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Un gobierno en funciones no puede aprobar la ley Sinde

Hoy verás este texto en decenas de blogs. Si estás de acuerdo con él, reprodúcelo donde consideres oportuno.

Ante la previsible aprobación de la polémica “Ley Sinde”, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet seguimos manifestando –como hicimos en el Manifiesto de 2 de Diciembre de 2009- nuestra firme oposición a una norma que incluye modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet.

En principio no parece de recibo que un Gobierno en funciones adopte esta decisión en su último o uno de sus últimos Consejos de Ministros. Sería doblemente grave que se confirmaran las presiones ejercidas por EEUU, a través de su embajada en Madrid, como revelaron los cables de Wikileaks.

En todo caso insistimos en estos razonamientos:

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

autodespedidas frustradas

Toc, toc.

Llamaban a la puerta. Es lo único desagradable de las puertas, si es que algo tienen, que no sólo sirven para entrar. También sirven para golpearlas esperando entrar. Como si la radiación residual de la vida que fluye no fuera suficiente dentro de los límites de mi estricto territorio como para no dejar huella en las vetas de madera de imitación que la surcan de arriba-abajo. Cosas de la vida en toda época. Y de la mía de cuando en cuando.

No llamaba nadie, por supuesto, era un acto reflejo, relacionado con mis últimos cambios de identidad en los internetes. Al final encontré un correo que me gustaba más que anticuario, y pese a estar muerto y enterrado no podía dejar de joderle abandonar el protagonismo que siempre ha tenido. Me hubiera gustado darle un vinico, y como lo tenía se lo di. Dejé el ordenador y me senté conmigo mismo en el salón, encendí la tele y le quité el volumen. En silencio mucho mejor. Un acto reflejo puede tener una ingente cantidad de sed, pese a serlo. Llevo tanto tiempo en medio de esta despedida que no tengo muy claro cómo hacerla efectiva de una vez por todas. Pero es lo que tienen las despedidas que no se quieren del todo: que tardan. Pero tampoco se quieren evitar, así que tarde o temprano suceden. A eso vamos.

Ah… las despedidas…

Es mejor cuando tienes algo que hacer, porque entonces a la despedida le puedes asignar un tiempo: «tengo media hora para esto, disfruta el vino». El tipo me mira con el abandono de un condón en medio de la nada en el campo. Con esa cosa de «qué va a ser ahora de mí» que dificulta las cosas y las hace trabajosas. Con ese tipo de chantaje psicológico, no sé si lo explico bien. Abre un litro imaginario y le da un largo sorbo y me sigue mirando, como si pudiera resolver algo con eso. No tiene nada que decirme porque no tenemos ya nada que decirnos. Eso es todo. Es complicado de explicar pero eso es todo. Como no puedo hacer nada con él le cuento mis planes. Le digo que el finde estaré en Santander tocando con Surf & Sun. Asiente. Le digo que el finde siguiente estaré con Torroroso, que se acerca desde Barna para pasar un finde aquí en mitad de la nada. Asiente. Le digo que he vuelto a coger la guitarra y que parece que van saliendo cositas, que llevo casi 200 páginas de «El año que no follamos» y todavía no me parece que esté escribiendo una mala novela. Asiente. Le digo que tengo varios curretes en diseño web. Asiente. Le digo que empiezo mañana el Nanowrimo, y que aunque esta semana no voy a poder hacer mucho espero poder recuperarme la semana que viene. Asiente.

No tiene sentido hablar de nada, así que me callo.

Él se toma su cerveza, yo le pego duro al vino. Espero a que la media hora asignada se agote. Cuando llega el momento apaga el cigarro en un cenicero inexistente y me da un abrazo. Se lo devuelvo. Le acompaño a la puerta, que además permite que las cosas salgan de este multiverso personal. Me mira en el dintel, pero ni siquiera entonces tiene algo que decirme, y se da media vuelta hacia el ascensor. Al final le cojo y le abro el sofá-cama y le digo que se quedé ahí un tiempo, lo que necesite. Cierro la puerta, escribo esto y vuelvo a preparar las canciones del sábado.

Quién sabe. Llevo un tiempo viviendo, y hay cosas que se quedan como sacos adosados a mis costados. Nunca comprendo muy bien por qué no me deshago de ellas. Pero tampoco por qué debería hacerlo. Al final lo único que sigue sucediendo siempre es la vida. Eso no hay manera deseable de evitarlo. Lo demás es elección nuestra.