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privado de sueño por gracia real

Anoche, con roy y cisneros, seleccionamos 16 canciones de entre unas sesenta para arrancar la nueva temporada como cantautor, o algo. Tengo una audición el lunes en un garito del centro. No fue fácil, no es que nos gustasen todas, es que todas tenían un pedacito de vida que hemos vivido en este año. Ni pensar en meter canciones anteriores a este último año, a ver dónde las calzo. Al final voy a hacer conciertos de 37 horas…

Roy se curró la cena. Después limpió la cocina. Un fiera.

Después nos fuimos de fiesta donde la fiesta estaba. Estuvo, se acabó y nos volvimos a las siete de la mañana.

Ahora estoy aquí, en el escritorio, estudiando las canciones de un grupo. Tengo una prueba con ellos a las seis. Fer está allí, es el guitarra. Jara. Supongo que siempre será Jara. Después volveré a casa, a tomar unas cervezas y ensayar mis doce canciones (previa eliminación de cuatro), y a grabarlas en condiciones si me deja de picar la garganta. Llevo algunas canciones también a la prueba, porque son más de caña que de cantautor. A ver qué tal. Luego Jaldón toca en la sala sol, sobre las once. Espero estar allí.

Y luego caeré derrotado en la cama, si no pasa nada más, y con suerte me iré a dormir… dormir… dormir…

hipostasía de barra II


Gracias por la cena.

hipóstasis.
(Del lat. hypostăsis, y este del gr. ὑπόστασις).
1. f. Rel. Supuesto o persona, especialmente de la Santísima Trinidad.

rae
…………………

Es de agradecer
que no haya habido víctimas,
que en estas tardes
tan complejas pueda aún
mirar mis manos, mis
ojos en el espejo.

Es posible que deba agradecer
sentir aun la sangre en
mis lagrimales, tersando
la piel de la cara,
que deba dar gracias
por seguir respirando,
por no perder la savia
vital o visceral de mantenerme
en pie
por mis propios pasos.

Es posible.
Mientras tanto, mi
corazón es un saco
de daños
colgando de un costado.

grandes y pequeños

Hay voces lentas. Hay voces que no se quieren. Voces que hablan despacito, con cuidado, temiendo hacerse daño al hacerlo. Voces que tienen miedo, que por algún confuso motivo sienten pánico ante las perlocuciones (la intención no cuenta cuando otro interpreta). Hay voces que temen que lo que tienen no sea nada, que no signifique nada.

En algún punto remoto de mi infancia me di cuenta de que era pequeño.

Eso le pasa a todo el mundo.

Algunos al sentirlo decidimos (de algún modo) hablar mucho y muy seguido. Hacernos (parecer) grandes para que nadie se diera cuenta de lo pequeños que éramos.

Otros se metieron dentro de sí mismos, por lo mismo, para que nadie se diera cuenta de lo pequeños que eran.

Nosotros hablamos a gritos, con grandes aspavientos, con efectos de luz y sonido para deslumbrar al de enfrente (no podemos dejarle ver que somos pequeños).

Ellos hablan en susurros, despacio, temiendo hacerse daño cuando hablan. Es muy difícil escuchar sus voces, hay que estar atento y en silencio. Un leve soplido, pequeño. No saben hablar. No lo han hecho nunca. Pero, cuando lo hacen, a nosotros, los de los gritos, nos apetecería quedarnos callados mucho, mucho tiempo. Sólo escuchando.