Seguimos cimbreando ostias con no sé qué viejas relaciones y me pregunto, en definitiva y en serio, qué pensar sobre todo esto. Nunca ningunear. Nunca sobrar. Nunca pensar en nunca.
Todo sigue.
| uno | canciones | poemas | relatos | fotos | vindicaciones |perdiendo | temporada XXIII
Seguimos cimbreando ostias con no sé qué viejas relaciones y me pregunto, en definitiva y en serio, qué pensar sobre todo esto. Nunca ningunear. Nunca sobrar. Nunca pensar en nunca.
Todo sigue.
Cansado, no suelo poder escribir. No suelo, porque estoy cansado. Demasiado curro, demasiados líos estúpidos en que ocuparme. Pero siempre al final del día pienso, y no está de más pensarlo. Qué suerte. Qué condenada suerte tengo mientras todos están en el salón divirtiéndose y esperándome.
Que puta suerte.
No he podido pasar por aquí en algún tiempo, demasiado amodorrado (en cierto sentido) en reuniones sindicales y noches acompañado. Si el lunes y el martes fueron de quetes y el galego, el miércoles y el jueves fueron tan de N. que duele recordarlo sin volver a instalarme en ellos con pretensiones de hacerlo para siempre.
¿Tan bonito fue? Vaya.
No sé si decirte lo siento, amigo mío.
Un perdedor, cuando coge altura, entiende la caída como algo inherente a la misma subida.
Pero eso serán cuestiones que habrá que relatar cuando lleguen. Me he dado vacaciones hasta el lunes, vacaciones mentales, para no demorarme en lo que se me viene encima. Que es bastante. Reuniones y quedadas es lo de menos, alquiler e inmobiliaria es lo de más. Me pregunto por qué hay que estar siempre repartiendo ostias para llegar a algún punto concreto sin que te confundan con el pito del sereno.
¿Estoy bien? Pues depende. Todo pende de un hilo en mi cabeza. El equilibrio se rompe si una hoja sopla y desubica el aire. No estoy viejo, pero sí cansado. Terriblemente cansado. Agotado. Pero ya llegará el momento en el que todo vuelva a ser sonrisa, si ando listo. Espero andar listo. Tengo grandes esperanzas en ello.
Pero mientras tanto, estoy inquieto y cansado.