# perdiendo.org/museodemetralla

entraron en mi cabeza (202) | libros (21) | me lo llevo puesto (7) | pelis (2) | Renta básica (9) | series (6) | escasez (2) | frikeando (94) | arduino (1) | autoreferencial (11) | bici (1) | esperanto (4) | eve online (3) | git (2) | GNU/linux (4) | markdown (7) | nexus7 (2) | python (7) | raspberry pi (3) | vim (1) | wordpress (1) | zatchtronics (3) | hago (773) | canciones (163) | borradores (7) | cover (46) | el extremo inútil de la escoba (2) | elec (1) | GRACO (2) | guitarlele (11) | ruiditos (11) | Solenoide (1) | fotos (37) | nanowrimo (3) | novela (26) | criaturas del pantano (5) | el año que no follamos (12) | huim (5) | rehab (4) | poemas (363) | Anclajes (15) | andando (3) | B.A.R (7) | Canción de cuna para un borracho (38) | Cercos vacíos (37) | Cien puentes en la cabeza (7) | Conejo azul (6) | Contenido del juego (5) | De tiendas (3) | del pantano (3) | Destrozos (2) | Epilogo (4) | Fuegos de artificio (5) | Imposible rescate (15) | Jugando a rojo (7) | Libro del desencuentro (2) | Lo que sé de Marte (11) | Los cuentos (21) | Montaje del juego (5) | Orden de salida (4) | palitos (31) | Piernas abiertas (7) | Poemas medianos (12) | Privado de sueño (7) | rasguemas (5) | Tanto para nada (17) | Todo a 100 (2) | Uno (4) | relatos (97) | anatemas (9) | orbital (2) | prompts (8) | vindicaciones (103) | perdiendo (1.723) | atranques (1) |

la cultura es un derecho que restringe la propiedad intelectual

«Si algo hay que reprocharle es su tibieza. Tendía a ser muy moderada. Para mí es más efectiva la ley francesa, que primero advierte a los usuarios y luego actúa contra ellos, como se hace con los delincuentes, es decir, no solo contra las páginas, porque los usuarios deben saber que lo que hacen es un delito. Los argumentos de los defensores de las descargas no son una defensa de la libertad sino todo lo contrario: un auténtico asalto a la libertad de creación».
Fernando Sabater, artículo sobre la caída de la «Ley Sinde» en ElPais

«Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho.»
Constitución Española, Artículo 44.1

«No necesita autorización del autor la reproducción, en cualquier soporte, de obras ya divulgadas cuando se lleve a cabo por una persona física para su uso privado a partir de obras a las que haya accedido legalmente y la copia obtenida no sea objeto de una utilización colectiva ni lucrativa, sin perjuicio de la compensación equitativa prevista en el artículo 25, que deberá tener en cuenta si se aplican a tales obras las medidas a las que se refiere el artículo 161. Quedan excluidas de lo dispuesto en este apartado las bases de datos electrónicas y, en aplicación del artículo 99.a), los programas de ordenador.»
LPI, Artículo 31.2

“El propietario ya no es –como confundía la doctrina liberal- el titular de un derecho sobre el bien, sino, más precisamente, el titular de algunos poderes, que tienen como objeto el bien. Porque, en efecto, no cabe ya identificar el derecho de propiedad con la sujeción o sumisión de una porción del mundo físico a la indiscriminada voluntad de su titular.

«En otros términos, el propietario no es el exclusivo titular del bien, aunque resulte evidente que goza de ciertos poderes sobre el mismo. Es, por otro lado, la satisfacción de la finalidad social del derecho la que legitima el otorgamiento, conservación y tutela de la propiedad. Al no ser el exclusivo titular, porque tan sólo goza de algunos poderes que tienen por objeto el bien y al ser delimitados éstos –por la misma sociedad: el legislador- para alcanzar un fin social, conectamos de nuevo con que es la colectividad la que ostenta, por así denominarlo, un derecho primario sobre los bienes”.
Javier Barnés. «La propiedad Constitucional. El estatuto jurídico del suelo agrario». Citado en David Bravo, Copia este libro

Que Savater es una persona que hace tiempo perdió el norte a mí me parece más que evidente, pero aún así a veces uno debería prestar más atención a lo que dice. No sé si es el deseo de este señor que se encarcele al 90 por ciento de la población, pero aunque así fuera lo que debería preguntarse es:

1. ¿Es legal esto que propongo para combatir algo que yo estoy tildando de ilegal?
2. ¿Realmente es ilegal lo que estoy llamando ilegal?

Pero para eso habría que renunciar a hacer publicidad y difamar que algo queda antes de informarse correctamente. Tengo más que serias dudas sobre que Fernando Savater no se procure debida información, así que la conclusión a la que llego es que lo que le interesa es combar el espacio-tiempo a su antojo para amoldarlo a las conclusiones que él solito ha sacado para proteger sus intereses.

la cultura es un derecho por algo

Lo que se plantea aquí es un asunto muy peliagudo, con muchos tendones, nervios y venas, por lo que hay que operar con cuidado.

La cultura es un derecho. Me parece que nivelarla según el poder adquisitivo del que quiere disfrutarla es un modo de favorecer una educación selectiva y, a medio plazo, una herramienta para mantener las diferencias sociales. Me niego a que el que más dinero tenga pueda proveer a sus hijos de más y mejor cultura y que el que menos tenga esté condenado a repetir en sus hijos su propia situación debido a una educación y riqueza cultural deficiente.

Para luchar contra esa injusticia, y pese a Savater, se incluyó en la Constitución el derecho a la cultura y en la LPI el derecho a la copia privada sobre la cual el autor no tiene capacidad de decisión alguna. Yo tengo derecho a hacerme una copia para uso privado de cualquier obra que haya sido difundida. No tengo derecho a lucrarme con ella, pero sí a informarme con ella. De ese modo todo el mundo tiene un mismo acceso a la cultura, independientemente de que quiera utilizarlo o no o se utilice para ver el último bodrio que ha llegado al cine. Posteriormente se aplicó el canon para devolver al autor las supuestas pérdidas de ingresos que este derecho de todo ciudadano en teoría le resta. Y digo en teoría porque si no tienes pasta para comprar el original no la tienes con derecho a copia privada ni sin ella.

Es un modo de intentar igualar la situación del acceso a la cultura, que en la Constitución es un derecho.

Claro que eso a gente con pasta como Savater no le preocupa lo más mínimo, sus hijos si los tiene tendrán un acceso excelente a la cultura de pago que perpetua las diferencias sociales estableciendo un modo invisible pero eficaz de castas.

los límites de la propiedad intelectual

De ahí viene todo este lío.

Acceso a la cultura > Copia privada > Canon > Entidades de gestión > Los artistas comen.

Una vez que la obra ha sido difundida el autor conserva la propiedad, pero la propiedad no le da todos los derechos sobre la obra, porque sobre su propiedad se eleva mi derecho a la copia privada de cualquier obra difundida. A él puede parecerle muy mal, pero no puede hacer nada contra ello. En ese sentido, el autor no tiene ningún derecho sobre la copia privada de su obra que yo tengo.

Debemos gestionar los derechos de autor, sobre eso no hay ninguna duda, pero teniendo mucho cuidado con estos tendones y venas: el acceso universal a la cultura para una máxima igualdad posible en las condiciones de partida. Defender a los creadores no puede significar la creación de una élite en función de su poder adquisitivo.

no todo vale

La ley Sinde no se ha ido al carajo porque a nadie le importen una mierda los artistas, sino porque ha intentado resolver una situación injusta creando otra: una en la cual un comité podía cerrar una web, infringiendo la tutela judicial. Creo que si la ley hubiera sido aprobada hubiera sido rechazada después por inconstitucional. En mi opinión lo es.

Todos los artistas de los que he leído comentarios sobre la caída, como Alejandro Sanz, lloran porque nadie defiende a los artistas y porque no se ha aprobado esta ley, pero ninguno entra en honduras sobre la ley en sí, sobre sus métodos, sobre si es una buena herramienta para solucionar el problema o no. Sólo se quejan de que no haya sido aprobada. Otros dicen que no era perfecta pero al menos era algo, como si semejante tontería se pudiera decir sin sentir vergüenza inmediata: no nos sirve cualquier cosa, nos sirve algo que resuelva el problema sin vulnerar ningún derecho. O Alex de la Iglesia, diciendo que independientemente de la redacción lo importante es la intención, lo que sucede es que en el mundo real es la redacción la que te lleva a juicio, y no la intención.

Entre lágrimas algunos creadores nos dicen que se van a morir de hambre y que la cultura en este país va a desaparecer, y estoy de acuerdo en que es algo que hay que solucionar a la mayor brevedad posible. Pero no de cualquier modo.

Defender a los autores es una causa indiscutible, cercenar derechos para ello es indefendible.

no me guarrees la charca

Que la cultura es un factor determinante en la educación no es discutible (todo lo es, por supuesto, pero la discusión no sería muy larga), que la cultura es un bien que genera pensamiento crítico y personas informadas es menos discutible aún, por eso se debe proteger el acceso universal a la misma.

Los creadores comen, eso está claro, y hay que buscar formas de que obtengan ingresos sin vulnerar el derecho a la cultura y el de la copia privada, que son los garantes de la universalidad de la información, vinculada al derecho a la educación.

Una ley que intente cerrar webs de descargas al mismo tiempo que deja abierta la puerta a que el gobierno de turno cierre páginas molestas sin la debida tutela judicial no es una ley que se pueda aprobar, por mucho que defienda los intereses de los artistas. Habrá que buscar un modo de defender estos derechos sin vulnerar otros.

En este equilibrio estamos. La copia privada es un mecanismo de seguridad eficaz, efectivo y necesario para revertir situaciones injustas de desigualdad de oportunidades en función del poder adquisitivo, pero los artistas comen. Las entidades de gestión de derechos de autor quizá no estén repartiendo justamente sus ingresos. Así está la charca.

Cualquier solución deberá respetar los derechos existentes, o intentará vencer una injusticia con otra, lo cual no sirve sino para empezar una nueva guerra el mismo día que terminó la anterior.

Lo realmente cierto es lo que comenta Kiko Veneno, estamos dejando un campo minado, y en un campo minado se conversa fatal. El odio es mal conductor del entendimiento.

comunicación

Te pedí
un segundo
para mirar a otra parte.

A mi alrededor cerraron la calle
con precintos amarillos.
Mandaron a la gente a casa,
dijeron que no había nada que ver allí.

«¡Circulen, vamos, circulen!»

Terminaste el café y te fuiste,
esquivando el cerco.

Yo me quedé.
Observando el infinito,
rompiendo las tarjetas de crédito,
sabiendo que iba a echarte
jodidamente
de menos
de nuevo.

de forma regular

“Nadie se entiende, ¿sabes?, nadie se comprende. Todos se miran desde sus propias vejigas humeantes y lloran de pena o se abrazan con pereza, todos golpeando la mesa desde el filo de sus inexactitudes pretendiendo sermonear algo grandioso y grandilocuente cuando no son más que babuínos empeñados en el ejercicio de seguir sentados, pese a todo y a todos seguir sentados en su propia mierda, abrazándola con cuidado como si fuera todo, como si fuera lo único, como si fuera el todo de lo único relevante.”

Habíamos estado en el cine viendo cualquier absurdo. Ellos habían dejado a sus hijos con alguien y venían a disfrutar de un rato de libertad o algo parecido, a vivir un momento intenso y grande. Ese tipo de estupideces existen siempre y en cualquier sitio. Parece que a la vida haya que forzarla para que sea vida, aunque la vida nunca deja de serlo. Otra cosa es que la perdamos de vista. Ellas se habían ido después de la película a mirar algo de ropa y Eduardo y yo nos pedimos unas cervezas y nos sentamos un rato en una terraza soleada de media tarde.

“Y no se dan cuenta de que esa mierda, esa mierda suya, les aniquila, les deglute, les envenena y les paraliza. ¡Joder, están tan llenos de su mierda que no hay forma de hacerles comprender que hay mucho detrás, después, antes y por todas partes! ¡Están tan enfermos de sí mismos que dudo que a estas alturas alguien pueda encontrar un remedio para devolverles al ciclo temporal!”

Está cabreado, no tengo muy claro contra quién dispara, pero está cabreado. Y así podemos seguir toda la tarde, hasta que vengan ellas. Después se tranquilizará y hablará de biberones con la mayor normalidad del mundo. Con soltura. Sin esfuerzo aparente. Se volverá otro. Sin grandes despliegues. Sin forzar el movimiento de tropas. Y a mí me seduce esa facilidad, ese trasunto de volverse otro de un momento para el siguiente. No es difícil embaucarme: dame un pequeño tirón y me tendrás contigo para siempre. En su trabajo seguramente tenga ideas bien informadas sobre política, economía, actualidad, tecnología… sobre cualquier cosa. Es una persona creativa. Hace un uso sorprendentemente creativo de la información de la que dispone.

“Y desde ahí mismo, siempre en movimiento dentro del estancamiento, las manos se entrecruzan en un apretón que no existe, ¡porque las manos están a kilómetros de distancia! ¡Es verdad! ¡Las manos no se han encontrado, son las cabezas las que presuponen que están compartiendo un mismo espacio! ¿Qué conversación es posible así, dime, qué conversación? ¿Es posible que alguien hable de algo? ¿Es posible que alguien entienda algo del otro, que mastique algo de otro, que meta la nariz en la axila del otro para poder llegar solamente a olerle?”

Y no sé qué responderle, por supuesto. Primero porque en realidad no me está hablando a mí, y segundo porque hace tiempo dejé de visitar ciertas habitaciones. Habitaciones que son como plantas carnívoras y, si no te andas con mucho cuidado, se cierran sobre ti y te atrapan para siempre mientras te digieren obsesionándote. Te inoculan sus jugos gástricos y te van asimilando transformándote en la pulpa del trauma en el que te vas convirtiendo. El trauma indistinto que se adueña de ti, como de todo. El trauma sólo tiene una esencia, pero muchas formas. Y al fin y al cabo lo más importante es vivir, y parte de ese proceso consiste en no pisar minas, en esquivar trampas, en no caer en las redes. En no entrar en ciertas habitaciones.

“Son los desconfiados, los putos desconfiados de los que más hay que temer. Esos que quieren convencerte, esos que te exigen pruebas de tus convencimientos, esos que discuten hasta quedarse afónicos, esos que jamás ceden un paso, esos que asquerosos llaman a tu puerta e intentan asediarte con la verdad que existe en sus pensamientos. Esa verdad, esa única verdad que les ha llegado de otros y ellos han metabolizado hasta hacerla indistinguible de sí mismos. Se han convertido en la verdad y la verdad en ellos, ¡porque la verdad sólo vive gracias a que ellos la reproducen como un gen traidor y vicioso que se multiplica! ¡La única verdad es que no hay verdad alguna! ¡Y ni eso es verdad! ¡La única verdad es inalcanzable, y por tanto no existe a efectos prácticos!”

La verdad es una puta palabra. Una puta, al fin y al cabo. Habitaciones. Veo mis pasos caminar en esta niebla. Entretenimientos de tarde con cerveza. Me aburro. Como una mona. He estado aquí antes, ya conozco este lugar. Esto ya lo toqué ayer. Y no tengo muchas opciones, callarme y dejar que pase el chaparrón, darle la razón y proseguir la conversación mediante la masturbación mutua, llevarle la contraria y entrar en un bucle estéril, pegarle fuerte con el vaso hasta que pierda el conocimiento, o cambiar de tema. O resumir.

Y digo.

“Solipsismo, es la teoría que buscas. Más o menos es: si algo existe, no se puede percibir, si se puede percibir no se puede comprender, si se puede comprender no se puede transmitir. Mezclado con un poquito de Pirrón, por supuesto, porque al fin y al cabo el solipsismo es una forma de escepticismo, o escepticismo depurado, o escepticismo actualizado, o el escepticismo moderno. Se dibuja una dicotomía entre el yo y el mundo, intuida en que sólo tengo los sentidos para conocer de forma inmediata lo que me rodea, pero los sentidos ya son un medio en sí mismos. Uno, no sé si algo existe porque lo único que me habla de ello son mis sentidos, que son míos, no el mundo en sentido estricto. Por tanto lo único que yo sé es que hay algo excitando mis sentidos, pero no sé si es el mundo o algo empecinado en excitar mis sentidos. O mis sentidos excitándose solos. Dos, si asumo que el mundo existe porque me da por ahí, al fin y al cabo lo que sé de el es que puedo verlo, oírlo, tocarlo, saborearlo y olerlo, reconocer imágenes, sonidos, texturas, sabores y olores. Pero yo no sé si el mundo se agota ahí, si eso es todo lo que es el mundo. ¿ Y cómo puedo pretender conocer algo a lo que sólo accedo de forma parcial? Tres, si presupongo que eso es todo lo que es el mundo y que lo he comprendido, cuando intento explicártelo me vuelvo a encontrar de lleno con la aporía de que tú eres parte del mundo, y por tanto de nuevo mis sentidos y los tuyos median en la interpretación y es imposible, por definición, que lo que yo sé se traslade a ti de forma exhaustiva. La gente se aferra a su propia mierda porque es lo único que realmente tiene. Y no ve más allá porque no puede. Pero la gente necesita la verdad tanto o más que la verdad necesita la gente para existir. Todo el mundo vagabundea hasta encontrar su sitio porque quieren tener una vida con sentido. Cualquiera, el que sea, Roma si fuiste romano, el Real Madrid si te gusta el fútbol y ese equipo, la reencarnación si tu ego te mola, la salvación mediante el Dios de turno si el sentido lo estableces en vivir para siempre de algún modo. O escribir una novela, o componer algo que cambie el mundo. La gente se aferra al sentido con los dientes porque el sentido justifica sus vidas, y contra eso no se puede argumentar ni discutir ni razonar (y eso en el caso dudoso de que sea factible realmente argumentar, discutir o razonar). Una vida sin sentido es una mierda pura, porque te aseguro que es un agujero tan frío que no hay forma de encender una fogata ahí dentro, de entrar en calor, de ponderar nada, no es un sitio al que puedas ir en vacaciones para luego volver a tu vida cotidiana, te aseguro que te destroza entero y te da la vuelta y te llena y te vacía hasta defenestrarte y convertirte en una masa babosa que repta por el suelo pidiendo una muerte rápida e indolora. Y lo del dolor da igual. Y lo de rápida también. Una muerte, la que sea, te bastará. No quieres entrar ahí, así que deja de hacer el imbécil.”

Me tiende un cigarro, con una sonrisa en la boca. Pide más cerveza.

Está poniendo la mesa.

Sacando el mantel, no sé si me explico, colocando los cubiertos, los vasos, los platos.

“La vida no tiene sentido…”, me dice, “universal. No es unívoca. Pero todos esos sentidos son válidos, mientras no los lleves al extremo, mientras puedas ponerlos en duda constantemente y repensarlos con cada nueva información que tengas”.

Entro en el juego. Le ayudo a poner la mesa. Le doy una calada al cigarro que hace temblar a una mariposa en Pekín.

“Arte figurativo”, contesto.

“Puede”.

“Simplemente arte figurativo”.

“Eres un enfermo, has pasado el punto y no sabes volver a casa”.

“No tengo casa a la que volver”.

“Por eso mismo”.

Sonríe de nuevo y pide orujo de hierbas. Está anocheciendo y el aire huele levemente a humedad, a noche y a la cerveza que se está resecando en las bandejas de todos los grifos de los bares. Ese olor es tan denso que no consigue cortar el aire, sino que lo empuja, haciendo el vacío.

“No tengo casa a la que volver, porque no hay duda ni pensamiento”.

“No… en sentido universal, amigo, sólo si en el fondo sientes nostalgia por la Verdad puedes perderte. Sólo así”.

Asiento, doy un trago.

“Esa Verdad cuya unicidad es parte de la definición. La verdad para uno no es Verdad ni es nada”.

Asiente, da un trago.

“Pero puramente no hay otra cosa”.

“Entonces no hay nada”.

“Se consciente de lo que la Verdad limita. No de lo que te suma, sino de lo que te resta. La verdad, con minúsculas, es mucho más flexible. La Verdad se agota en sí y no deja otros caminos”.

“Lo sé”.

“¿Y no te importa?”

“Claro que me importa. Pero no puede, ya no”.

Vuelven ellas, y pedimos una ronda más. La noche es más noche cuando me pierdo entre tus besos y razonablemente nos despedimos y nos vamos a un bar Eduardo y yo y empezamos tras la barra a aclimatar el cuerpo a la nada. No hay mucho que decir, nada más de lo que ya se ha dicho. Soy un enfermo, evidentemente, y mi propio mal impide mi propia cura. Ya dije que hay habitaciones que son como plantas carnívoras y, si no te andas con mucho cuidado, se cierran sobre ti y te atrapan para siempre mientras te digieren obsesionándote.

Y no fue hablar por hablar.

Yo ya estoy dentro.

Mirando cómo los días suceden uno detrás de otro. Uno tras otro.

De forma regular.