La voz
(que lo era)
retumbaba en los rincones,
en las galerías de vidas que se vivieron
deprisa, entre las cuatro paredes
desarmadas y desasidas.
Autor: miguel
Mundanidades.
Mientras una gastroenteritis, o lo que coño quiera que sea esto, me retiene en casa, y después de hartarme de repasar los manuales de historia de la filosofía que aún tengo por ahí (una forma como cualquier otra de tortura, joder, autoflajelarse dicen que es un camino a la pureza sin pasar por la casilla de salida), hago un repasito mental de la situación actual, y joder si me gusta.
1. Encontrar casa sin que intenten estafarte debe ser que es imposible.
2. Intentar permanecer en la misma casa sin que a algún vecino se le hinche la vena debe ser incompatible con mis aficiones más simples.
3. Me siento como una aplicación periférica del baño.
4. No tengo leche.
5. No tengo tabaco.
6. Intentar que no te suban el alquiler al finalizar el contrato me da (y aún no lo sé) que es más que imposible.
7. Pero se me da bien escribir con los diez dedos, lo que ya es algo.
Y voy a remolonear en mis desgracias a gusto hasta que, más tarde, venga a verme quien me susurra extrañezas al oído, porque entonces volveré a ver todo rosa, estupendo y fascinante. Hay que tener de todo en esta vida, he oído decir.
sobre
Escuchando los cd’s que ella me grabó, mientras escribo esto, me viene un recuerdo de Alta Fidelidad. Un by-pass, solamente, un breve destello de felicidad.
Y me doy cuenta del arrobamiento extremo y casi patológico cuando voy caminando por el bulevar de siempre, levanto la bufanda que ella me dió, impregnada de su olor, hasta cubrirme la nariz, y cierro los ojos. Un segundo, dos, tres de totalidad pasmosa. Un segundo, dos, tres antes de abrirlos para no desgraciarme contra nada. Vuelvo a cerrarlos, un segundo, dos, tres de sentido completo, de plenitud.
No es que esté todo dicho y que yo me vacíe para darme entero. No, no es eso. Admito la invasión porque yo la quiero, porque yo la busco. Escucho los cd’s con la bufanda y como su tarta de queso, porque entre otras cosas sus manos estuvieron ahí, y su cuidado, y su ilusión por hacérmelo o por dármelo o por hacerme feliz un rato. El mundo se enriquece en el mestizaje. El mundo se agranda.
Y eso es, en líneas generales, el orden y estado de cosas. No sé cuándo el mundo dejó de ser mito. Pero lo he echado de menos. No todo vale. No vale cualquier cosa, cualquier refuerzo propio. Sólo saber reconocerlo cuando aparece.
Bendito mito. Que le den por culo a la racionalidad y el empeño, me quedo con esto.