Categoría: perdiendo
los tipejos de oriente

Jeje, maría y solano making cabra.
¿Qué será lo que traigan los reyes? Acaba de pirarse Koldo, que ha venido a medias a por el móvil que se dejó ayer y a medias porque ha escuchado una conversación telefónica de su madre con una amiga que debe haber sido terrible, porque no me ha querido contar nada. Hoy curro moderado de fuerza uno y medio, porque no es conveniente que el estress afecte al trabajo. Mejor bien, poco y despacio que cualquier otra cosa. He limpiado el escritorio y me siento un poco raro, con los libros ordenados, sin la ceniza y sin los cercos de café. Esto no es mío.
Ahora la calma. No sé a qué viene, pero estoy perfectamente. Lo aprovecharé mientras dure. Qué risas en el autobús con la escena de ignatius reilly en el cine viendo la película del circo. Tiene razón, occidente, la cultura actual, necesita armonía y geometría. Más nos valdría a todos dejar de hacer el capullo. Mucho mejor que hank, la verdad (joder, qué cosas digo por encima de mí mismo). He estado riéndome un poco de Garci, también, y de sus contertulios. Ayer fue descojonante ver la sucesión de programas cómicos de la dos, primero dragó y luego punset. Que le den por culo a Jim Carrey, aquí tenemos a verdaderos genios en la sombra.
Y ahora, aprovechando el tirón, os dejo con los poemas de Pizarnik, la genialidad de Cortázar en «que no se culpe a nadie» y con este relato de Fernando Sorrentino. Por cierto, nota curiosa, no puedo entrar en la página desde el curro porque en mi relato «Marionetas» pone orgasmo y saltan los filtros.
Sin embargo puedo entrar en la página de cualquier banco. Que sordidez.
Zygmunt Bauman. Modernidad y Holocausto.

Zygmunt Bauman.
Modernidad y Holocausto.
Sequitur.
Traducción de Ana Mendoza.
Primera Reimpresión: abril 1998.
Modernity and the holocaust.
Zigmunt Bauman 1989
Primera edición 1989
Polity Press-Blackwell Publishers Ltd.
La clave está en la herramienta. La herramienta de la modernidad es la burocracia (o al menos lo fue en principio, cabe preguntarse si no se habrá terminado convirtiendo la llave en dependencia). Este libro pretende demostrar que el holocausto no fue una aberración puntual de un momento dado, una especie de locura colectiva que con su lección nos ha enseñado a no repetirla nunca, sino más bien una posible consecuencia de nuestra organización burocrática. Si no lo consigue, al menos sí que nos hace darnos cuenta de que sin los medios que proporciona la burocracia el fenómeno nazi no hubiera podido hacer llegar a lugares tan extremos la brutalidad que produjo. Simplemente, sin la burocracia no hubiera tenido tantas posibilidades. Y que la burocracia es perfecta para cumplir sus propios fines, pero estos no tienen por qué coincidir necesariamente con los fines humanos. Dice él:
«El Holocausto no fue un acontecimiento singular, ni una manifestación terrible pero puntual de un «barbarismo» persistente, fue un fenómeno estrechamente relacionado con las características de la modernidad. El Holocausto se gestó y se puso en práctica en nuestra sociedad moderna y racional, en una fase avanzada de nuestra civilización y en un momento culminante de nuestra cultura, es, por lo tanto, un problema de esa sociedad, de esa civilización y de esa cultura.»
Lúcido. Terriblemente lúcido.