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flashes

En los talleres la torre, gente sin un pavo desmontando embragues.

En la cola para pagar, un tipo enjuto y con un mono, de unos 60 años, preguntando si le podían hacer un descuento porque esa bandeja de maletero no era para su coche.

Los padres de zentu invitándome a comer parrillada como si fuera lo más sencillo y lo más normal del mundo. Sonriéndome. Siguiéndome la conversación. Gente feliz.

El padre de zentu reventándome con la bici.

En el Juan Carlos I, un tipo gordo como un torreón con una nikon como la mía cuidando de sus hijos, asfixiado.

Mi hermana pequeña ensimismada con el infinito y yo deseando ser capaz de entrar en su cabeza.

Las grapas de la pierna de mi madre que me miran estrábicas.

El coche con retrovisor nuevo que parece de nuevo un bólido, sin razón aparente.

El dolor de culo de montar en bici de nuevo.

Zentu desmontando la puerta del coche, arreglando el problema y volviéndola a montar.

Todo el mundo haciendo fotos con mi cámara, y yo sin ganas de hacer fotos. Sentirme agradecido.

La vida es eso que pasa mientras no estás escribiendo en el blog. El tema es que a veces la vida transcurre a un ritmo que es imposible capturar después al escribir todo el lujo de detalles.

Cisneros que me cuenta cómo le va la vida.

Me tomo unas cervezas con Merayo, torturándonos con intereconomía.

Qué riqueza. Que cantidad de cosas.

Cómo fijar todo esto, cómo lacarlo, cómo cristalizarlo, cómo solidificarlo. Cómo hacer una fotografía de todo esto.

Ya sé. Con algunos flashes.

nacido del amor

Hoy estaba hablando con mi madre. Estaba intercambiando unas palabras con ella. De repente me dice:

«Nunca he entendido eso de que cuando te mueres ves pasar tu vida entera».

Bien.

«Pero el otro día vi pasar mi vida entera».

Mal.

«No sé si lo soñé, vi pasar toda mi vida ante mis ojos».

Ejem.

«Y cuando me desperté lo tenía todo anotado en un sobre que tenía en la mesilla».

No sé si bien o mal.

«Y os vi a todos, excepto a tu padre, no sé por qué».

Mi madre es ese ser repugnante que trató tan mal a mi padre. Ese ser que al verle despierta todo mi cariño, contra toda mi voluntad. Cuando aún pongo algo de voluntad en ello.

«Vi a Maricarmen, pero no vi a tu padre».

Maricarmen es una amiga de toda la vida, pero que yo sepa jamás se casó con ella. Con mi padre sí que se casó.

«Y te vi a ti, recuerdo que cuando te vi entendí el amor. Amé por primera vez».

Fuego.

«Viniste con prisa, quince días antes. Me encontré con Rajo en el ascensor y le dije que ya venías. Él me dijo que era pronto. Después de examinarme, preparó un paritorio».

Buen tipo.

«Después naciste y te vi, y entendí el amor».

Nunca es tarde.

«Tú para mí eres el amor. Había amado antes, a mucha gente, pero nunca así».

Lo que supone un montón de ciertas posibilidades: cuando me ve ve el amor; cuando me hace la comida y yo llego tarde y me disculpo pero nunca bien y a veces borracho y quizá sólo llegue seis horas tarde y aún así está todo calentico cuando llego, ve el amor.

Hasta hoy había deseado lo incondicional del amor. Con ganas.

Y ahí, recuerdo. Recuerdo varias cosas. Una que mi madre está loca. Ve cosas en sueños y les da carácter tangible.

Con ese tipo de locura que supone todo lo que no me hace avanzar en las cosas de la vida.

Yo estoy loco, supongo, del mismo modo.

Igualmente.

Recuerdo cosas que no he visto. Que mi madre con 27 años conoció el amor cuando vio mi cara de mierda de tío después de asomar entre sus piernas.

Duro.

«Tú, para mí, siempre has sido el amor».

Yo nunca he sido el amor. Yo nunca seré el amor.

Nada más lejos de mi idea que ser el amor.

No he sido el amor para nadie. Ni puta falta que hace.

Salgo a la puta calle.

Entero, saludo hacia la ventana en la que sé está mirando y doblo la esquina.

Me enciendo un cigarro.

Hay un banco en el paseo. Me siento.

No tengo ni puta idea de por qué.

Ni tampoco cuánto.

Yo sí amé a mi padre. Aún le amo.

Me hago a la idea de que está a mi lado en el banco, echándome un abrazo.

Pero no hay nadie.

Después, cuando me levanto, tampoco hay nadie.

Y nadie me despide al otro lado cuando me marcho.