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árbol de rowan

«ÁRBOL ROWAN (la Sensibilidad) –
Lleno de encantos, alegre, da sin expectativas, le gusta llamar la atención, ama la vida, las emociones, no descansa, e incluso gusta de las complicaciones, es tanto dependiente como independiente, tiene buen gusto, es una persona artística, apasionada, emocional, buena compañía, no olvida.»

Eso es lo que dice la astrología celta sobre mí, en un correo que me envió Esther.

Tres canciones nuevas.

Toda la noche intimando con ella, y aún no me ha dicho su nombre.

Pero yo ya la quiero.

No tengo prisa.

Una noche bestial, a solas con la guitarra.

Esto ya huele a concierto.

No quiero llamar a nadie hasta que no tenga diez canciones. Un par de días más. Otro para grabarlas. El domingo todo dispuesto.

No me dice su nombre.

Pero no es malo.

Porque no me lo dice, pero se pliega sensualmente a mis dedos.

Al mismo tiempo que me destroza los dedos (ya no estoy acostumbrado a ciertas turgencias).

Agridulce.

Siempre agridulce.

Estaba grabando lo que iba haciendo en la grabadora de cinta pequeña. De repente escuché sobre lo que estaba grabando. Eramos la negrita, lore y yo metidos en medio de «el hacha de guerra». No sé por qué, pero saqué la cinta y la metí en un cajón, a salvo.

No sé por qué.

Huelo a concierto.

tarado en kombate

Tarado/anticuario con su nueva guitarra. Mi primer pensamiento fue llamarla Lorelay, pero Roy me dijo que era un poco macabro.

Llamó edu, llamó jara. El fin de semana ya se está complicando, y estamos a martes.

Por cierto, juguemos a un juego.

¿Where is lorelay?

Pues en ninguna parte, joder.

(Por cierto, veremos a ver si llego a fin de mes sin comerme a la pobre guitarra, voy a intimar con ella toda la noche, a ver si después de un rato sintiéndonos me cuenta su nombre…)

en un momento

El anticuario se ha vuelto loco.

Se ha ido al descanso del curro y se ha comprado una guitarra.

Le quedan doce euros para pasar el mes.

Y le da igual.

Tiene su guitarra.

Electroacústica.

Cutre. De batalla.

Como la cámara.

No le importa comer.

Tampoco tiene hambre en exceso.

Prefiere poder hacer cosas que tengan tanta fuerza como para hacerle olvidar lo otro.

Los huecos.

Las marcas que dejan lo que ya no está.

Tengo mi guitarra.