Quizá tengo un corazón como un mundo entero, no digo que no. Casi nunca digo que no, hay cosas mucho más bonitas que decir en cualquier caso.
Siempre hay cosas más bonitas que decir, incluso cuando callas, o cuando hablas en silencio.
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Quizá tengo un corazón como un mundo entero, no digo que no. Casi nunca digo que no, hay cosas mucho más bonitas que decir en cualquier caso.
Siempre hay cosas más bonitas que decir, incluso cuando callas, o cuando hablas en silencio.

Vías, caminos que transcurren paralelos en la linealidad del tiempo. Un cigarrito, un café, y me pongo a leer el correo. En tanto tiempo hay cosas que quiero ver y cosas que están aunque no quiero. La vida es una caja de sorpresas, en eso estoy de acuerdo, pero no todas son buenas. Tampoco todas son malas. Son lo que son, supongo.
El caso es que el pasado es un bicho que anda de lado, jodido y molesto porque no le hacemos caso, jodido y molesto porque ya no llega, nervioso y preocupado porque no es ya el gallo del corral y le jode, le está jodiendo dejar de serlo. Le preocupa perder protagonismo, supongo.
Pero yo estoy aprendiendo que las cosas muertas, adosadas a los costados como cartucheras de un revolver oxidado que ya no dispara, es mejor tirarlas, deshacerse de ellas, es necesario dejar de portar pesos muertos.
Como las hojas de la Costilla de Adán del salón. Las hojas muertas se desprenden con un ligero tirón, pero si no le das el tirón pueden quedarse allí, colgando, toda la vida. Siempre debimos llamar ayer al ayer, y no recuerdo. Qué frase más sensata, dios mío.


¿El anticuario? El mismo, pero desde otra parte. Corriendo por los pinos y derrumbando laderas y bañándose en el mar. Luego volví, a lo mismo, pero nunca volvió a ser lo mismo. De momento, al menos. Uno siempre sube y baja, baja y sube y siempre en la misma montaña rusa, pero con diferencias.
Bueno es saber que en todo camino hay un camino.
Respuestas inesperadas: ¿se puede huir de uno mismo? Evidentemente, pero… ¿quién quiere huir de uno mismo? Uno quiere huir de aquel que no es y que se ve forzado a ser todo el tiempo. El otro, el que se manifiesta cuando se detiene el tiempo y no se es, no puede ni quiere escapar de sí mismo.
Respuestas inesperadas.