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xmpp

Siguiendo la traducción de uno de los trabajos del evento XMPP Sprint en Dusseldorf he montado un servidor XMPP en perdiendo.org.

XMPP (Extensible Messaging and Presence Protocol) es un servidor de mensajería instantánea. En el correo electrónico puedes enviar sin problema un mensaje de gmail a protonmail o hotmail o a tu propio servidor de correo, pero en la mensajería instantánea no. Si usas telegram no puedes enviar un mensaje a whatsapp o twitter, siendo todas ellas en origen lo mismo. El caso es que centralizan en un servidor la comunicación y bloquean los demás como un modo de potenciar el efecto llamada, y los usuarios somos los que perdemos. Con XMPP puedes comunicarte con todo el mundo (excepto con los anteriores, que lo bloquean) con tan solo una cuenta, y no tienes que darle tu número de teléfono a nadie para utilizarlo.

Lo usé mucho en la temporada que pertenecí a TEST, pero la verdad es que no me he encontrado con gente que lo utilice fuera de ahí.

Dejo una lista de servidores que ofrecen cuentas gratuitas y otra de programas (clientes) con los que utilizarlas. Yo uso Conversations en android y Pidgin en todo lo demás.

Si os animáis también podéis montar vuestro propio servidor. Yo tengo montado uno en perdiendo.org, que está un lightsail de amazon, y otro en r4sp1.nl, que está en una raspi vieja colgando de un enchufe del pasillo. Pero lo tengo la apertura de cuentas abierta en ninguna de ellas. No confío lo suficiente en mis conocimientos todavía. Quedan cosas que quiero aprender.

Quizá las diferencias más grandes estuvieron en cómo configurar los subdominios necesarios (el dominio de la raspi lo gestiona dynu y el de perdiendo route 53 de amazon), algunos problemas a la hora de importar los certificados de Let’s encrypt para que prosody pueda utilizar https, abrir los puertos necesarios y… la verdad es que poco más. El manual está bien explicado y es sencillo, aunque he tenido que configurar crontab a mi manera, según lo explicaban me daba error. Pero eso es algo menor. Si termino haciendo un manual sobre todo ello terminará en r4sp1.

Lo divertido que me parece hacer todo esto y lo aburrido que me da la impresión que es hablar sobre ello.

primavera

La primavera de la liberación. Eso es lo que repetían todos, como ecos sin voluntad propia.

San tenía algo de cecina que echar al bote sobre el trébede en el fuego, y no se lo pensó dos veces. La cecina no era algo que se pudiera cenar cada día. Aquello había sido todo menos eso, un cuento que contarse para calentarse. O quizá sí lo había sido cuando empezó, pero no duró demasiado.

Los animales mugían fuera, rodeados y ateridos por el viento. Se alegró de estar dentro. ¿Cuánto duraría, unos días más? Fuera lo que fuera, se prometió disfrutarlo todo lo que pudiera. Esperó a que el guiso terminara de cocerse echando pequeñas ramitas al fuego que desaparecían retorciéndose y crepitando. Le gustaba verlas arder y convertirse en cenizas. Le reconfortaba ser capaz de provocarlo.

Añadió el envoltorio de plástico de la carne, que se derritió y se derramó entre los carbones apagando algunas brasas. Era el último y encontraba reconfortante mirar cómo se fundía mientras lo hacía.

Una vez que, era distinto.

Abrió el comunicador sólo para comprobar que seguía repleto de estática. ¿Qué demonios estaba pasando con los satélites? Pensó que seguramente nada. El clima estorbando las ondas, distorsionando y deformando la información hasta diluirla en ruido. Las piernas le ardían, la espalda se helaba. Esperaba que los demás estuvieran bien. Carraspeó para sí mismo y justo después esperó que aún estuvieran, fuera del modo que fuera. Lo dejó abierto.

Padma había vuelto de aquel viaje. Había dejado el equipo en Alfa Centauri y se dio la vuelta. Hizo lo que debía. Y cuando llegó dijo lo que tenía que decir. Y ahí se había terminado todo. Los que se enteraron empezaron a discutir sobre qué era lo que iban a hacer a continuación, a Padma le recluyeron en aquello que convirtió lentamente en un laberinto de ladrillos y el resto de la humanidad siguió haciendo lo de siempre, ignorante. A su ritmo.

Cavaron bien la tierra, desde luego. Hicieron un montón de refugios sin saber para quién los estaban haciendo. No era una pregunta que pudieran permitirse formular. Los comunicaron entre sí con galerías, cables, tuberías. En los arrabales encontraron mano de obra hambrienta más que de sobra. Para eso los mantenían.

Los ideales desembocan en el mar de la necesidad y se convierten en agua salada.

Después empezó la primavera, y durante un pestañeo pareció que había cambiado algo.

Todo el mundo comentaba a todos los demás que Padma había abierto el grifo. Que había repetido lo que ya había dicho, poniendo en marcha todo lo que sucedió después. Los meses en los que se unieron bajo un grito en común.

Tenía que haberse traído más cervezas, o haberse asegurado de que duraran un poco más. Se dio la vuelta para entrar en calor, y mirando la negrura de las paredes pensó que no hay nada que hacer cuando todo está ya hecho. La primavera de la liberación le pilló en un punto muerto, así que tuvo el tiempo para implicarse a fondo.

Escuchó el crujido seguido de voces distorsionadas. «¿San?, joder, dime que estás aún por ahí. Las cosas no van bien, necesitamos ayuda. Tenemos más heridos de los que podemos transportar. Hemos dejado a los que estaban en peor estado en un refugio improvisado, pero no teníamos viv…»

La estática volvió.

Un mes, quizá dos si se organizaba bien y se había equivocado. Quizá tres, si no le importaba pasar hambre de verdad. Quizá para entonces, si para entonces todavía estaba, se atrevería a mirar el establo con otros ojos. La despensa era lo que era. En vez de botes de conservas, de envoltorios de plástico, el veía días. Sumaba días.

Después vino todo lo demás. El Encuentro, al hacerse público, se magnificó. Nadie sabía qué quería decir eso. La primavera de la liberación, la guerra del pueblo. La causa justa de los pobres. El camino de una nueva humanidad o algo así.

Pero duró poco.

Todo dura lo que dura todo. Un mes, de repente, era una eternidad en su cabeza. ¿Por qué no?, ¿quién soy yo?, ¿por qué debería…?

«Eh, San, ¿sigues por ahí? Por favor, contesta, dime por favor que estás escuchando esto. Ayer mismo recordaba aquella vez que íbam…»

La estática se lo traga todo.

El problema es que no sabía exactamente qué hacer con los bichos. Quizá podía simplemente meterlos bajo la nieve e ir después cortando trozos de algún modo. Los cuchillos que había encontrado no tenían muchas posibilidades de enfrentarse con ello. Sus manos mucho menos. Su cerebro de ningún modo. Y se daba cuenta de que habría cosas con las que no sabría muy bien cómo tratar. Intestinos, órganos, cosas realmente feas. Quizá alguien sabría como hacerlo. Pero eso significaba pensar en, no pensar en, darse cuenta de no darse cuenta.

Se dio la vuelta. La espalda ya estaba caliente y las piernas heladas. El guiso estaba terminado. Se echó una porción en un cuenco y saboreó la primera cucharada relamiéndose.

«Espero que estés ahí, vamos de camino. Si puedes oírme mantén el fuego encendido, no importa cómo estés, nosotros sabremos qué hacer y te encontraremos. Aguanta. Estamos a unos dos d..»

Y la estática se lo tragó todo de nuevo. Cerró el comunicador. Lo conmutó a la señal de contaminación grave. Volvió a llenar el cuenco. Tragó saliva. Metió la cuchara. Escupió sangre. Una más no dolería tanto.

sin arcilla

Me sigo peleando con la novela que ya no sé qué novela es. Tengo una historia enorme, dividida en seis. No avanzo, no me gusta el resultado. Escribo y borro, Penélope del disgusto propio. Pero empiezo a encontrarme bien ahí en medio. En el empeño. En sacar cosas de la nada. Tanto tiempo escribiendo, tantas palabras. Sólo en el nanowrimo, desde el 2009, 427948. Cuatrocientas veintisiete mil novecientas cuarenta y ocho. Tantas para nada. Menuda depuración.

Ser malo en algo no hace, por sí solo, que deje de gustarte hacerlo.

Y creo empezar a ver la orfebrería.

Odio escribir, pero amo haber escrito, Dorothy Parker.

Voy a empezar a leer lo que encuentre de ella esta misma tarde.