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presos de patas en él

Todos deben poder vivir de su trabajo, dice el principio planteado. Poder vivir está, por tanto, condicionado por el trabajo, y no existirá tal derecho, si no se cumple esta condición.
—Johann Gottlieb Fichte, Fundamentos del derecho natural según los principios de la doctrina de la ciencia, 1797

«El bribón había destruido el trabajo, aun habiendo tomado el sueldo de un trabajador; ahora tendrá que trabajar sin sueldo, imaginando para sí mismo en la mazmorra la bendición del éxito y la ganancia […] Tendrá que ser educado para el trabajo honrado como acto personal libre mediante el trabajo forzado.»

Wilhelm Heinrich Riehl, El trabajo alemán, 1861

«Cualquier trabajo es mejor que ninguno.»

Bill Clinton, 1998

«Ningún trabajo es tan duro como ninguno.»

Lema de una exposición de carteles de la Oficina Federal de Coordinación de las Iniciativas de Parados de Alemania, 1998

«El trabajo voluntario debería ser recompensado, no retribuido […] Pero quien realiza un trabajo voluntario se libra además de la mácula del paro y del receptor de ayuda social.»

Ulrich Beck, El alma de la democracia, 1997

«El trabajo, por muy mammónico y vil que sea, está siempre en relación con la naturaleza. Ya el deseo de desempeñar un trabajo conduce cada vez más a la verdad y a las leyes y prescripciones de la naturaleza, las cuales son verdad.»

Thomas Carlyle, Trabajar y no desesperarse, 1843

«De ahí que el obrero se sienta en su casa fuera del trabajo y en el trabajo fuera de sí. Está en casa cuando no trabaja, y cuando trabaja no está en casa. Su trabajo, por lo tanto, no es voluntario, sino obligado, trabajo forzado. No es, por lo tanto, la satisfacción de una necesidad, sino sólo un medio para satisfacer necesidades fuera de éste. Su carácter ajeno lo pone de relieve el hecho de que, tan pronto deja de existir alguna coacción física o de cualquier otro tipo, se huye del trabajo como de la peste.»

Karl Marx, Manuscritos económico-filosóficos, 1844

«El trabajo reúne cada vez más buena conciencia de su parte: la inclinación por la alegría ya se llama “necesidad de descansar” y empieza a avergonzarse de sí misma. “Cada uno es responsable de su propia salud”, se dice cuando se nos sorprende en una excursión campestre. Pronto se podría llegar al punto en el que uno no pueda ceder a la inclinación por una vida contemplativa (es decir, irse de paseo con pensamientos y amigos) sin despreciarse a sí mismo y sin remordimientos de conciencia.»

Friedrich Nietzsche, El ocio y la ociosidad, 1882

«La humanidad se ha tenido que hacer cosas espantosas antes de conseguir crear el sí mismo, el carácter idéntico, instrumental, masculino del ser humano, y algo de eso se repite todavía en cada infancia.»

Max Horkheimer y Theodor W. Adorno, Dialéctica de la Ilustración

«El bárbaro es perezoso y se diferencia del hombre culto en que se recrea en su propia abulia, puesto que la educación práctica consiste justamente en el hábito y en la necesidad de ocupación.»

Georg W. F. Hegel, Fundamentos de filosofía del derecho, 1821

«En el fondo, ahora se siente […] que semejante trabajo es la mejor policía, que mantiene a todo el mundo a raya y que sabe cómo evitar con firmeza el desarrollo de la razón, la concupiscencia y el deseo de independencia. Puesto que emplea una cantidad enorme de energía nerviosa, la cual sustrae a las actividades de meditar, ensimismarse, soñar, preocuparse, amar, odiar.»

Friedrich Nietzsche, Los aduladores del trabajo, 1881

«El trabajo tiene que empuñar el cetro, siervo debe ser sólo el que va ocioso, el trabajo debe regir el mundo, porque solo él es el fundamento del mundo.»

Friedrich Stampfer, En honor al trabajo, 1903

«El principio moral fundamental es el derecho de los hombres al trabajo […] Según mi parecer, no hay nada más abominable que una vida ociosa. Ninguno de nosotros tiene derecho a algo semejante. En la civilización no hay sitio para gente ociosa.»

Henry Ford

«El capital es él mismo la contradicción en proceso [en tanto] que tiende a reducir el tiempo de trabajo a un mínimo, mientras que, por otro lado, pone el tiempo de trabajo como única medida y fuente de riqueza […] Por una parte, en consecuencia, llama a la vida a todos los poderes de la ciencia y la naturaleza, así como de la combinación social y la circulación social, a fin de hacer la creación de riqueza (relativamente) independiente del tiempo de trabajo que haya exigido. Por otra parte, quiere medir esas enormes fuerzas sociales, así creadas, según el tiempo de trabajo y encauzarlas en los límites que se requieren para mantener como valor el valor ya conseguido.»

Karl Marx, Contribución a la crítica de la economía política, 1857-58

«Una vez que el trabajo en su forma inmediata ha dejado de ser la gran fuente de riqueza, el tiempo de trabajo deja de ser y tiene que dejar de ser su medida y, en consecuencia, el valor de cambio [la medida] del valor de uso. […] De esta manera, se desmorona la producción fundamentada en el valor de cambio y el proceso material inmediato de producción se desprende por sí mismo de la forma de la insuficiencia y la contrariedad.»

Karl Marx, Contribución a la crítica de la economía política, 1857-58

«Los servicios sencillos, relativos a personas, pueden aumentar tanto el bienestar material como el inmaterial. Así puede crecer la sensación de bienestar de los clientes, si los prestadores de servicios se ocupan del trabajo propio más pesado. Y a la vez, aumenta la sensación de bienestar de los prestadores de servicios, al aumentar la autoestima gracias a esta actividad. Llevar a cabo un servicio sencillo, relativo a personas, es mejor para la psique que estar en paro.»

Informe de la Comisión sobre Cuestiones de Futuro de los Estados Libres de Baviera y Sajonia, 1997

«Sujétate con fuerza al conocimiento que se acredita al trabajar, porque la naturaleza misma lo confirma y le da su sí. Ciertamente, no tienes más conocimiento que el adquirido trabajando; todo lo demás no es más que una hipótesis del saber.»

Thomas Carlyle, Trabajar y no desesperarse, 1843

«Ha quedado demostrado que, como consecuencia de leyes inevitables de la naturaleza humana, algunos seres humanos se verán expuestos a la miseria. Éstas son las personas infelices que, en la gran lotería de la vida, han sacado un número no premiado.»

Thomas Robert Malthus

«El “trabajo” es, por su esencia, una actividad no libre, inhumana e insocial, condicionada por la propiedad privada y creadora de propiedad privada. La abolición de la propiedad privada no se hará realidad hasta que no sea concebida como abolición del “trabajo”.»

Karl Marx, Sobre el libro de Friedrich List «El sistema nacional de economía política», 1845

Hay más, y el texto es soberbio. Acudan, acudan cual gacelitas.

Y, por supuesto y descontado, el derecho a la pereza de Lafargue.

bukowski recula hacia delante

Quién cojones no hubiera querido ser Charles Bukowski gritándole a los mierdas

eh, sois unos putos mierdas

como si fuera el puto amo de un mundo idiota en el que si tienes una bici de 2000 pavos o una piscina o un estúpido coche te sientes dios

quién no hubiera querido, eh,

como el disidente,

como diciendo, eh,

yo tengo realmente el sabor del mundo, leer mis putos libros y tendréis un poquito también,

yendo borracho a los recitales, eh, estoy borracho y me vais a escuchar, porque lo que tengo que decir

es jodidamente importante, eh,

que nadie se ría, eh, dejadme a vuestras hijas que las voy a llenar, eh,

yo sé qué es lo que significa eh, yo lo sé.

Pero resulta que he visto su cara en algunos documentales y creo que la cosa no iba por ahí, eh,

creo que no tenía nada que ver con eso, y creo más bien que era un hijodeputa listo, bien listo, al que gente

que se creía aún más lista le pilló por la solapa y le hizo aparentar ser algo

para que tú, y yo, y los demás, y todos, se sintieran un poco más libres

sólo porque un hijodeputa como ese podía decir cosas como esa y joder,

la sociedad es genial si cosas como esas se pueden decir

pero creo que, de algún modo

joder creo que puedo leerlo en sus putos ojos

o algo así, no sé, algo de ese modo,

creo que él sabía que era el ojo en el que no se miraba mientras se mira y alguien dice

eh.

Tío.

Qué grande.

Y después nada. De nada de nada.

Después, joder, nada.

Pobre tipo. Creo sinceramente

que él era consciente

de que le habían convertido

en un puto bufón.

Me da cosa. Viéndole así, ahora, entonces, ya tarde

me da cosa.

Siento pena por él. Por nosotros. Por todos porque eh,

son capaces de esponjarlo todo. De hacer de todo una victoria.

Y pienso, pobre tipo.

Pobre tipo.

Pobre tipo.

Todo derrota.

Todas las verdades que podía decir estaban rotas.

Y

eran perfectas, redondas,

pero rotas.

Y nadie se fijó en eso, nadie se dió cuenta.

Creo que su mirada cuenta algo de eso, con un rayo de esperanza

o algo semejante, como diciendo

eh, mirad como hago el bufón, no os quedéis en eso,

pero de eso se hicieron todos los llaveros, las postales, los recuerdos y

eh,

han ganado.

Y probablemente el siguiente

Bukowski sea aún más sincero

pero entonces importará

aún menos,

de algún modo,

y el tipo de la bici de 2000 pavos

verá el video y dira

eh

qué grande este tipo.

Y eso será todo.

Él lo supo y por eso me da
algo de pena, algo de respeto,
algo de dolor,
vacío en el cuerpo, vacío
en general

todo eso.

volviendo a las piernas

Trajiste las piernas

pese a que, al menos cien veces,
te había reconvenido en contra. Las
palmeras, las hojas, la primavera
contra tu cara pegada de sudor tierno y seco.

Dos veces cien habíamos entrado
al mismo sitio, siempre el mismo.

«Es que (pausa) aquí (pausa) las tazas son más bonitas».

Yo suspiraba, porque no entendía nada
de nada de nada, como en un suplicio
desorientado enfilando hacia el centro
de tu alma, borrosa y estancada
en días iguales
—que no podían ser más que
iguales—,

porque no teníamos dinero para ninguna otra cosa.

«El dinero no importa», me decías.

Y yo te miraba como si estuvieras tonta,
o pensando que lo estabas, o sintiendo que ya
te había dejado atrás, me había ido
hacia delante y tu te habías quedado buscando algo,
entretenida con no sé qué cosa
y yo
sin darme tampoco cuenta
estaba lejos en el siguiente ciclo de la autopista.

Las tazas eran jodidamente bonitas.
Pero eso no pude comprenderlo hasta mucho más tarde.
Cuando la mejor y la única forma de estar contigo y
abrazarte y sentirte cerca ya era mirar

una fotografía digital, escondida en carpetas
dentro de carpetas, como una mancha o
una vergüenza,

una fotografía de uno de tantos de aquellos días
en la que tú sonreías
con una de aquellas tazas estúpidas en la mano,
estúpidas y bonitas,
y yo, ya entonces al otro lado de la cámara,
detrás de la realidad que es lo que captura la
fotografía,
seguramente bostezaba o me aburría o te odiaba
o estaba buscando la manera

de escaparme a dar una vuelta.