Manos nuevas
con aquellas viejas vistas
y tatuajes serigrafiados en las mejillas.
No dejaba
de preguntarse
nunca
dónde había estado entretanto.
Aquí.
Allá.
Entre tanto.
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Manos nuevas
con aquellas viejas vistas
y tatuajes serigrafiados en las mejillas.
No dejaba
de preguntarse
nunca
dónde había estado entretanto.
Aquí.
Allá.
Entre tanto.
No me cuentes jamás
que todo va bien,
ahora soy un animal
y aquí vengo a morir o matar.
Hace un tiempo quizá te podría creer,
pero remar por remar no te deja ver.
Me gustaría asentir,
decirte que sí,
que el mundo es bonito
y que está lleno de ositos.
Y qué bien.
Y el miedo en tus ojos, la frialdad de los míos,
el temblor de tus manos.
Prepárate bien,
puedes llorar, está permitido.
Y con restos de sangre y piel en mi cara pienso
que no está todo perdido,
que todo empieza ahora y todo acaba ahora,
todo está en su sitio.
Admiro el sacrificio, el valor del olvido,
mala suerte, amigo.
Si hay un sitio en el infierno en el que cuenten conmigo
iré convencido.

No se puede escribir, sólo se puede permanecer con la boca abierta contemplando el espectáculo de la descomposición total de la integridad en todas y cada una de las jerarquías de la sociedad.
Al menos yo no puedo, no salgo de mi asombro total.
Ah, y es noviembre otra vez.