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vanas ilusiones

Entre unas cosas y otras no entro por aquí. Entre que estoy agotado (más que nada existencialmente, si es que eso significa algo), gordo y desinflado, entre los curros y los viajes y las webs que reclaman tiempo y que son como crías que pían y pían, y este ubuntu y este flash que piden más aún si cabe, tengo las neuronas con las maletas ya hechas bajo la cama esperando el momento. Yo les digo que no dejen de esperar, que todo esto tiene forzosamente que terminar en algo, que si demuestras lo que vales al final… pero no sirve de nada, ellas son más listas que yo, mucho más, y responden:

– Te están tomando el pelo. Con tu consentimiento. Eres un imbécil.

Qué complicado es responderle a la verdad cuando te habla mirándote directamente a los ojos. Me hago caquita y miro al suelo, avergonzado.

Al próximo que me diga que existe la justicia, sea poética o no, le voy a roer la yugular con un folio oxidado.

cuadernos del absurdo

CUADERNOS DEL ABSURDO.

Parámetro uno: el tiempo.

1. Rosas en la cadera.

Sombreando las caras con el gris macilento
de la noche que empieza, rompiendo
el aire en humo negro que huele a sudor,
comentando el fuego con fuego y el hambre
con más y mayor hambre. Tengo tu piel
en la cartera y es un yugo pesado,
un lastre de años mirando impotente el disolvernos
en azul y noche o noche y azul o no recuerdo
ya bien
en qué lo hacíamos. Estoy borracho,
lo justo para no ver lo que no quiero
y creerme lo que deseo, lo justo
para no enfermar de una vez y para siempre,
lo justo, quizá, o sé seguro, para seguir viviendo,
lo justo para tener hambre, y sed, y sueño, o para
no tener nunca más sueño, ni sueños.

Hambre de fuegos que respondo con fuego,
hambre de estupideces que no quiero y no me creo.
El cetro del Dios de turno me golpea en la cara,
quiere decirme algo.
Quizá que este no es el camino.
O que éstas no son las rosas.
O que este no es el juego, simplemente.

2. Palabritas en la calle.

Me hablas como si quisieras decirme algo,
y estoy convencido de
que estás convencida de
que quieres decirme algo.

Balbuceas, adiós a las cosas coherentes,
adiós a los ritmos,
adiós a tus trinos de cuando todo va bien.

Me estás recordando que te dije una vez que para
escribir bien había que vivir mal. Yo intento decirte
que todo eso era una estupidez, que no tenía sentido,
que es lo que se dice cuando no se sabe nada
y se quiere todo. No puedes entenderme, porque
aquel yo tiene más fuerza que el que te habla ahora.
Porque te viene mejor.

Qué cruel atizarme conmigo mismo. No sé si te das cuenta.

Qué cruel cuando yo ya no, y te lo digo.

Cuando di la vuelta de tuerca y me senté encima de los restos.

Qué cruel cuando lo que hablas no tiene sentido.

Qué cruel, porque pago las deudas que otro firmó por mí.

3. Elefante más o menos azul.

Son los mismos días. Estoy en el mismo sitio.
Tengo las mismas corazonadas.
Tengo la misma dentera.

Tómame o déjame, pero no me juzgues
más de lo necesario. Estoy en el mismo sitio,
fuera de lugar,
como un elefante azul en medio de ninguna parte,
es cierto que estoy donde estuve.

Pero ya no soy azul, creo que soy verde…

No te dejes llevar por las impresiones en la retina,
hablan más de lo que dicen.