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hojas de la costilla de adán

Vías, caminos que transcurren paralelos en la linealidad del tiempo. Un cigarrito, un café, y me pongo a leer el correo. En tanto tiempo hay cosas que quiero ver y cosas que están aunque no quiero. La vida es una caja de sorpresas, en eso estoy de acuerdo, pero no todas son buenas. Tampoco todas son malas. Son lo que son, supongo.

El caso es que el pasado es un bicho que anda de lado, jodido y molesto porque no le hacemos caso, jodido y molesto porque ya no llega, nervioso y preocupado porque no es ya el gallo del corral y le jode, le está jodiendo dejar de serlo. Le preocupa perder protagonismo, supongo.

Pero yo estoy aprendiendo que las cosas muertas, adosadas a los costados como cartucheras de un revolver oxidado que ya no dispara, es mejor tirarlas, deshacerse de ellas, es necesario dejar de portar pesos muertos.

Como las hojas de la Costilla de Adán del salón. Las hojas muertas se desprenden con un ligero tirón, pero si no le das el tirón pueden quedarse allí, colgando, toda la vida. Siempre debimos llamar ayer al ayer, y no recuerdo. Qué frase más sensata, dios mío.

ergo

¿El anticuario? El mismo, pero desde otra parte. Corriendo por los pinos y derrumbando laderas y bañándose en el mar. Luego volví, a lo mismo, pero nunca volvió a ser lo mismo. De momento, al menos. Uno siempre sube y baja, baja y sube y siempre en la misma montaña rusa, pero con diferencias.

Bueno es saber que en todo camino hay un camino.

Respuestas inesperadas: ¿se puede huir de uno mismo? Evidentemente, pero… ¿quién quiere huir de uno mismo? Uno quiere huir de aquel que no es y que se ve forzado a ser todo el tiempo. El otro, el que se manifiesta cuando se detiene el tiempo y no se es, no puede ni quiere escapar de sí mismo.

Respuestas inesperadas.

vacaciones

La locura en un carcaj, flechas de veneno que tumbo en un arco que son mis brazos mientras agujeros y retazos y estaciones de metro. Estoy feliz, razonablemente, pero nunca he sido un tipo especialmente entusiasta. Estoy feliz y vivo, está bien, lo sé, está como es debido, está todo en su sitio o en alguno parecido, semejante, similar, como si no hubiera problema o los problemas no fueran nada en absoluto o como si el día y la noche se sucedieran de forma natural y con sentido.

Tengo pies. Camino. Me hiero uno con una valla de obra del ayuntamiento, porque soy un despiste. O dos. Estuve tumbado en un árbol. Ahora no me tumbo en ninguno. Ahora me limito a imaginarlo porque no tengo ganas. Fuerzas sí. No tengo problema en ese sentido. Ganas no. En ese sentido sí.

Me voy, me piro. Lo llaman vacaciones, yo lo llamo autoexilio. No sé si puede uno exiliarse de sí mismo, deshauciarse de su propia vida, pero voy a cambiarme la cara por otra. Voy a redibujarme, que me desdibujo viviendo. No quiero restaurarme. No tiene sentido. Voy a cambiar mi cara por otra y las horas, que todas hieren y la última mata, por otras horas. Otro modelo. Formulario desconocido.

Me cuesta hacer la maleta, como si me estuviera despidiendo de algo. Haré una mochila, es menos serio. No perder de vista la estética, en ninguna de sus formas. Voy a despedirme de la familia, les llamaré a menudo. No me voy para mucho tiempo.

Y una vez allí donde voy abriré las puertas. A ver qué veo. A ver qué asoma. A ver qué encuentro.