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BAR

Pic00738.jpg

¡Dios!
No podéis ni tan siquiera
imaginar lo jodido que me siento,
pero intentaré explicarlo:

me siento en el sofá del
salón y me levanto,
estoy inquieto,
abro la nevera y saco un litro
de cerveza y me lo tomo
a trancas y barrancas del
cuello al fondo,
me siento en el sofá del
salón y me levanto,
estoy inquieto,
abro la nevera y saco un litro
de cerveza y me lo tomo
a trancas y barrancas del
cuello al fondo,
me siento en el sofá del
salón y me levanto,
estoy inquieto,
abro la nevera y saco un litro
de cerveza y me lo tomo
a trancas y barrancas del
cuello al fondo,
me siento en el sofá del
salón y me levanto,
estoy inquieto,
abro la nevera y saco un litro
de cerveza y me lo tomo
a trancas y barrancas del
cuello al fondo,
me siento en el sofá del
salón y me levanto,
estoy inquieto,
abro la nevera y he terminado la
reserva así que medio borracho
me encamino al bar
compasiva Biblioteca de Alejandría,
sección Rabia,
y vomito en un baño porque no
es el mío y no debo limpiarlo.

Con el estómago vacío
me siento en la banqueta de
la barra y me levanto,
estoy inquieto,
abro la cartera y compruebo
disponibilidad y pido un litro
de cerveza y me lo tomo
a trancas y barrancas del
cuello al fondo,
me siento en la banqueta de
la barra y me levanto,
estoy inquieto,
abro la cartera y compruebo
disponibilidad y pido un litro
de cerveza y me lo tomo
a trancas y barrancas del
cuello al fondo,
me siento en la banqueta de
la barra y me levanto,
estoy inquieto,
abro la cartera y compruebo
disponibilidad y me largo
completamente ido
sin saber bien qué
estoy haciendo y
buscando entre las caras
de la calle un amigo o
lo que sea
que me invite a un litro

porque mi rabia es infinita
y tiene la forma de una piedra
de sal en el estómago

y no pienso aguantar que me expliquen
que lo mío es una enfermedad
terrible y que debo someterme
a tratamiento,
más bien les sometería yo a todos ellos
por no beber lo que dé de sí el
cuerpo o los ojos o la boca o
el infierno personal que tenemos todos
en este corral idiota. No entiendo cómo
pueden tener la frialdad del acero
mientras desaparecen desaparecen
se esfuman obliterados
en silencio, perdidos
como
inviernos pasados,
alucinaciones de un segundo que
aplastó la lucidez vesánica

de los caminos de cera.

BAR (Biblioteca de Alejandría, sección Rabia),
de Metralla, 2000.

aire enrarecido

Roto-Viper.jpgbp.jpg

1.

La vida sigue estallando,
de formas diversas, rodeando
el tiempo de luces y sombras,
de nuevas realidades
que
nucen
mis
ojos

y estoy calmado, y tranquilo, y
ya me tomé las cervezas de rigor
para digerir el pan ácimo de tu ausencia

y ya está todo claro,
mentira tras mentira en mi cerebro
y en mis venas

tengo un ojo de regalo en medio de la frente,
te lo regalo

no me sirve demasiado, o me sirve de mucho,
pero te lo regalo

haz un nido con él,
toma su viento y vuela más alto aún

no pretendo ayudarte, porque no lo necesitas,
pero toma mi regalo,

es un buen regalo, una rosa sin púas
en un momento aciago

y somos espectros de otros que o bien
fuimos en algún momento dado o bien
no fuimos nunca
y desde ahí nos vamos expresando
como podemos, entre unos y otros,
recolectando con paciencia los momentos
que nos conducen al fondo de nosotros
mismos.

No hay más intelección
en un mundo como este,
en un tiempo con un nosotros tan diluido.

2.

Sales y soles,
y ganas y descuentos y miradas de soslayo y

hay judías verdes muertas en la pila de la cocina,
bajo pilas de platos,
posos de café,
restos de pizzas
y son cadáveres húmedos
que tengo que coger con mis manos,
echarles un vistazo
tirar al cubo
para conseguir
dejar libre el desagüe
y que todo circule de nuevo hacia abajo

y adiós
fin del cuento cuando limpio el último
cubierto,
lleno de grasa y de días
lleno de empeños
y hago metáforas y te incluyo
en esto
y pienso
que tú estás de algún modo así en mi cuerpo,
una fina película de ausencia,
un leve rastro de soledad,
una fuerte cadena de eslabones de hierro
entre lo que aún soy yo
y lo que fuiste tú en algún momento.

3.

Y sales y soles y pienso:
¿en qué realidad te has metido ahora, mi niña?
Será para bien, me digo,
me lo digo todo el tiempo
para que agarre en mi mente,

para que cuaje,
para que descifre los mensajes
secretos que me llegan del miedo
aquellos que no dicen nada bueno
aquellos que me embargan
en el silencio o en la risa desaforada
en el vacío más inmarcesible
o en la juerga más ruidosa
y yo
allí en medio,
me encuentro igual de incómodo
en ambas instancias,
avatares de mí mismo que me representan
en el círculo de las cosas que siguen sucediendo
(la vida, me digo, es la vida)

y siguen sucediendo pese a todo
y yo
me pregunto
¿por qué?
¿cómo es que no se ha detenido todo?

no puedo darme una razón
(para ti se ha detenido, capullo,
lanzas actores al mundo que disimulan,
como pueden,
tu ausencia,
no estás en esto,
ya no,
estás en otra parte,
en un lugar secreto y silencioso con altares
y velas y telas y sangre y vino azúl
y collares, ahí estás todo el tiempo,
detenido con una copa en la mano y un
cigarro en la oreja,

en un profundo coma).

4.

Y ella es posible que esté
tomando cervezas y escribiendo poemas
bajo la luz del sol del mediodía,
en otro tiempo ya,
en otro círculo de la espiral,
distante ya, en otra era.

(Pero posiblemente no,
miguel, aquí caeremos todos,
porque no hay nada como
la ausencia para constatar cuanto duele
la presencia cuando se esfuma y…

enciéndete un cigarro, hazme caso,
toma este café que te tiendo,
respira,
que no se te olvide meter aire dentro,
hazlo fumando,
mezcla el oxígeno con la nicotina
rarifica el aire,
hazlo extraño, inlúcido,
amartillado y prepara la chispa,
prepara el destello
que prenderá el fuego en tus pulmones
y extenderá el llanto por todos los rincones
de tu pobre cuerpo,
enciéndete un cigarro, hazme caso,
toma este café que te tiendo,
rarifica el aire).

ganador

Lluvia, palabras muertas y una despedida.

Kovrin volvió a creer que era un genio y un elegido de Dios, recordó vivamente todos sus coloquios anteriores con el monje negro y quiso hablar, pero de su garganta brotó un chorro de sangre que le cubrió el pecho.
El monje negro. Anton Chéjov.

1.
Tú sabes,
siempre has sabido,
de qué forma quisiera avejentar
las soledades que nos
esculpen.

Estábamos en Tribunal,
alzando la noche de su apatía
sin pretensiones ni promesas,
fingiendo amar
el transcurrir insolente de los días.

Acabamos las copas y
salimos a la calle, tú corazón
era un estanque con
filtraciones que no nos
permitía seguir
espaciando la despedida.

Tú sabes, siempre has sabido,
que lo que inevitablemente debía suceder
finalmente sucedería.

2.
Tu beso alcanzó mi rostro
con un sonoro ruido de vidrios
rotos, cinceló un sendero
de mi nariz a mi frente,
y con el perfume
melancólico de lo ya extinto
se fue apagando en mi pelo.

Tú y yo,
dos realidades que se funden
y se confunden
y se van relatando iguales.

3.
Apunto a un cielo estrellado
con el tacón desleído de mi zapato.
La ciudad vomita su sodomía
de luces nocturnas.

Mientras, yo, amanezco en tus promesas.
Lo demás me estorba sinceramente.

4.
Así de extraños.
En la cama me preguntas
si me apetece una manzana.

Te leo en los ojos,
susurro algo inconexo,
inconscientemente te muerdo,
calmo, los dedos.

Te leo los labios,
me resguardo en tus caderas
mientras vamos eludiendo la mañana,
mientras vamos sudando espera,
mientras aplastamos los cigarros
contra el cenicero azul
del sótano.

5.
Me invitaste al cine, a
ver una película, creo.

La sala era perversamente
oscura, las butacas
ritualmente incómodas.

Abrimos unas cervezas,
acariciamos como gatos
nuestras piernas y nuestros respaldos.

Y del suelo salía un humo
verde, que translucía el
indeseable espacio entre
nuestros ojos y las demás
cabezas.

6.
Retozamos solazadamente
en el sofá del salón.
Acabas de asesinar la
última palabra.
De la cocina llega un murmullo
de Bach, del vecino
escuchando a Bach,
recordatorio de lo que nos molesta
por extraño e innecesario.

7.
Tus caderas ondulan
rompiendo en la arena de
mis labios.

Y tú sabes,
la noche no importa.
No importa que esté ahí fuera.
Es superfluo indagar si existe
algo que no contenga
este dormitorio.
Abre el whisky,
regálame un poema,
tú sabes
que el vacío son sólo historias
cuando sincronizamos el tiempo,
cuando lo prendemos y se hace instante.

8.
Tras la ventana la ciudad,
escupiendo sus malsonantes nombres
conocidos y a la vez extraños,
abriendo las cafeterías con sus
fascinantes borrachos,
enmudeciendo cuando canto
tu nombre, al paladear
el doliente perfume de tus
recuerdos.

9.
Y ahora…
un coche me aplasta
la pierna contra el gélido
asfalto. Grito.
No sirve de nada.
Duele.

Otros coches se adocenan
mirando, como si substantivamente
les importase
algo.

10.
Me arrastro hacia el sucio
trabajo que paga la casa y
los botes de mermelada.

Y la luz y el agua.
La puerta y las ventanas.

Qué poco de hombre permanece
en esta carcasa
enmohecida.

La luz y el agua.
La puerta y las ventanas.

11.
Un dibujo, un esbozo es
un poema. La poesía no
es extensiva.

Es una vaca torpe y gorda
saltando a una vía oxidada.

12.
Estábamos en otra parte.
En otra terraza donde el agua
orlaba la mesa de
blandos cristales incoloros.
Estábamos entre nosotros
como un muro. Ambos,
tenaces, pretendiendo ser
Nosotros: Tú y Yo.

Estábamos fumando
recuerdos que prendíamos
con palabras. En otra
terraza donde el agua
empobrecía la mesa con
inútiles lágrimas tersas.

Estábamos entre nosotros
como un abismo infranqueable.

Hubiera sido tan fácil,
tan sencillo
asesinar los que no somos,
los que seguiremos siendo…

13.
Panteón de nuestras almas,
abre tus puertas.

Que se vayan y no vuelvan
a esta coraza de carne en
la tierra.

14.
Tú pones tu mano en mi
brazo, en un solo
gesto luchas, vences, te
agostas…

Yo ya sólo puedo mirar,
impasible.

15.
Hubiera sido tan fácil
resucitar nuestro lugar en la tierra,
tan sencillo llenar las almas
plenas con el sabor proclive de la sangre,
tan simple elevar montaraces segundos
sobre el frío glacial de la hierba…

Hubiera sido tan fácil
sostener tu sueño en mis manos,
tan sencillo afianzar las
cosas rotas sobre nuestros cuerpos cansados,
tan simple ser el deseo que
deriva su singladura
en los recovecos de nuestras venas…

Hubiera sido tan precioso
almorzar en tu vientre,
tan cálido escandir sin horas
los días,
tan simple besar tu espalda
como si no fuera ya infinitos fragmentos,
dispersos míos amados…

16.
Cogiste una taza y serviste café.
Yo vomitaba el alcohol sobrante
de la noche que huía, como un perro,
con el rabo entre las piernas.

Me abrazaste fuerte y
me llamaste imbécil.

Yo no podía evitar creerte.

Encendí el primer cigarro de
la recién estrenada mañana. Tu
sonrisa se escabullía tomando
confianza en una lenta huida.

Y en tu cara tus ojos intentaban
no expresar nada. Y en tu luz
tu sombra caía fragua sobre
los campos agostados de
las palabras.

17.
Odio casi todo.
Las llamadas nerviosas de
teléfono, la obscuridad
manifiesta, la forma
que tienes de obliterarme
esquinando mis
dulces sucios llantos cansinos.

No lo niego,
odio casi todo.

Con la espeluznante sensibilidad
del herido.

18.
En el yunque de mis
ojos vas informando
la tristeza y la soledad,
con el lento e
ineluctable golpear
de tu despedida.

19.
Ahora que los días no suceden
me materializo en cualquier cosa,
me desperezo convertido en
cenicero, sólo cenizas
cubren y conforman la
gris tumba de mi
cerebro.

20.
Llamabas al Fénix que
siempre hallabas en mi
cuerpo. Yo leía a Lorca y
a Neruda tomando una
cerveza indolora.

En el sofá siempre
la lucidez me esperó
a deshoras, a destiempo.

A desgana.

21.
Apunto a un cielo estrellado
con el acero nucido de mi barbilla.
La ciudad impone sus
calendarios bastardos de
arquetipos esquemáticos humanos.

Rasco el bolsillo,
saco papel y tabaco.
Concienzudamente me lío
un cigarro y pido auxilio
a la Cabeza Roja Pulsante.

De mi costado a
mis labios, de mis
pensamientos a concentrarme

únicamente

en seguir aspirando.

La verdad es que lo
demás me estorba bastante,
casi demasiado, casi lo
suficiente como para estallar
en relucientes gotas de estaño
sobre mi lecho de hierba glacial.
Acostado.

22.
Tú me lanzaste un abrazo
en mitad del pecho que me
sorprendió despistado, me diste
un beso en la boca con
sabor a alegría.

En algo,
permites que los días
no me duelan demasiado.

23.
Estábamos en otra parte,
casi en un suelo propio
que pisar sin pies ajenos,
casi en un universo
formado solo y perfecto
por nuestros cuerpos.

Estábamos en otra parte,
en un lugar donde llovía
fuerte luz de tonos claros,
astillando todo lo
imposible, lo doliente,
lo insincero.

24.
Panteón de nuestras almas,
abre tus puertas.

Jamás encierres lo que
sufre en tu invernal manto
de inmovilidad eterna.

25.
Tú me dices perdón o
algo semejante y yo me
esfuerzo, te juro que
me esfuerzo para no
mirar el mundo
desintegrarse.

26.
Tú me dices perdón y
te muerdes el labio inferior
distraídamente.

Bajo mi nariz el café
aún arde. Todavía pronto,
demasiado pronto para
esconder mi mirada en él,
me conformo con no
elongar excesivamente el
transido crepitar de
un universo demoliéndose.

Demasiado pronto. O demasiado
tarde.

27.
El camarero vociferaba pidiendo
una ración de callos. El
intenso olor a grasa que despedían
sus cabellos se arremolinaba
en círculos perfectamente concéntricos
sobre su cabeza.

La realidad se trasladó a otra
parte desde donde ver mejor
tu cara.

Yo mordisqueaba una culpa.

Un chiquillo aspiraba
coca-cola en la barra y
deglutía patatas.

En las paredes había fotos
de toreros. Plazas de arena
hablando confusamente
con el cenicero de
nuestra mesa.

En el suelo cuchicheaban
curiosas las cucarachas.

Nada encaja. No sé qué tenemos
que ver nosotros con aquello.

28.
El café terminó por enfriarse,
aburrido de la poca atención
que le prestamos. La vida
también,
más o menos
por lo mismo.

29.
Pedimos la cuenta y
pagamos. Tú te adueñaste
de la izquierda y yo seguí
derechito, derechito al
cementerio. Como siempre
hube caminado, como
nunca con la pesantez
del desterrado.

30.
Y, sin embargo,
hubiera sido tan fácil hacer
callar a los que hablaban,
tan sencillo ensordecer
las mentiras que indolentes
trabaron,
tan simple acordar,
a sus espaldas,
un nuevo encuentro casual en
un momento cualquiera…

Pero llovía a cántaros,
palabras muertas y una despedida
definitiva.

Nosotros sólo
mirábamos.

De Kippel y/o cuentos. 1999.