# perdiendo.org/museodemetralla

entraron en mi cabeza (202) | libros (21) | me lo llevo puesto (7) | pelis (2) | Renta básica (9) | series (6) | escasez (2) | frikeando (94) | arduino (1) | autoreferencial (11) | bici (1) | esperanto (4) | eve online (3) | git (2) | GNU/linux (4) | markdown (7) | nexus7 (2) | python (7) | raspberry pi (3) | vim (1) | wordpress (1) | zatchtronics (3) | hago (772) | canciones (162) | borradores (7) | cover (45) | el extremo inútil de la escoba (2) | elec (1) | GRACO (2) | guitarlele (11) | ruiditos (11) | Solenoide (1) | fotos (37) | nanowrimo (3) | novela (26) | criaturas del pantano (5) | el año que no follamos (12) | huim (5) | rehab (4) | poemas (363) | Anclajes (15) | andando (3) | B.A.R (7) | Canción de cuna para un borracho (38) | Cercos vacíos (37) | Cien puentes en la cabeza (7) | Conejo azul (6) | Contenido del juego (5) | De tiendas (3) | del pantano (3) | Destrozos (2) | Epilogo (4) | Fuegos de artificio (5) | Imposible rescate (15) | Jugando a rojo (7) | Libro del desencuentro (2) | Lo que sé de Marte (11) | Los cuentos (21) | Montaje del juego (5) | Orden de salida (4) | palitos (31) | Piernas abiertas (7) | Poemas medianos (12) | Privado de sueño (7) | rasguemas (5) | Tanto para nada (17) | Todo a 100 (2) | Uno (4) | relatos (97) | anatemas (9) | orbital (2) | prompts (8) | vindicaciones (103) | perdiendo (1.719) | atranques (1) |

lo que no

De cuando en cuando me pregunto qué habrá sido de las cosas que no hice. Es un poco dramático dicho así, pero me pregunto qué nombre tendrían los hijos que no he tenido. Dónde guardaría las fotos de los viajes que no he hecho. En qué lugar de la agenda del teléfono tendría los contactos de la gente que no he llegado a conocer. Dónde tendría almacenados los recuerdos que se podrían haber generado con las novelas que no he escrito.

Un poco eso. No tanto como un ejercicio nostálgico o lleno de melancolía, sino más bien como un debate sobre el estado de la no-nación. Con curiosidad y bastante intriga. Un what if? de libro, realidades alternativas de caminos que se fueron abriendo y no cogí.

Y la verdad es que no se queda todo ahí, porque de cada uno de esos surgirían cientos de otros que se desbloquearían al abrirse el primero. Es cierto que cuanto más vives más no-opciones se acumulan, no es lo mismo hacer esa especie de ejercicio a los 18 que a los 46. El pasado pesa y ocupa espacio en los significados y en los recuerdos, pero el no-pasado multiplica todo eso hasta hacerlo un poco insignificante. Insignificante por volumen, no por nada más. Hay más en mí de lo que no he sido no he hecho no he tenido no he sentido no he dicho que de todo lo que alguna vez he sido hecho tenido sentido y dicho.

Eso, si le echas un vistazo de cuando en cuando, también pasa a ser parte de ti. También influye, también anima o limita, tambien te abre puertas o te las cierra. No voy a poner ejemplos porque es un sitio muy extenso al que ir, sólo digo que si te quitas el rollo positivista y el negativista, el que te dice que eres lo mejor que podía haberte pasado y el que dice que cualquier cosa habría sido mejor que esto, puedes examinar las cosas con un poco más de atención y mucha más lucidez. ¿Para qué? Pues supongo que para nada en concreto, sólo por ser algo más consciente de por qué no eres lo que no eres, para acoger lo que desechaste por un motivo u otro en su momento y concederle un pequeño espacio en tu persona. No sé si uno grande o uno pequeño, quiero pensar que más o menos el que merece (aunque no tengo ninguna prueba de eso).

—Hola, no-yo. Pasa, al fondo queda algo de sitio. Estoy contigo en un momento.

Abrir esa puerta a ese infinito puede tener sus cosillas, pero creo que merece mucho más la pena lo que da (porque da) que lo que resta (porque también resta). Al menos es interesante, y eso es mucho más de lo mucho que se puede decir de muchas cosas. Dadle un tiento y hablamos.

hurt

|descargar|

Solo he encontrado una versión con guitarlele, así que ahí va una con guitarra

I hurt myself today
To see if I still feel
I focus on the pain
The only thing that’s real

The needle tears a hole
The old familiar sting
Try to kill it all away
But I remember everything

What have I become
My sweetest friend
Everyone I know
Goes away in the end

And you could have it all
My empire of dirt
I will let you down
I will make you hurt

I wear this crown of thorns
Upon my liars chair
Full of broken thoughts
I cannot repair

Beneath the stains of time
The feelings disappear
You are someone else
I am still right here

What have I become
My sweetest friend
Everyone I know
Goes away in the end

And you could have it all
My empire of dirt
I will let you down
I will make you hurt

If I could start again
A million miles away
I will keep myself
I would find a way

palimpadero

Mae llevaba toda la semana intentando hacerme perder el control. No quería tenérselo en cuenta, pero me estaba costando. Avanzaba hacía mí con sigilo y me tiraba al agua. Una vez dentro se zambullía a mi lado y empujaba mi cabeza hacia abajo y la mantenía ahí un buen rato. Yo le daba codazos y patadas esperando hacerle el daño suficiente como para que me soltase, pero no solía funcionar. Ella siempre fue mucho más fuerte que yo. Después me ayudaba a salir y me sonreía y me decía eh, chico, tampoco ha sido para tanto, ¿a que te has divertido? y se alejaba dejándome allí boqueando y escupiendo medio ahogado.

La laguna estaba cerca del barrio. Había que tener un poco de cuidado porque antes había sido un viejo almacén y si no te andabas con ojo podías hacerte daño con algo. Al menos eso me decía constantemente mi padre, pero yo nunca vi nada. Cada cierto tiempo circulaba el rumor de que alguien se había encontrado un meka olvidado podrido de herrumbre que todavía respondía, aunque para que te lo enseñaran tenías que tener contactos. Yo no los tenía, así que cuando les veía emocionarse les seguía. Las tres o cuatro veces que lo hice no llegaron a nada, daban un par de vueltas por los alrededores y, cuando se hartaban, volvían. Cuando volvía a circular el rumor no parecía importar que la vez anterior hubiera sido en balde, se lanzaban ilusionados de nuevo. Eso se me escapaba un poco.

Alguien se llevó el contenido de ese viejo almacén a otra parte, y otro alguien preparó el terreno vacío para hacer la laguna. Mi padre no recordaba quién había sido, Mae tampoco. Por lo que yo podía saber aquello podía haber estado ahí desde siempre.


Así que estábamos viviendo en Rosaverde. Mi padre y sus amigos siempre me decían que tenía mucha suerte. Aire limpio, lanzaderas de residente con viajes a mitad de precio, un futuro asegurado. Yo lo único que veía es que estábamos lejos de los sitios donde las cosas suceden e importan, de lo que se veía en los 3D y en las noticias. Ahora es diferente, Rosaverde es casi el centro histórico de la civilización, pero la cosa no era así por aquel entonces. Por aquel entonces no había nada dando vuelta tras vuelta al planeta más que la Luna y aquel orbital, lo que me producía la sensación constante de estar lejos de las cosas que importaban aquí pero sucedían en otra parte.

Era un terreno intermedio un poco tonto para vivir, la verdad. Cuando no nos bombardeaban con historias de contratistas encontrando vetas y volviéndose ridículamente ricos en los planetas exteriores, lo hacían con otras de diseñadores de software encontrando la piedra filosofal en oficinas sin ventanas llenas de cajas de pizza y latas de cerveza abajo en la Tierra. Todos queríamos ser ellos cuando creciéramos. A veces unos, a veces los otros, pero la primera lección que me quedó bastante clara es que no teníamos juegos en los que fuéramos a ser algo justo donde estábamos.


Palimpadero era el nombre de la laguna. Lo ponía en un cartel a la entrada. Había que seguir un diminuto camino de tierra asaltado por la vegetación que arrancaba entre mi casa y la de nuestros vecinos. Eso era una ventaja para llegar allí antes que los demás y darse un primer baño tranquilo, pero me hacía sentir que yo vivía justo donde el barrio dejaba de serlo, de estar en las afueras de las afueras.

Mae me acompañaba. Éramos los primeros en aparecer y yo la veía caminar adentrándose en el agua paso a paso hasta que sumergía la cabeza y la sacaba para empezar a nadar. Se iba hacia dentro y, sólo entonces, yo iba detrás de ella.

El camino, cuando terminaba el verano, era ancho. A partir de ahí iba difuminándose poco a poco, muy despacio primero en otoño y más rápido en invierno. Cuando volvíamos a él en primavera casi se había vuelto invisible, aunque nunca dejó de estar lo suficiente ahí como para no poder retomarlo.


El tráfico de cargueros fue siempre incesante, quizá ahora lo es todavía más. Rosaverde se convirtió en el centro de producción de una humanidad cogiendo impulso. La contaminación se expulsaba al espacio, y desde allí pasaba a orbitar el planeta en una especie de nube cadavérica que no podía afectar más que al vacío que la rodeaba.

Había ese tipo de triángulo que lo explicaba todo. Se minaba en los planetas exteriores, la producción se traía al orbital para fabricar lo necesario, los productos manufacturados se enviaban a la Tierra para ser consumidos. Nosotros vivíamos en suburbios de horizonte cóncavo que componían, uno a uno, la circunferencia. Trabajábamos en maquilas, vivíamos bien, teníamos el futuro asegurado.

Aquí arriba estábamos dedicados a eso. Abajo estaban los que podían permitirse comprar y los que no habían tenido la suerte suficiente para ser parte del relleno de los cupos.

Mae me hablaba de esas cosas, pero de otro modo. Me hablaba de ello obviando algunos detalles. Nosotros queríamos ser programadores o mineros, y ella me repetía constantemente que yo estaba muy bien donde estaba, que no tenía que buscar más. Mae no era exactamente metálica. Si apretabas su brazo podías percibir en ella una dureza que no era muy normal, pero si no lo hacías sólo veías a una chiquilla rubia y delgada con un sentido del humor un poco salvaje.