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ceda el paso.

Recién hechita, pero no voy a poner los acordes porque no tengo ni idea de cuáles son. Sé que he metido un fa#m, re7º, do#7ºm, fa#m. Después de eso ya buscaré qué acordes son los que hago.


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Ceda el paso.

Me destrozas con el fuego entrecruzado de tu mirada,
y yo sólo quiero llegar a olvidarte,
a entender que ya no fácil conquistarte.

Y comprendo que ya no tiene sentido tanta sangre,
que prefieres aniquilarte que abrazarme,
que prefieres el puro dolor a volver amarme, lo sé…

Y yo corro por las calles
buscando un punto final
una señal de ceda el paso
o un café donde volver a empezar.

Y yo corro por las calles
concentrándome en respirar,
acumulando recuerdos y dudas
en el bolsillo de lo que hay que tirar.

Te deslizas entre el fuego de mis sábanas como pez en el agua,
entre el sonar de mis cajones como una gata,
en la tela que tú tejiste como una araña…

Retozamos en las ruinas de nuestra Grecia de coto privado,
en el ritmo esferoidal de no ir a ningún lado,
en el llanto silente y roto que ha cuajado, al despertar…

Y yo corro por las calles
buscando un punto final
una señal de ceda el paso
o un café donde volver a empezar .

Y yo corro por las calles
concentrándome en respirar,
acumulando recuerdos y dudas
en el bolsillo de lo que hay que tirar.

eduardo Mendoza. la aventura del tocador de señoras

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Eduardo Mendoza.
La aventura del tocador de señoras.

Seix Barral, 2001.
Eduardo Mendoza, 2001.
Fotografía original de Leopoldo Pomés.

No recuerdo haber disfrutado tanto con una novela negra desde «Que se mueran los feos» (lo cual deja muy claras mis inclinaciones dentro del mundo del misterio detectivesco). Mendoza tiene un humor inteligente y constante, continuo, desesperante.

Es una novela escrita de forma farragosa, que cansa y agota, pero, al mismo tiempo, divierte e intriga. Si uno es capaz de tolerar la intrincada construcción y amoldarse a ella cómodamente la novela es un regalo para la gente bien jodida.
Y para los que no lo están también, supongo.

No es conveniente perderse El misterio de la cripta embrujada y El laberinto de las aceitunas, las dos novelas anteriores de la saga.