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Roger Wolfe. En blanco y negro.

Me despierto y hay un vaso medio lleno
de bourbon encima de la mesa, unas cerillas,
un paquete de Winston en el que alguien
ha garabateado su número de teléfono; son las siete
y cinco minutos de la mañana, James Mason me comtempla
en blanco y negro desde el televisor, y vocaliza
palabras que no logro entender ni oir siquiera.

Y después de levantarme y acercarme
al baño, y echar el asco y las entrañas
por las cañerías, y tirar de la cadena, se me ocurre
que es agradable estar vivo y hacer la guerra
y el amor y este poema, y que el mundo
bien merece
otra mirada.

de Días perdidos en los transportes públicos, 1992.

Ray Loriga.

Raytrifero.jpg

Vale, vale, el gran momento de meter algo decente sobre Ray Loriga, los libros y las referencias, llegará, pero como estoy en el curro me limito a meter algunas frases de un par de sus cosas. A disfrutarlas.

Héroes.

«No es fácil que confíes en ti mismo cuando todos confían en que seas alguna otra cosa distinta.»

«Cualquier imbécil puede herir a una mujer pero solo un hombre grande puede llevársela para siempre.»

«No tienes lo que te mereces, tienes lo que no consigues esquivar.»

«y el amor es a su vez un asunto de agujeros y, bueno, unos están en el alma pero otros no y todos necesitan ser rellenados…»

Días extraños.

«Empecé a beber en serio a los catorce años. Entraba en un bar y bebía. No era triste. Me gustaba. Eran los primeros momentos realmente míos.»

«Hay algo que he aprendido en todos estos años; puedes dormir en cualquier parte pero no puedes despertarte en cualquier parte.»

«A veces estas tan cansado que no te caben mas de seis personas en la cabeza y a veces estas tan solo que doce no llenan ni la mitad del salón.»

«No puedo creer que no vayas a volver nunca. Prefiero pensar que todo vuelve. Aunque sea como apostar mas de lo que tengo a un caballo cojo.»

«Tengo miedo de estar dejando escapar algo y tengo miedo de estar agarrando lo que no es.»

Y de momento no he encontrado ninguna página realmente interesante sobre él, pero si la encuentro ya la meteré.

Sólo recuerdo que leer lo peor de todo (que creo recordar que me lo dejó María) fue como un zambombazo y entender por qué todo lo que había leído hasta entonces (y ya era bastante) no me había convencido en absoluto. Ahí estaba la forma en la que yo quería contar las cosas (es decir, ahí estaba la forma en que yo quería ver las cosas).

Berkeley. Principios del conocimiento humano.

Como preludio a los tropos pirrónicos, y sin poder evitarlo, ahí va la genialidad inmensa del rookie del empirismo inglés:

«No siendo la filosofía otra cosa que el estudio de la sabiduría y de la verdad, se podría con razón esperar que aquellos que le han dedicado más tiempo y esfuerzo deberían distrutar de una mayor tranquilidad y serenidad mental, de una mayor claridad y evidencia en el conocimiento, y estar menos perturbados que otros hombres por dudas y dificultades.

Sin embargo, vemos que la masa no culta de la humanidad que sigue la senda del simple sentido común y se rige por los dictados de la naturaleza se encuentra en su mayor parte tranquila y despreocupada. Nada que sea familiar les parece inexplicable o difícil de comprender. No se quejan de falta de evidencia en sus sentidos, y están totalmente fuera del peligro de convertirse en escépticos. Pero, tan pronto como nos separamos de los sentidos y del instinto para seguir la luz de un principio superior, para razonar, meditar y reflexionar sobre la naturaleza de las cosas, surgen miles de dudas en nuestras mentes en relación con aquellas cosas que antes nos parecía comprender totalmente. Por todas partes se descubren ante nuestros ojos prejuicios y errores de los sentidos; y al tratar de corregirlos por medio de la razón desembocamos, sin darnos cuenta, en extrañas paradojas, dificultades e inconsistencias que se multiplican y nos desbordan, a medida que avanzamos en la especulación, hasta que, al fin, después de haber vagado por muchos intrincados laberintos, nos encontramos exactamente donde estábamos, o, lo que es peor, situados en un escepticismo desolador.»

George Berkeley. Tratado sobre los principios del conocimiento humano.