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de «apertura estratégica»

Tengo ciertas cosas
que decir que no son sencillas,
que no… fluyen despreocupadas
que no se largan. Y en
realidad tengo muchas ganas
de contarte, muchas ganas de poder
contarte
por qué no duermo y escribo,
por qué a lo mejor cuando te
abrazo no estoy muy en serio contigo;

tengo casi demasiadas ganas de mostrarme
y… no puedo. Y sin embargo
quizá -sólo quizá- te rehuyo a
ti al mismo tiempo que me rehuyo a mí
mismo, y me limito a sonreír y a alejarme
cuando la opresión en el estómago y
la pesadilla del futuro.
Y esto es así siempre que
miras. Y no es nada fácil no mirar
donde tú miras.

Apertura estratégica.
Lo del número de mi zapato me parece imbécil. 2000.

de metralla

O no recuerdo nada
pero quiero
o estoy burlando el tedio
con inventos
o lucido
recuerdo
cómo la mañana
nos sorprendió sobre la
hierba de la vera del río

rodeados de botellas de
cerveza vacías
con tu mano en mi mano
y sonrisas sobre la resaca,
la halitosis y la mala ostia del
despertar

o no recuerdo nada
o es que tú te has ido
y no tengo constancia
de vivir lo que
he vivido.

Metralla. 2000.

BAR

Pic00738.jpg

¡Dios!
No podéis ni tan siquiera
imaginar lo jodido que me siento,
pero intentaré explicarlo:

me siento en el sofá del
salón y me levanto,
estoy inquieto,
abro la nevera y saco un litro
de cerveza y me lo tomo
a trancas y barrancas del
cuello al fondo,
me siento en el sofá del
salón y me levanto,
estoy inquieto,
abro la nevera y saco un litro
de cerveza y me lo tomo
a trancas y barrancas del
cuello al fondo,
me siento en el sofá del
salón y me levanto,
estoy inquieto,
abro la nevera y saco un litro
de cerveza y me lo tomo
a trancas y barrancas del
cuello al fondo,
me siento en el sofá del
salón y me levanto,
estoy inquieto,
abro la nevera y saco un litro
de cerveza y me lo tomo
a trancas y barrancas del
cuello al fondo,
me siento en el sofá del
salón y me levanto,
estoy inquieto,
abro la nevera y he terminado la
reserva así que medio borracho
me encamino al bar
compasiva Biblioteca de Alejandría,
sección Rabia,
y vomito en un baño porque no
es el mío y no debo limpiarlo.

Con el estómago vacío
me siento en la banqueta de
la barra y me levanto,
estoy inquieto,
abro la cartera y compruebo
disponibilidad y pido un litro
de cerveza y me lo tomo
a trancas y barrancas del
cuello al fondo,
me siento en la banqueta de
la barra y me levanto,
estoy inquieto,
abro la cartera y compruebo
disponibilidad y pido un litro
de cerveza y me lo tomo
a trancas y barrancas del
cuello al fondo,
me siento en la banqueta de
la barra y me levanto,
estoy inquieto,
abro la cartera y compruebo
disponibilidad y me largo
completamente ido
sin saber bien qué
estoy haciendo y
buscando entre las caras
de la calle un amigo o
lo que sea
que me invite a un litro

porque mi rabia es infinita
y tiene la forma de una piedra
de sal en el estómago

y no pienso aguantar que me expliquen
que lo mío es una enfermedad
terrible y que debo someterme
a tratamiento,
más bien les sometería yo a todos ellos
por no beber lo que dé de sí el
cuerpo o los ojos o la boca o
el infierno personal que tenemos todos
en este corral idiota. No entiendo cómo
pueden tener la frialdad del acero
mientras desaparecen desaparecen
se esfuman obliterados
en silencio, perdidos
como
inviernos pasados,
alucinaciones de un segundo que
aplastó la lucidez vesánica

de los caminos de cera.

BAR (Biblioteca de Alejandría, sección Rabia),
de Metralla, 2000.