Al final, algo extraño, todo sale, todo se mueve. Todo vuelve, renqueando, a funcionar.
Y no sabes si funciona o si renquea, o si ambas cosas a la vez suponen algo bueno.
Pero funciona, qué carajo, y para alguien acostumbrado a perder un empate es toda una victoria. De hecho, ya lo dije, la victoria está sobreestimada.
El problema es el vacío (ya sé, ya sé…)
