# perdiendo.org/museodemetralla

entraron en mi cabeza (201) | libros (20) | me lo llevo puesto (7) | pelis (2) | Renta básica (9) | series (6) | escasez (2) | frikeando (94) | arduino (1) | autoreferencial (11) | bici (1) | esperanto (4) | eve online (3) | git (2) | GNU/linux (4) | markdown (7) | nexus7 (2) | python (7) | raspberry pi (3) | vim (1) | wordpress (1) | zatchtronics (3) | hago (770) | canciones (161) | borradores (7) | cover (44) | el extremo inútil de la escoba (2) | elec (1) | GRACO (2) | guitarlele (11) | ruiditos (11) | Solenoide (1) | fotos (37) | nanowrimo (3) | novela (26) | criaturas del pantano (5) | el año que no follamos (12) | huim (5) | rehab (4) | poemas (362) | Anclajes (15) | andando (3) | B.A.R (7) | Canción de cuna para un borracho (38) | Cercos vacíos (37) | Cien puentes en la cabeza (7) | Conejo azul (6) | Contenido del juego (5) | De tiendas (3) | del pantano (3) | Destrozos (2) | Epilogo (4) | Fuegos de artificio (5) | Imposible rescate (15) | Jugando a rojo (7) | Libro del desencuentro (2) | Lo que sé de Marte (11) | Los cuentos (21) | Montaje del juego (5) | Orden de salida (4) | palitos (31) | Piernas abiertas (7) | Poemas medianos (12) | Privado de sueño (7) | rasguemas (5) | Tanto para nada (17) | Todo a 100 (2) | Uno (4) | relatos (97) | anatemas (9) | orbital (2) | prompts (8) | vindicaciones (103) | perdiendo (1.716) | atranques (1) |

historia de la sardinita en la pila o cómo escaquearse de seguir limpiando la cocina

Tres o cuatro o incluso cinco días después de la cena de ibéricos a base de embutidos ibéricos y cerveza abundante, tierna, roma e indolora, comprendí que algo no funcionaba bien en mi cocina. Cada vez que me acercaba a la puerta una sensación intensa me repelía ineluctablemente con una fuerza igual a la suma de la peste desalojada.

Me acerqué a la pila. Levanté un par de platos sucios, algunos vasos grasientos, un par de spaguetis blandos, semipodridos, verdosos en algunos puntos. Debajo del quinto plato encontré lo que buscaba. Allí estaba la sardina. Lo que en su día debió ser una sardina natatoria completa.

No podía cogerla con las manos, así que pergeñé un invento que se asemejaba a unas pinzas. Utilicé las pinzas de la cocina, vamos. En el justo momento en el que estaba a punto de hacer una carnicería intentando captarla para la gran causa del cubo de la basura (nudo rápido y al contenedor, que apeste a la comunidad entera, mal de muchos…), habló:

– Hola, soy tu sardina madrina.
– Qué asco, pensé que las hadas madrinas eran otra cosa, más limpia, menos perfumada.
– No tienes derecho a un hada madrina, yo soy tu sardina madrina.
– Podías haber hablado el otro día, olías mejor.
– Había gente.
– ¿Es que eres tímida?
– No, te hubieran tomado por loco, hablando con una sardina.
– Esa sería la menor de las estupideces que he ido haciendo últimamente.
– Bueno, al tema, que no me pagan por horas. Vengo a salvarte.
– Qué hijos de puta los del ramo de las sardinas madrinas, no es justo haceros currar a destajo. Seguro que te pluriemplean, ¿de cuántos más eres sardina madrina? Hmmm… ¿salvarme?, ¿de qué?
– De ti mismo.
– Ahora tengo claro que soy tu primer cliente. Deberías empezar por algo más sencillito… consígueme unos litros, por ejemplo.
– No, soy tozuda. Vengo a salvarte de ti mismo.
– Vamos a ver, lista podrida de mierda, ¿cómo lo vas a hacer?
– No lo tengo claro.
– ¿Y lo de los litros?

Fue la primera vez que me emborraché con una sardina madrina. Al final nos pusimos sentimentales y pasamos la tarde bebiendo y tocando canciones de los panchos. Luego, nos besamos. Ya en la cama, mientras ella practicaba el noble arte de la fellatio, me pregunté cuánto tiempo tardaría en desprender de mí el olor nauseabundo de sus cariños.

…………………….

Odio quedarme en babia. La cogí con las pinzas, se desmenuzó (la intensidad del olor aumentó exponencialmente). Al final la empujé a un vaso grasiento, lo tiré todo a la basura, salí descalzo a la calle, me pinché con un cristal, se me pegó un chicle en la planta del pie, el asfalto quemaba someramente, volví a casa, me tumbé y me puse a dialogar con el cadáver de debajo del sofá, que amablemente me quitó el chicle y se lo metió en lo que le queda de su corrupta boca.

presentación de los cinco nuevos temas

Clip, eres un artista.

El problema es la historia, uno corre el peligro de volverse historicista, constantemente. ¿Veis el vaso de la foto de las velas? Ese vaso lo compró leti, cuando vivía en Tribunal en un piso minúsculo en el que los cuatro pasamos muy buenos ratos, allí creció mus, su gato. ¿Que cómo llegó a mí? Bueno, después compartimos piso en Chueca. Ellos se mudaron a Pizarro, nosotros aquí. Trajimos el vaso.

Cada objeto, cada línea de esta casa, tiene una historia detrás. Es conveniente olvidarse de todo eso y sólo recordarlo de vez en cuando, en plan nostálgico-divertido. Pero tampoco olvidarlo demasiado, o la realidad se vuelve plana, sin dimensiones, sin profundidad, sin espacio. Vamos, un equilibrio. Pero nunca he sido buen equilibrista, y jamás he tenido autodominio.

«Llevo tu vida en mis ojos, por eso no los puedo cerrar», decía Doctor Grillo.

Aquí, tomando un café, sin música, sin ruido, estoy chinado por posibles reacciones de la junta vecinal, después del follón de anoche. Madre mía, con la ventana abierta. Joder.

No iba a salir. Todo iba bien, me negué ante dEMASIÉ, el clip y rous, y comprendieron. Llamó nano, algo me olió a soledad y le dije «bueno, unas cervezas». Las compré, y algo de ron también. No mucho. Lo justo. Después comprendí que no podía decir sí a unos y no a otros, así que llamé y dije sí. Después Cisneros, Yudith. Presenté las canciones. Nos chuzamos a base de bien. O al menos yo.

Parece que las canciones van pasando más que decentemente los controles de calidad, la puesta de largo en los oídos más selectos.

Hice el bestia con la voz, y ya medio afónico me afoné del todo. Me lo pasé muy bien, en cualquier caso. Cómo me alegro de que estéis ahí, todos. Se fueron cuando yo no podía más, medio dormido en el sofá. Me arrastré hacia la cocina y me hice algo de pasta, tenía gazuza. Comí, dormí, me levante bien. Con ganas de escribir. Poesía. Lo hice. Ahora voy a limpiar, le he dicho que no a lon lon al aperitivo en Sagardi.

No puedo prometer que vaya a limpiar, pero al menos me pongo las condiciones adecuadas.

Paseo por la taza del váter, meto mi cuerpo con el piloto automático en el autolavado de la ducha. Estoy empezando a pensar que me hace falta una piba. Asustado, dejo de pensar. No quiero volver a poner el cuello boca arriba. No necesito ninguna piba. Necesito a todos y cada uno de mis amig@s (incluso a los que no veo, prometo que ya dolerá menos y volveremos a vernos), pero no dependencias emocionales tan fuertes. Me gustan así de fuertes, pero son peligrosas. Tienen mucho peligro.

Cada vez que suena la puerta del portal pienso que va a sonar el timbre de la mía (un vecino iracundo preguntándome si tengo algún tipo de respeto en alguna parte, y en caso afirmativo por qué no lo utilizo).

Y yo qué sé, le diría, llorando. Eso es lo que me da miedo, no la charla, sino el llanto. Porque no lo sé. Porque no tengo ni idea, déjame en paz. No sé por qué hago lo que hago, estoy excentrado, ¿no lo ves, capullo? Yo qué sé, de verdad, ayúdame, le diría quizá… me miraría como si hubiera perdido la cordura, ganado la vesanía. Y eso sería más de lo que yo podría soportar. Un poco más de tetas y sería una matrona italiana confusa. Vendrá Ortondo con pizza, él siempre me tranquiliza. Es un remanso de paz, kaótica, pero paz, deprimida, pero en paz.

Estoy avergonzado, humillado, jodido.

El pibe al que le dió por hacer inmersiones en mis labios el sábado pasado llamó. Por supuesto, no le cogí el teléfono. Como ya dije, a mi los pibes me gustan con caderas anchas y tetas. Por eso no me gustan los pibes. Qué le vamos a hacer. Quizá sería una solución, pero no parece posible. Cuestión de gustos, que conste, no de prejuicios. Yo estaría tan campante con un compañer@ de kombate vital, y eso es una cuestión de cruce de personalidades, más que otra cosa. Pero en otras cosas importan otras cosas.

El caso es que este sol que entra por la ventana me parece divertido, y me río. El caso es que uno siempre está a gusto con el sol. Decía en una canción que ya no lo quería, pero es mentira. Quiero sol, y buen tiempo. Y cervezas en el Sagardi. Y que la casa se limpie sola y deje de darme por culo todo el tiempo. Y saber dónde estoy. No fue ayer, ya hace algún tiempo, debería estar menos turbia el agua, el fango más sedimentado en el fondo.

Pero si no es así, al menos hace sol. No te jode.

un idiota en un anecdotario

He escrito hoy un poema
acordándome de ti,
como si fueras un cita para el jueves,
o una comida para el miércoles.

Y me he acordado así,
y he abierto una cerveza,
y me he sentado en el sofá,
y he encendido un cigarro,
y he leído a Kant
para excentrarme,
y estaba rascándome los huevos,
mirando en el fondo del espejo
de mi prepucio

y me he dado cuenta de que
no eres una cita para el jueves o el miércoles,

sólo eres nada,

y he abierto otra cerveza,
encendido otro cigarro,
te he dedicado unos acordes,
he escrito un poema,
me he rascado una axila,
un grano reventó en mi espalda
cuando cambié de postura

y he brindado por ti,

sinceramente por ti

mientras los gatos jodían en la calle
haciendo descendientes desde los
ascendentes,
y me ha parecido una metáfora estimulante
ver cómo los basureros
vaciaban los cubos de la calle
sin tanto ruido
como el que produce tu basura
en mi puñetera cabeza.