puede invocar en cualquier momento desde terminal con sudo raspi-config

raspi-config_main

La distro está basada en Debian y te da acceso a multitud de programas mediante apt-get, en mi caso y rápidamente me lancé a arduino y focuswriter simplemente escribiendo en terminal sudo apt-get install nombre_del_programa.

Viendo pelis y series en la tele tecleando cosas en una pantalla de fondo negro

Si has optado por conectar tu raspberry pi a la tele pero no quieres aceptar los sacrificios que xbmc requiere y has terminado instalando cualquier otra distribución, podrás disfrutar de un potente reproductor de video, hecho expresamente para la raspberry pi: omxplayer. En el caso de raspbian viene ya preinstalado en la imagen, y sobre el uso en diverteka lo explican de forma sencilla y completa. No es un reproductor con entorno gráfico, tendrás que acostumbrarte a manejarlo desde el terminal.

Lo más gordo que le he visto hacer hasta ahora (archivos más gordos ya están en marcha) es mover un matroska de 16GB 1080p como si fuera un avi de 650MB.

Jugar, jugar, jugar y aprender

Para instalar una distribución desde windows necesitas win32 disk imager; desde MacOs el terminal y el comando dd si eres un tipo aguerrido (cuidado con Snow Leopard, «the problem with the command as given is that “if” and “of” are backwards») y piwriter si lo eres menos; sobre cómo hacerlo desde linux y para ampliar información en general sobre el flasheo de la SD mira en esta wiki.

Escoge entre las distribuciones oficiales y las no tanto, flashea tu SD y a probar. Lo mejor es tener dos o tres tarjetas SD con diferentes distribuciones para diferentes usos.

Lo mejor y lo peor

Lo mejor es el precio, por dos motivos. Si la usas como centro multimedia no vas a encontrar nada a ese precio tan potente ni con mejor software disponible, y si la usas para aprender… ¡no vas a encontrar otra cosa en la que te preocupe menos tocar donde no debes con resultados catastróficos!

Y sobre lo malo la verdad es que no sé qué decir, no encuentro nada.

Más información básica en castellano en:
Raspberry pi web info
Raspberry pi para torpes

universidad

La universidad me defraudó pronto. Quizá defraudar es un término demasiado grande, simplemente me dejó de interesar. Y como exactamente lo demás que me deja de interesar abandoné en seguida todo esfuerzo. En líneas generales, no hace falta más, pensé que me iba a encontrar en otro nivel y me encontré con el mismo instituto, que había sido el mismo colegio de antes: recopilar apuntes para regurgitarlos después en el examen. Hubo honrosas excepciones, como teoría de las categorías de Eduardo Bayón, algunas clases de lógica de Anastasio Alemán y multiculturalismo de Tomás Pollán. Quizá hubo más, pero si no las recuerdo ahora dan igual.

Bayón no se limitaba al examen, por ejemplo. Después del procedimiento estándar de escribir algunos folios, en respuesta a unas preguntas y en un tiempo determinado de antemano, tenías que ir a su despacho a defenderlo. Esas fueron horas bien pasadas. Alemán no tenía ningún don de gentes (al menos con los alumnos) y eso intrincaba aún más la lógica, y la hacía más divertida, siempre tenías la sensación de estar estudiando por tu cuenta. Se me daba bien, quizá fue sólo eso. Y Pollán era un individuo curioso. Le recuerdo fumando el primer día en clase y preguntándonos que si nos importaba, y que le disculpáramos porque se ponía muy nervioso al dar clase, hablándonos de lo complicado que era hacerlo.

El día anterior al examen había pasado la noche con una amiga y no había repasado nada. Pollán había dividido la asignatura en dos partes, por un lado teoría del multiculturalismo y por el otro el Edipo Rey. Entonces eran otros días en los que estaba inspirado constantemente y cualquier cosa me emocionaba, y acababa de terminar de leer «El monje negro» de Chejov. Y me dio por ahí porque todo me daba bastante igual, me dio por responder las preguntas de los dos bloques hablando sólo del relato que acababa de leer y me había fascinado, olvidando el temario aunque sin dejar de lado el contenido de las clases.

Y saqué muy buena nota.

Y me sentí grande, por supuesto, sentí que había estado por encima de todo aquello. Y de ello he estado convencido durante años.

Pero hoy… he recordado un trozo de una de las charlas con Bayón en su despacho. Era un hombre muy mayor, así que seguramente hoy esté muerto. Al hombre, como a todos, le agradaba una conversación si era buena, y después de defender mi examen seguimos charlando un rato de la universidad en general. Y en concreto de los profesores cacatúas (creo recordar que ese era precisamente el término que usó), que no comprendían de que estaban hablando y se limitaban a recitar lecciones, que alumnos cacatúas recogían y regurgitaban en el examen para convertirse en profesores cacatúas a su vez. Y del miedo que le daba ese camino que ese tipo de universidad estaba seleccionando al masificar contenidos, produciendo un esquematismo superficial y favoreciendo al que memorizaba mucho más que al que tenía alguna intención de entender algo, perdido literalmente en la falta de tiempo para comprender todo lo que allí se estaba dando. Me dijo que alumnos como yo (lo dijo, no me tiro flores si es que esto es tirarse flores) teníamos la responsabilidad de estar por encima de la situación para evitar el ascenso de las generaciones de cacatúas que se estaban posicionando.

Y saque una nota en multiculturalismo seguramente mucho mayor que el despropósito de examen que hice. No recuerdo mucho de mi examen, o nada, pero me conozco, conozco mis métodos y mi forma de actuar. La nota no correspondía. Y durante un segundo me puedo imaginar a Pollán guiñándome un ojo con esa nota y diciéndome «sigue». O quizá simplemente riéndose por mis conclusiones en un marasmo de ejercicios clon. No lo sé y ya no puedo saberlo, desde luego.

Saqué matrícula de honor con Bayón en teoría de las categorías, y ahora que soy menos orgulloso y estoy menos pagado de mí mismo creo que fue por ese motivo. Creo que fue un golpecito en la espalda diciendo «sigue adelante» que yo no estaba preparado para entender. Y no lo hice, por supuesto.

No, no lo hice entonces. Salí de su despacho y me fuí de combate con Quique para celebrar la matrícula, archivándolo todo al instante.