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un gato pardo en el tejado (sí, sí, sí, sí, sí)


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Me vuelvo a sentir
como un gato pardo en el tejado.
Enciendo un cigarro,
no anda lejos el verano…

salto de aquí para allá,
tengo una risa en cada fracaso,
la noche es azul,
la luna canta sus tangos

y ahora tengo sed,
ya no quiero sol
contra la pared
me siento mejor…

porque la vida que te di no me la devolverás,
la vida que te di es la vida que ya no está,
la vida que te di la guardas en tus caderas,
la llevas puesta en el pelo, me la recuerdas cuando te veo…

sí, sí, sí, sí, sí

Me vuelvo a sentir
como un idiota en un anecdotario
apago el cigarro
me tumbo en la cama un rato

me vienen a visitar
recuerdos que ladran furiosos
me muerden los pies
me escuecen tras los ojos

y ahora tengo sed,
ya no quiero sol
contra la pared
me siento mejor…

porque la vida que te di no me la devolverás,
la vida que te di es la vida que ya no está,
la vida que te di la guardas en tus caderas,
la llevas puesta en el pelo, me la recuerdas cuando te veo…

sí, sí, sí, sí, sí

nana para un niño nonato

Y ya que estoy por sincerarme, reconoceré que la melodía que subí ya en su día se llama «nana para un niño nonato».

Y está dedicada a el hijo que jamás tuve con Lorelay.

Es jodido. Es una jodienda. Pero es alegre (creo).

Me siento mejor. Aún no he mentido en nada.


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(Aunque probad a tocarla un poco más despacio, tal y como se compuso, y el resultado es bien diferente. Y he estado dando vueltas y vueltas hasta que he dicho lo que realmente tenía que decir, que es la verdad, pero es que hay cosas que no salen tan rápido, tan fácil, tan naturalmente. La canción es hija de un poema del mismo nombre, que quizá consiga subir en su día).

Daniel Hare

Mis dedos son tocones de madera cuando empuño la guitarra. Nunca puedo desprenderme de la rabia cuando estoy con ella (lo sé, hoy hablamos de ello). Esto es Daniel Hare, en mi cabeza. Intenté pulir la rabia, porque con él no hay. Es uno de los mejores cantautores que conozco (vivos o muertos, en activo o en letargo), y con eso ya sería suficiente. Pero además es una de las mejorcitas personas que conozco, una de las mejores alegrías que me depararon los días.

Hay muchas canciones tuyas que ya son, por derecho propio, parte integral de mi propia vida. Gracias. De verdad, tío, gracias.

El otro día me di cuenta de que la guitarra estaba hablando sola, y hablaba de ti.

Ahí te va, colega, no es mucho, pero tampoco es mucho lo que puedo hacer:


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Cuídate, tío. Cuidaros todos.