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nocturnos

Ahora mismo me pregunto, medio borracho, si hank debía saber que no había expiación para nada. Y me lo pregunto porque hace un rato me he preguntado si había algún camino bien cimentado, y me he dado cuenta de que no hay expiación sin camino, porque no hay forma alguna de lograrla sin él. Le veo en los videos de BARBET SCHROEDER y le voy mal traduciendo, mal trayendo, la voz tomada y el tiempo cano. Así puedo llegar a entender los palos de ciego y el abandono, el me desentiendo de todo. La vida es bonita, vaya si lo es, pero no tengo duda alguna de que carece absolutamente de sentido corpóreo, tangible, plausible. Primero viendo a Moore y después a hank es difícil no percibir el absurdo en el que estamos embarcados.

Y no importa mandar a alguna ex- a freir espárragos, ni que el vecino me haya denunciado otra vez porque leo poemas demasiado alto, ni que en el curro me este descuajeringando para nada, ni que el alquiler venza y no tenga dónde caerme muerto, ni que la cerveza malcubra el agujero en el que estoy sentado confrontando agujero con agujero (el ano contra el existencialismo). El caso es que no se está del todo mal tomando unas cervezas y viendo a hank un rato, fumando un cigarro reventado contra el respaldo de la silla. Y me pregunto qué expiación es posible cuando no hay camino. Y me pregunto por qué todo el mundo está empeñado en encontrarla, de uno u otro modo. Y me pregunto, en cualquier caso, por qué he de presenciarlo quiera o no. Decía el jugador de Dostoievski: «¡No hay nada más estúpido que la moral en estos trances! ¡Oh, los individuos satisfechos de sí mismos! ¿Con qué orgullosa ufanía están siempre dispuestos esos charlatanes a endilgarles sus sentencias al prójimo!». Y lo importante viene después, pero habrá que leerlo. El tema es que quien comprende lo abyecto es únicamente quien está metido de lleno en ello, y sólo él es capaz de ver que no hay camino, y como corolario tampoco hay expiación posible más que pasar el rato, tomar unas cervezas, profundizar en los otros lo que se pueda y echar unas risas, tocar la guitarra y hacer el amor después, ébrio y vacunado. Hacer el amor con una mujer realmente hermosa, más alla de trasuntos físicos, es una de las mejores cosas que hay sobre la faz de la tierra y que habrá jamás. Y escribir una novela o ganar una guerra o ser un genio son asuntos bastante secundarios, bien mirado. Y ser un buen profesional y saber cambiar un enchufe y arreglar las cañerías son asuntos secundarios que se hacen porque la propia entropía del vivir, de la labor en cuanto trabajo, lo requieren. Y si el mundo se levanta o se hunde es cosa suya, porque a mí nadie me ha preguntado nada.

imagen seis

Tal vez te diste cuenta que aquello de fuera no era tan grande. No lo sé.

Tal vez fue otra cosa, tal vez, como dijo el cusano, todo sea un trasunto interior que explende o irradia hacia fuera, transformando el mundo.

Quizá por eso siempre tienes lo que te llevas. O quizá por eso tarde o temprano siempre te alcanzan los mismos problemas, por muy lejos que te vayas. Entonces toca partir otra vez, y otra vez para nada. Hay un tipo de maleta que nunca puedes dejar en casa.

No tengo ni idea.

de vuelta ya

La educación es un impedimento a la hora de hablar. Los que escuchan asienten, pero no retienen nada. No importa lo que digas.

Lo que me jode es que, al final, constato por todas partes que la única forma de ser comprendido y, a la postre, respetado, es a gritos. Qué triste.

Me hubieran gustado tantas y tantas cosas que he perdido la cuenta de los desengaños. Los únicos que me han entendido alguna vez tienen los oídos heridos. Y eso que yo les dije a todos lo mismo.

Si no gritas pecas de tonto, y tiran de ti hasta que rompes la cuerda.

Pero, al contrario que al hablar, en este caso romper la cuerda es hacerlo de una vez y para siempre. Nunca han entendido nada. Y ya es tarde para que lo hagan.

Adios a todos los que no quisieron escucharme. Que os vaya bonito.