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inquieto y cansado

No he podido pasar por aquí en algún tiempo, demasiado amodorrado (en cierto sentido) en reuniones sindicales y noches acompañado. Si el lunes y el martes fueron de quetes y el galego, el miércoles y el jueves fueron tan de N. que duele recordarlo sin volver a instalarme en ellos con pretensiones de hacerlo para siempre.

¿Tan bonito fue? Vaya.

No sé si decirte lo siento, amigo mío.

Un perdedor, cuando coge altura, entiende la caída como algo inherente a la misma subida.

Pero eso serán cuestiones que habrá que relatar cuando lleguen. Me he dado vacaciones hasta el lunes, vacaciones mentales, para no demorarme en lo que se me viene encima. Que es bastante. Reuniones y quedadas es lo de menos, alquiler e inmobiliaria es lo de más. Me pregunto por qué hay que estar siempre repartiendo ostias para llegar a algún punto concreto sin que te confundan con el pito del sereno.

¿Estoy bien? Pues depende. Todo pende de un hilo en mi cabeza. El equilibrio se rompe si una hoja sopla y desubica el aire. No estoy viejo, pero sí cansado. Terriblemente cansado. Agotado. Pero ya llegará el momento en el que todo vuelva a ser sonrisa, si ando listo. Espero andar listo. Tengo grandes esperanzas en ello.

Pero mientras tanto, estoy inquieto y cansado.

miedo

Hace tiempo era un poeta grandilocuente,
y seguramente hubiera escrito:

Tu cerveza, acrisolada,
se dedicaba a amansar la tarde
mientras el sol arrancaba las ventanas de sus goznes
y la luz, desbocada,
tórrida y sola, arrumbaba
lágrimas de tus mejillas y sombras
lúcidas
de tus ojos maltrechos, malheridos,
zaheridos de pasado,
entre los días que pasan y no lo hacen
y nunca dejan de pasar del todo.

Pero hoy prefiero decir,
creo,
que te sentías triste porque,
hace tiempo,
te sentiste rota,

porque tuviste miedo,
mirándome,
de poder recomponerte sólo para
volver a estar igual de fragmentada,
(sólo si recompones es posible
volver a romper, de otro modo
es imposible),
igual de vacía
carcasa cerrada de un ser que no fuimos
y que durante un tiempo
habló por nosotros,

de una luna que no se eclipsa nunca

pensarás que soy idiota,
pero en tus ojos veo los míos
y en tu fragua mi destino
(tu destino también está en mi fragua,
de algún irónico modo),

y en tu rotura
(grieta, fractura, diástole, discordancia)
veo la mía
(que nunca es la misma pero siempre lo es)

y yo estuve convencido,
durante algún tiempo,
de que la vida era mía y de que sabía ser quien era

y tanto lo sabía que quizá me olvidé de quien era

y continué, bien programado,

en una esfera de comportamientos coherentes y acompasados

y joder, cómo dolía.

Pero yo no era aquel y lo sabía.

La diferencia es que yo no supe decir basta.

No tuve ni idea de cómo decir basta. Tú sí.

La ostia vino igual, de igual modo.

La falla generó seísmos, de igual modo.

De igual modo hubo que empezar por el principio.

Y quizá tú no gritabas y yo sí.

Pero los gritos eran iguales, eran los mismos.

Y quizá yo lloré de bar en bar,
acumulando cervezas
en un regazo paupérrimo y abandonado.

Pero joder, cómo dolía de igual modo en tu caso.

Y quizá no supieron entender,
ni unos ni otros,
lo que había detrás, debajo, basamento.

Debajo había fango, me temo.

No quisieron verlo.

«Mírale, está destrozado».

Pero no tenían ni idea.

Al menos, en mi caso, pagaban las cervezas.
No podían entenderlo. Tampoco son culpables por ello.

Y entonces vino la sombra
a ocupar el lugar de la luna que no se eclipsa.

Me pregunté
(te preguntaste)
«dónde coño estoy».

Esperaste
(esperé)
que el eco fuera la respuesta.

Pero no lo era. No podía serlo. Lo sabes, lo sabemos. Lo sé.

El eco devino silencio.

Entonces empezó lo complicado de estar vivo.

Sólo entonces.

Hasta entonces todo había sido puro juego.
Una intuición que se sigue.
Pensando en nada.
Ocupado en salir de un lugar que de hecho no ocupas.

Entonces, mucho después,
nos encontramos y nos cogimos de la mano.

«¿Dónde vas?»
«No lo sé»
«Me pilla de paso»
«Entonces te acompaño un rato».

Poema 5 de «Esperándote desde siempre».
Libro primero de «Escrito en tu nombre»
© 2005 café & cigarro editores.

ir y suceder

Día cánido. Sin hacer nada. Vegetando en el sofá. Comiendo. Visita tardía de N. Ida inexcusable, quedada a las dos de la mañana. Ayer en Plaza Castilla, reunión después, algo de curro después, cena en casa de unos desconocidos que ya no lo fueron tanto. Dejé la guitarra durmiendo en otra casa, de unos recién amigos. Iré mañana a por ella. Todo lo demás va, lento, despacio.

Pero sucede muy deprisa.