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raros

Días extraños… Ayer, nada más llegar del curro, me dejé embriagar por la agradable tarea de limpiar una casa que no se ha tocado en un mes. Menos mal que después me dio por colocar los nuevos cuadros de Lele (una pasada) y que después llegó Ortondo, al que no veo hace un par de meses, y hablamos de todo lo nuevo y todo lo viejo. Después nos vamos a por unas raciones, que nunca están de más, y presiento que algo está más o menos torcido, porque Ortondo pidió un trinaranjus, lore una coca-cola y yo un litro de cerveza. Luego, ya solos en casa, nos cabreamos jugando al continental (porque ahora tenemos la facilidad de cabrearnos con cualquier cosa) y me fui a la cama, estaba roto. Hoy es miercoles, mañana recital de poesía, pasado fiesta en el Algete urbanizado de Daniel Hare y pasado… yo qué sé. Soy libre, ya no tengo que estudiar y voy a ir haciendo todo lo que no he podido en este último mes. Lo prometo.

Juro que no me dejo pensar en lo que no quiero. Lo juro. Bueno, pero a veces se me escapa, eso dificulta la convivencia. Luego sigo, que me miran. No estoy sólo. Decenas de ojos analizan cada mínimo detalle. Me voy a comer una naranja, a ver qué hacen.

beso grande, tierno y despreocupado

No he podido leer nada, acabo de llegar de la facultad, donde he hecho el examen de filosofía de las ciencias sociales. Al final la revisión ha sido oral y, tras dos horas infinitas, me ha dicho que mi nota será mínimo notable. Viva Popper, Quine, Mill, Marx y todos los demás. Al llegar me he puesto a hacer el nuevo sistema de votaciones y, escepto algunas cosas que aún no he traducido al castellano del original en inglés, ¡funciona! Después he abierto el correo y he visto un mensaje del profesor de ciencia y comunicación en el que me dice que me pone un sobresaliente por el trabajo. Joder, ya era hora de un buen día. Ahora sólo falta que llegue Lore y me de un beso grande, tierno y despreocupado. Nos vemos esta noche.

impotencia ante lore

Bien o mal o mal o bien hace dos tardes que terminaron los exámenes. el jueves cogí a Lore y a Leti no nos fuimos a la Estación a chuzarnos rajando y destrozando una mesa de billar. La noche tranquila, nada peligrosa, al día siguiente resaca bruta en el curro y mucho sueño. No le hablo a casi nadie de mi examen e intento pasar despercibido, porque yo creo que me he levantado aún borracho. Después llego a casa, sigo preparando la nueva librería de café y cigarro e irresistiblemente me duermo. Me levanto a tiempo para ir a ver a Doctor Grillo en el Búho Real. El concierto es brutal, Paco canta bien y Raul es una cosa inmensa con la nueva guitarra que le han hecho. «Una botella y dentro el mar», Voyager I. Después salimos, pasamos por el profesional a tomar unos vermuths que hoy, por ser fiesta, ponen a tres euros. Casi lo vomito. Luego tengo una conversación con Lore (últimamente salimos a una diaria) en la que se me sigue mostrando con mayor profundidad la tridimensionalidad de los problemas de Lore con el mundo y, comprensivamente, conmigo mismo. No doy ni cinco duros por la relación. Ella necesita cosas nuevas, conocer a imbéciles en fiestas, exponer, salir, entrar, recibir influencias nuevas de nueva gente. Yo puedo ser lo que quiera excepto sorprendente por nuevo. Eso lo tengo claro. Me guardaré para mí la brutalidad de argumentos que arden en mi cerebro y que, en este caso, no sirven para solucionar absolutamente nada. Hay cien mil cosas dolientes ahí. Es la impotencia lo que más duele. Aunque tengo clara la ubicación del problema y su insignificante importancia real y tengo la sensación de que la solución es un error estúpido, no puedo hacer nada para comunicárselo a Lore. Sólo puedo esperar e intentar no perder los estribos demasiado, no tener accesos de ira. Adios, diario. No quería pensar en esto.