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Berkeley. Principios del conocimiento humano.

Como preludio a los tropos pirrónicos, y sin poder evitarlo, ahí va la genialidad inmensa del rookie del empirismo inglés:

«No siendo la filosofía otra cosa que el estudio de la sabiduría y de la verdad, se podría con razón esperar que aquellos que le han dedicado más tiempo y esfuerzo deberían distrutar de una mayor tranquilidad y serenidad mental, de una mayor claridad y evidencia en el conocimiento, y estar menos perturbados que otros hombres por dudas y dificultades.

Sin embargo, vemos que la masa no culta de la humanidad que sigue la senda del simple sentido común y se rige por los dictados de la naturaleza se encuentra en su mayor parte tranquila y despreocupada. Nada que sea familiar les parece inexplicable o difícil de comprender. No se quejan de falta de evidencia en sus sentidos, y están totalmente fuera del peligro de convertirse en escépticos. Pero, tan pronto como nos separamos de los sentidos y del instinto para seguir la luz de un principio superior, para razonar, meditar y reflexionar sobre la naturaleza de las cosas, surgen miles de dudas en nuestras mentes en relación con aquellas cosas que antes nos parecía comprender totalmente. Por todas partes se descubren ante nuestros ojos prejuicios y errores de los sentidos; y al tratar de corregirlos por medio de la razón desembocamos, sin darnos cuenta, en extrañas paradojas, dificultades e inconsistencias que se multiplican y nos desbordan, a medida que avanzamos en la especulación, hasta que, al fin, después de haber vagado por muchos intrincados laberintos, nos encontramos exactamente donde estábamos, o, lo que es peor, situados en un escepticismo desolador.»

George Berkeley. Tratado sobre los principios del conocimiento humano.

Zygmunt Bauman. Modernidad y Holocausto.

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Zygmunt Bauman.
Modernidad y Holocausto.

Sequitur.
Traducción de Ana Mendoza.
Primera Reimpresión: abril 1998.
Modernity and the holocaust.
Zigmunt Bauman 1989
Primera edición 1989
Polity Press-Blackwell Publishers Ltd.

La clave está en la herramienta. La herramienta de la modernidad es la burocracia (o al menos lo fue en principio, cabe preguntarse si no se habrá terminado convirtiendo la llave en dependencia). Este libro pretende demostrar que el holocausto no fue una aberración puntual de un momento dado, una especie de locura colectiva que con su lección nos ha enseñado a no repetirla nunca, sino más bien una posible consecuencia de nuestra organización burocrática. Si no lo consigue, al menos sí que nos hace darnos cuenta de que sin los medios que proporciona la burocracia el fenómeno nazi no hubiera podido hacer llegar a lugares tan extremos la brutalidad que produjo. Simplemente, sin la burocracia no hubiera tenido tantas posibilidades. Y que la burocracia es perfecta para cumplir sus propios fines, pero estos no tienen por qué coincidir necesariamente con los fines humanos. Dice él:

«El Holocausto no fue un acontecimiento singular, ni una manifestación terrible pero puntual de un «barbarismo» persistente, fue un fenómeno estrechamente relacionado con las características de la modernidad. El Holocausto se gestó y se puso en práctica en nuestra sociedad moderna y racional, en una fase avanzada de nuestra civilización y en un momento culminante de nuestra cultura, es, por lo tanto, un problema de esa sociedad, de esa civilización y de esa cultura.»

Lúcido. Terriblemente lúcido.

Philip K. Dick. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

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Philip K. Dick.
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Edhasa.
Traducción: César Terrón.
Portada original:Iborra.
1ª edición original: 1980
196 páginas.
(Portada de la edición de Nebulae).

Ya sé, ya sé que hoy me estoy pasando y que la bitácora queda muy abajo, pero es que no podía dejar pasar un día más sin meter la novela inmensa de K. Dick en la que se inspiro Blade Runner (con desigual fortuna, más que inspirarse en ella compone una historia paralela de inarmónicas consecuencias). Es un relato de ciencia ficción, vale, pero las conclusiones a las que llega después de someter a los androides a la consideración de que sus creadores, los (dioses para ellos) humanos, están imbricados en un asunto de popularidad social en función del animal que guarden en la terraza… son devastadoras. Creamos grandes cosas (complejas, al menos) y nos seguimos debatiendo siempre en lo mismo, en lo mismo de siempre.