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coldos

No quedó nada. Un hombre sentado en un banco de piedra mirando al camino, el mismo que lía un cigarro sin acabarlo. La boca sonríe y los ojos le lloran. Todo es tarde que no termina ni podrá terminar nunca, como el cigarro, los ojos, la boca. Como el banco de piedra en el que se sienta mirando al camino.

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