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Pedro Salinas. La distraída.

No estás ya aquí. Lo que veo
de ti, cuerpo, es sombra, engaño.
El alma tuya se fue
donde tú te irás mañana.
Aún esta tarde me ofrece
falsos rehenes, sonrisas
vagas, ademanes lentos,
un amor ya distraído.
Pero tu intención de ir
te llevó donde querías,
lejos de aquí, donde estás
diciéndome:
«aquí estoy contigo, mira».
Y me señalas la ausencia.

Pedro Salinas.
La Distraída.
De Seguro Azar, 1929.

José Hierro. El rescate imposible.

Invieno vestía de plata
sus lajanías. Primavera
pulsaba sus verdes. Estío
bruñía la espada sangrienta.
Otoño desencadenaba
los torrentes de su tristeza.

Y él está siempre allí. Miraba
lo imposible. (Han pasado cerca
de veinte años.) Y él está
ensimismado, ante la puerta
infranqueable.

Estío funde
su estatua de ola, viento, piedra.
Y él está allí. Desnuda otoño
su torso pálido de estrellas.
Invierno oculta con su máscara
la desolada calavera.

Ý él está allí. Sigue allí, bajo
la invención de la primavera.
Desde allí mira no sé adónde,
caída la clara cabeza.

Quiero arrancarlo de su éxtasis
para reintegrarlo a la rueda
temporal, para darle vida.
(Olvidé que han pasado cerca
de veinte años. Olvidé
que ya no es clara su cabeza,
que ya no puede ser posible
que me escuche y que me comprenda.)

José Hierro.
El rescate imposible.
De Libro de las Alucinaciones. 1964.

miradas

«Como el dinero, los cuerpos instalados en el teatro de la representación no hablarán ya espontáneamente, no «traicionarán» ya el origen que les fundó y sus bocas cosidas harán inarticulable el «inter faeces et urinas nascimus»; por eso, lo que designa la mierda como tal deberá desaparecer y antes que nada su olor hasta que el desperdicio disocie su esencia de la de la mierda, de forma que, eliminando el olor, no quede más que la materia.»

Dominique Laporte. Historia de la mierda.

Este inoportuno «resto de tierra», decía Freud, citando a Goethe…