arder por dentro
no de rabia o injusticia
no de ansia o emoción
arder por dentro
no en sentido metafórico
sentir las llamas
romperte la cabeza pensando
qué
o cómo
y seguir en ello el día entero
mientras todo lo demás no
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arder por dentro
no de rabia o injusticia
no de ansia o emoción
arder por dentro
no en sentido metafórico
sentir las llamas
romperte la cabeza pensando
qué
o cómo
y seguir en ello el día entero
mientras todo lo demás no
–¿Y quién dice la verdad, quién miente?
–Sé por dónde vas, y no va a bastarme con eso. Alguien dice la verdad. Alguien miente. Basta ya de equilibrismos, ese juego empieza a aburrirme.
–Bien. Entonces responde a mi pregunta.
Libro ilustrado de los encontronazos, parte segunda.
no quedó nada en el recuerdo
más que las conclusiones finales,
retrocediendo en oleadas
alterando lo que había dejado de ser presente
a veces, tantas veces,
el final redefine, recrea, reconstruye
a veces, tantas veces,
el final se encarga de todo
a veces, tantas veces,
ya no fuimos más que lo que ahora somos
y nos recordamos colocándonos ahora
donde estuvimos entonces
impostándonos de algún modo
hablándonos con voz de ahora
sobre los inertes cuerpos de entonces
explicándonos ahora lo que ahora no vivimos,
entendiéndonos ahora donde nunca nos entendimos
quién miente, quién dice la verdad,
quién recuerda, quién puede recordar,
quién sabe, quién supo,
quién es capaz de hablar de aquello,
de esto, de nada, de todo, de algo
quién puede ser capaz de extraerse a sí mismo de esta muela temporal,
quién se piensa capaz de removerla,
de limpiar de tiempo el tiempo,
quién se atreve a tanto
qué queda de mí sino el ahora
extendiéndose como una guerra
sobre lo de mí que queda
qué queda sino nosotros, eternos,
recreados, sólidos, efímeros
qué queda de la arcilla cuando ya no es barro,
¿quién miente, quién dice la verdad?
¿quién podría hacer algo distinto?
no
quedaba
más
tiempo
y la cabeza agonizaba crispada por la angustia
tu entrabas, salías,
hacías volar cuchillas,
escupías fuego y viejos rencores
que yo sólo podía encajar entre los dientes
(terminaron cayéndose todos ellos
—todos los dientes, todos los rencores—,
entre el agotamiento, el esfuerzo y la pérdida)
hubo lágrimas, mocos, babas, ausencia,
llanto, espanto, cristales de
vida estallando por todas partes,
inundando de diminutas heridas
el ahora,
de cientos de pequeñas rupturas
un futuro encogido de pronto
vida restallando en pedazos,
pedazos sobrevolando el tiempo y el espacio recién creados
que acabábamos de darnos
pedazos que fui reuniendo con cuidado desde entonces
sin ser capaz jamás de esmerilarlos