(ya pasó, vino bien fuerte esta vez, caló hondo, pego duro, pero uno es un fajador a estas alguras y capea el temporal con autocrítica y un increíble cinismo, ya estoy de nuevo de güen humor pa lo güeno y pa lo malo. No me preocupan los bajones porque son tortuosos y veo cosas de mí mismo que jamás sería capaz de ver en mis cabales, o en mis goznes o como se quiera, son la mierda que hace que las flores arraiguen con más fuerza en el humus de las cosas, una sonrisa si es plena siempre lleva treinta miserias inscritas detrás).
Categoría: perdiendo
rosas urbanas
Me añurdo los días de lluvia. Me añurdo si no bebo, como Robe. Me añurdo melancólico los stores levantados. Devenir que no deviene, siempre en latencia. Me paro a oler las rosas urbanas (conversaciones, juergas, guitarreos, libros, poemas, versos, cafés con leche, cigarros lentos, ojos, labios, bocas, brazos, sexos-nexos, circunvalación de piernas, cervezas rubias y negras, con espuma siempre, miradas secretas, bics, paseos bajo la lluvia solo o acompañado, manos que tiendo y que recibo a cambio) porque el devenir no deviene, siempre en latencia.
De otro modo, más o menos mitológico, in illo tempore, hablo de lo otro, de lo perdido, esbozado en un relato oral que susurro, me digo, redundando y lastimando lo que inspiro, en un esfuerzo conjunto (mis yos) de tapar un agujero con tierra fresca.
el nombre

No quiero ya de ti tus besos.
Ya de ti te quiero todo.
Que los besos se me quedaron cortos.
Cuando pienso en las horas. Cuando pienso en lo silencios. Cuando pienso en los ratos en los que, solo, la anamnesis de lo que nunca conocí de antemano, los besos, los labios, los… (estamos tocando la guitarra y el tema es middle nano, «me siento tan pequeño», dice, y realmente me lo siento tanto… tanto.. tan grande como soy (que lo sé), me siento tan pequeño… tan escaso, tan ajeno, tan forzado, tan lejano de, tan falto, carente sobre todo de…) Que los besos se me quedaron cortos porque, ay, tus manos, tus propios silencios y las yagas de tu boca, las yagas de lo circundante cuando ya no sé, quién es, cuando ya no entiendo, quién fue. Dónde estamos, mia cara, dónde nos andamos (en caminos paralelos que conducen igualmente a ningún lado) pero es la distancia de las cosas la que separa, y no las cosas mismas cuando… Nunca (o hace mucho tiempo desde) la cama fue tan grande, tan espaciosa, tan para dos.
Nunca (o hace mucho tiempo desde).
Es igual, it’s the same thing, creo, I think, I believe.
and esta noche la guitarra me reveló su nombre, por fin, tras nueve meses (todo un parto) y se llama mi niña mientras yo me doy de cabezazos contra las paredes. ¿Querías saber qué…? Pues «qué» es esto. Estabamos tocando, alto y claro, y le di un beso (a la guitara), un beso lleno de amor por ella, por esas cuerdas que son tan Verbo, tan Logos, que no cabe discusión alguna… y pensé en ti (¿cómo no?) y me sonrojé. Y por disimular el affair de lo que estaba sucediendo me abracé a la guitarra y no había quién, no había cómo separar lo indisoluble y pensé…
no dejé de pensar esta es mi niña.
y se murieron ipso facto los polvos, y las huídas en cuerpos ajenos (se me entiende) y el fuego que no es sino hielo y me dije: esta es mi niña; para mis adentros. Y después el silencio.
O no le llames nada. Como si nada hubiera sucedido.
Y… nada…