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algo de costumbrismo

Ayer vi a Suso en la farmacia mientras después de que me sacasen el listado de lo mío y mientras seleccionaba con un boli lo que quería y lo que no. Él miraba y parecía un poco sorprendido de la longitud del papel. Tenía un palo en la garganta por el que soplaba para hablar. Sin leerle los labios no se le entendía nada. Me dijo "mira", señalando lo que le habían dado a él, "fentanilo". Yo no le había visto antes así y no supe qué decir, así que como siempre en esos casos dije la mayor estupidez. "Como los americanos". El me miro supongo que ratificando para sí mismo que yo era imbécil y respondió "pero mejooooor".

Hace muchos años dormí en otra casa y la mujer tenía problemas de espalda y usaba el colchón extendido en el suelo. Yo estaba viendo Breaking Bad en esa época y sólo supe repetir un par de veces "como las yonkis", cuajado de nervios. Tengo una colección entera de momentos así que vienen a buscarme un par de veces al día casi cada día para avergonzarme. Y con razón, eso no puede quedar en el olvido.

Suso se despidió antes de que me trajeran la colección de cajas y mejor así. Él ya tiene bastante con lo suyo. Yo me quedé pensando que a veces me resulta difícil sentir ciertas cosas por según qué gente y su forma de comportarse con lo que les rodea.

Lo que, además de imbécil, hace que me sienta un capullo.

el fin del mundo

Sobre todo fue aquel verano caminando.
Buscando sitios discretos en los que conocerse.
Sonriendo, pasando hambre.
Tiempo de sobra para hartarse.

Sobre todo aquel verano sin dinero caminando,
caminando sin contar los pasos,
mantenerse en el mundo vagabundeando.

Sobre todo esa necesidad, esa urgencia de tenerse.

Sobre todo que eso era lo importante.

Lo demás eran cosas que nos contaban los demás.
Hacer algo, llegar a alguna parte.

Sí, sobre todo la urgencia,
lo demás era basura, vidas de otros.

Cosas que los demás pensaban importantes.

Construir un mundo sobre tenerse.
Un mundo entero sobre eso, tenerse.

Lo demás era la derrota alrededor que no dejaba de contarse.

Años después, ya sin aquel verano, después de moldearnos,
de aceptar el estado de las cosas,
de corregir lo que fuimos para crearnos un sitio,
nos separamos.

Tenerse, de pronto, ya no parecía suficiente.
Aún nos preguntamos qué aniquiló lo importante.

acordarse

Vino de tan lejos y no dijo demasiado,
se plantó en el centro, abrió las horas.
Se adentró en el lugar de la magia
y susurró algo que ya casi ni recuerdas.

Había algo en el centro,
en el lugar primero,
algo de lluvia y manos secas,
algo de no escaparse vivo de esta.

Había algo en el centro,
eso sí lo recuerdas,
una imagen de una mano
jugando a atrapar el viento.

Había algo en el centro,
horas y horas de eso,
estar justo donde las cosas
se dibujan y se esfuerzan.

Estar justo donde las cosas
se piensan, donde las cosas
se forjan a sí mismas,
donde se encuentran.

(Antes no eran).

Vino de tan lejos, de tan años atrás,
de todo lo olvidado, lo que ya no se recuerda
por inútil, porque el tiempo ha pasado
y ya no son, ni están, ni se las espera.

Vino de tan lejos y se situó tan en el centro,
en lo que no es aunque lo fuera,
en lo poco que aún te queda.

Vino de tan lejos, venimos de tan lejos,
olvidamos lo que olvidamos jurando,
había algo situado en el centro.

Lo radical de no poder ser ya,
de haber tenido que olvidar,
de no quedar de ti más que el recuerdo
y un manojo de calendarios atrasados.

Había algo en el centro,
en el lugar primero,
en el que fuiste y no eres
y ya casi ni te acuerdas.