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vivir solo

Vivir solo de nuevo está de puta madre. Puedes leer hasta que se te caigan los ojos. Puedes comer comida de mierda, porque cocinar siempre está relacionado con darle placer al otro (la sensualidad de la comida, no os vayáis de madre, joder), puedes montar en bici en el salón, pegarte una ostia contra el sofá y reventar la llanta. Puedes poner la música a toda ostia y gritar a los vecinos cuando te griten. Puedes pintarte el cuerpo con colores tribales (subiré fotos, púdicas, no os vayáis de madre). Puedes dejarte la barba más larga, perder bastantes kilos (estás otra vez en la zona de kombate). Puedes fumar más, correr más, saltar más, ganar alguna competición olímpica de estiramientos en una cama de matrimonio. Puedes experimentar con nuevas formas de vida dentro del microondas, acumulando fabadas sobre lentejas sobre sopas chinas sobre café con leche. Puedes volver a coger la bici e intentar llegar al baño sin escalas y sin bajas. Puedes invitar a tías, algunas no quieren entrar y otras no quieren salir luego, las muy inconstantes. Puedes tocar la guitarra lo que te venga en gana, escribir el tiempo que te salga de la polla, ver pelis a toda ostia. Puedes coger esos doscientos tipos de toallas inservibles y tirarlas. Hacer collage con los bastoncillos de los oídos. Montar una sesión de aromaterapia en el fondo de la taza del váter con esos cientos de colonias que siempre llenan las estanterías, jugar a los bolos con ese par de decenas de zapatos que hasta las menos pijas tienen. Puedes reírte si tienes ganas, alto, fuerte, estentóreamente. Puedes escribir poemas en papel del váter si te jode, meter las sartenes en agua fría estando calientes para que se doblen, subirte al palomar de Ikea de un salto y joder las barreras, puedes escupir, vomitar borracho, sentarte en el suelo del baño a soltar las lágrimas sobrantes, pasarte una hora en la ducha tumbado mirando el agua caerte en cascada sobre los ojos, apagar cigarros en el parquet, acumular constelaciones increíblemente diversas de polvo sobre los libros… y sobre todo, siempre sobre todo, ya lo dije, puedes leer hasta que se te caigan los ojos, escribir hasta que tus dedos sean putos muñones, tocar la guitarra eléctrica mal trasteada hasta que te quedes sordo y puedes hacerte fotos haciendo el gilipollas que eres.

Una puta mierda, joder, cuando lanzas instintivamente las manos hacia delante en la ducha para acariciarle las tetas,

y sólo topas con la discordancia frío/caliente de las llaves de la bañera.

una estupidez

Es una tontería, una verdadera tontería.

Pero iba en el C3 de un compañero de trabajo y le he dicho que me abriera el cenicero.

Y el cenicero me lo ha dado en la mano. Uno de esos que se sacan.

Y entonces me he acordado de alguien, no sé si se llamaba Javier, o Juan, tengo la sensación de que era un nombre compuesto.

Fue en el instituto, el tenía un panda y nos fumábamos las clases yendo a jugar al mus a un bar de sanse, toda la mañana.

Me abrieron expediente por eso.

Me he acordado de todo eso.

El panda tenía un cenicero parecido al del C3 (salvando diseños vanguardistas y demás pamplinas).

Lo pasamos de puta madre.

Pero el del mus era gonzalo, y tenía un fiat tipo.

Ese tenía un cenicero normal.

Sin embargo Roy, en La Palma, sí que tenía un panda (Romualdo, le llamaba, siempre lleno de mierda) con un cenicero idéntico.

Quién sabe por dónde va el recuerdo.

Y más cuando tienes tanto que recordar.

Daría media vida, lo juro, por tener una guitarra medio decente ahora mismo.

vértigo

Alguna vez ya me dio por hablar del vértigo, cuando andaba por la insoportable levedad del ser. No sé por qué viene a cuento ahora mismo (sí lo sé).

No me gusta anotar tanto en la bitácora. Las cosas se diluyen.

El vértigo es un indicador profundo del estado de una persona. Algo así como la catarsis, pero hacia fuera, hacia los demás.

Hay gente que no quiere hacer determinadas cosas, y no las hace.

Pero el vértigo no es el miedo a caer (a hacer algo en concreto), sino la atracción por la caída.

Hay gente que tiene vértigo, mucho. Y se nota.

A veces ves como alguien muestra extremado celo en alejarse de algo. Cuando simplemente no quieres hacer algo te resulta indiferente. Sin embargo, cuando sientes vértigo, se convierte prácticamente en neurosis mantenerse a kilómetros de cualquier posibilidad de acercarse.

Es un buen indicador, si sabes verlo. Es un buen indicador para alejarte tú, si te implica. Bueno, si sabes hacerlo.

A veces no puedes, o no quieres.

El vértigo es la atracción por la caída. En determinados momentos, algunos saben que si se acercan lo suficiente caerán sin remedio.

Entonces levantan escudos, montan controles en las autopistas de su cerebro.

Entonces ya no tienen experiencias, sino situaciones de control.

Entonces ya viven con sentimentalidad rara. Sienten su vida como una película.

Me parece curioso esto del vértigo.

Creo, ahora en la distancia, que lele tuvo un par de años de vértigo. Quería vivir su vida sola, tanto que le daba miedo. Por lo que implicaba. Al mismo tiempo que se protegía no vivía, al mismo tiempo que se protegía temía, al mismo tiempo que se protegía iba colocando los acontecimientos.

Debe ser una situación dañina.

Sé que es injusto, pero creo que al menos es parcialmente cierto. Claro que no lo es todo. Nunca una sola cosa lo es todo.

Pero parece extraño comprobar que los recursos que nos mueven, que nos condicionan, raramente cambian.

En un modo particular y propio, lele sigue padeciendo de vértigo.

Es curioso.

Me gustaría saber explicar ciertas cosas de tal modo que fuera como un cirujano extirpando un cáncer. Me entreno. Pero aún no puedo.

Vértigo.