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más en torno a la causalidad

«Se llama «causa», en un sentido primario, a la materia inmanente de que esté hecha una cosa: el bronce es la causa de la estatua; la plata, de la copa, y también los géneros del bronce y la plata. En otro sentido, la causa es la forma y el paradigma, es decir, la definición de la cualidad; y sus géneros: por ejemplo, para la octava, es la relación de dos a uno, y, de forma general, el número; la causa es también las partes de la definición. La causa es, además, el principio primario del cambio o del reposo: el autor de una decisión es causa de la acción, y el padre es la causa del hijo, y, en general, el agente es causa de lo que se hace, y lo que se hace es también el fin, es decir, la causa final. Por ejemplo, la salud es causa del paseo. ¿Por qué se pasea? Contestamos: para mantenerse sano, y al hablar de esta manera, creemos haber dicho la causa. Por último, se llaman causas todos los intermedios entre el motor y el objeto. Así es como el adelgazamiento, la purgación, los remedios, los instrumentos del médico, son causas de la salud, pues todos estos medios se emplean en vistas a un fin; estas causas sólo se distinguen unas de otras en que unas son instrumentos y otras acciones.»

Aristóteles. Metafísica.

Es curioso recordar a Feyerabend hablando acerca de los especialistas, refiriéndose a los científicos, y cómo su lenguaje se ha deshumanizado de tal modo que ha perdido todo contacto con la carne en aras de una supuesta claridad expositiva.

Cito (Feyerabend, «Contra el método», nota 13): «Así, en la página 65 del libro (W. H Masters y V. E. Johnson, «Human Sexual Response», Little, Brown, 1966) leemos que la mujer, al ser capaz de orgasmo múltiple, tiene a menudo que masturbarse una vez retirado su compañero para conseguir así la culminación del proceso fisiológico que le es característico. La mujer sólo se detendrá, quieren decir los autores, cuando se encuentre cansada. Esto es lo que quieren decir. Lo que realmente dicen es: «Por lo común, el agotamiento físico pone fin por sí solo a la sesión mastubatoria activa». Usted no se masturba, usted tiene una «sesión masturbatoria activa». En la página siguiente se aconseja al hombre preguntar a la mujer lo que quiere o no quiere en lugar de intentar averiguarlo por su cuenta. «Él debería preguntarle a ella»: esto es lo que nuestros autores quieren hacernos saber. ¿Cual es la frase que aparece en realidad en el libro? Lean: «El hombre será infinitamente más efectivo si anima a su compañera a vocalizar». «Anima a vocalizar», en vez de «le pregunta». Bien: acaso alguien diga que los autores quieren ser precisos, que quieren dirigirse a sus compañeros de profesión más que al público en general y, naturalmente, tienen que emplear una jerga especial para hacerse entender. Por lo que respecta al primer punto, esto es, a la precisión, recuérdese, sin embargo, que los autores también dicen que el hombre será «infinitamente más efectivo», cosa que, considerando las circunstancias, no es ciertamente un enunciado muy preciso de los hechos. Y en cuanto al segundo punto, hay que decir que no se trata de la estructura de los órganos, ni de particulares procesos fisiológicos que puedan tener un nombre especial en medicina, sino de un asunto tan ordinario como preguntar. […]»

Es decir, que la comunicación prepara sus propios actos perlocutivos para que sincronicen con los ilocutivos (y viceversa). Es claro que la intención de los buenos científicos era parecerlo. Retorciendo el lenguaje de un modo concreto su ilocución es parecer algo, y la comunicación social permite que sea exactamente lo que consigan. Excepto para Feyerabend, por ejemplo, que mira lo que está viendo y ve lo que parece que no se ve. Pero no nos engañemos, en estas situaciones el agente de la acción es tan víctima de las convenciones como el paciente de la acción. Enredados en el campo de la convención las asumimos tanto y de tal modo que al final las consecuencias son lógicas, retroalimentando el rizo hasta hacer un tirabuzón.

Pero con ello se pierde la costumbre de mirar.

Las verdades son las mismas (¿o no?), pero en Aristóteles tengo la sensación de estar tomando café con él en el salón de mi casa, y con la jerga cientifica parece que uno está metido en un tubo absurdo de ensayo. No hay convención en Aristóteles (o no nos ha llegado, vaya usted a saber), y se puede estar tranquilo y alerta con su discurso. ¿Y esto qué tiene que ver con las causas? Pues nada, pero es que al releer a Aristóteles me acordé de Feyerabend y se me fue la pinzita… otro día.

Conclusión: necesitamos la ley de la causalidad porque nada parece responder a regularidades observables, lo cual nos desorienta. Y como el mundo no responde a ella, reificamos un mundo de preguntas y respuestas unidas de forma convencional. Creemos tanto en ello que al final no somos capaces de identificar ni otras preguntas ni otras respuestas, convertimos la convención en realidad. Es decir, que nos hemos despistado en algún punto y hemos dejado de ver el mundo, sólo nos vemos a nosotros mismos englobados en un concepto de comunicación interpersonal que no es más que un juego de «¿Quién es quién?» bastante limitado. Arendt dijo algo así como: ¿funciona la estadística porque es predictiva o funciona porque conocemos las leyes de la estadística? Un punto muy espinoso.

from wales

En el principio de los tiempos era la cama. Yo estaba dormido cuando vino Koldo a invitarme a unos minis en el Cool. Los minis de vino-naranja-licordemora pasaron rápido, y conocimos a un par de pibas interesantes y lesbianas, o lesbianas e interesantes, o jóvenes y de conversación enérgica. Después lo dejamos todo detrás para volver uno a su dormitorio y yo a mi guarida. Era ya un poco más tarde cuando vino Marcos, the man who comes from wales, aparcando frente a mi ventana y tirando miguitas de pan a la sombra de mi melón. Yo desperté como en un sueño y le acompañe a una taberna irlandesa (que venía al pelo), donde hablamos de esto y aquello, pero sobre todo de esto. Después nos aburrimos y salimos. Estábamos fuera (fuera se podía oir aún), y anduvimos buscando un bar donde aposentarnos sin problemas. Pero no había. En realidad no debió haber nunca, a las tres de la mañana un jueves en alcobendas (the revenge). Él recordó que se había subsumido en el delirio de la compra esa misma mañana y como un mago sacó de la chistera del coche seis laticas de carlsberg (posiblemente la peor cerveza del mundo), y las congelamos en el congelador de mi salón (no les dimos tiempo) y seguimos hablando. Oímos a sepultura. Todo estaba bien. Comprendíamos. Nos comprendíamos.

Cuando ya el comprendernos hastiaba fuimos al 7eleven a por tabacos varios (yo ando con la tarjeta rota, así pues iba financiado a interés fijo), y decidimos ir a desayunar a los madriles. Nos adentramos en la castellana hasta acabar la derrota en sol. En montera nos asediaron las putas y nos insinuaron (es su trabajo) nos tocaron las pelotas (literalemente) y las eludimos en un after-hour que nos abrió las puertas previo pago de diez ebritos. Allí sucedió una historia que no quiero contar entre una muñeca de porcelana y un animal ebrio y demasiado joven. Bueno, ella también lo era. Una muñequita de porcelana (pasto de pastillas, seguramente, esos movimientos…) y una flecha dirigida. Después vimos a Chechu (el real, rous, el real) y nos acordamos de cuando vomité a una piba en el baño porque me confundí de puerta… y de cómo nos montamos en un bus para escapar de las ostias y, ya en plaza castilla, nos preguntamos qué coño hacíamos allí. Y cogimos otro de vuelta. Pero eso es otra historia y ya hemos quedado, además, para otro momento.

Volvimos justo antes de amanecer y en la dehesa de sanse nos encaramamos a un roble para ver al sol salir por antequera. Allí, con un cigarro, mirando el rojo naciente en el horizonte. Después caímos y hubo bronca de hormigas. Marcos recordó algo que juro hacer y no hizo y yo me vi con una chequera en un banco. «Quiero sacar», «no hay modo, ta roto, circule», «me voy a otro», «como si se la machaca». Cobré, tarde pero seguro, y compré huevos, bacon, salchichas, pan y pimientos. Desayuné a las diez pasadas. Puse una lavadora. Dormí hasta la una quince. Tendí la lavadora. Me metí en la ducha, me vestí y me fui reverberando al curro.

Allí fue donde, de repente, toda la noche empezó a parecer confusa. Donde empecé a apestarme a tabaco. Donde se me enrojecieron los ojos. Sucede que me canso de ser hombre.

Walking around
Pablo Neruda

Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.

…………………………
Apuntes:
defenestrar.
1. tr. Arrojar a alguien por una ventana.

ciclotimia.
(Del gr. κúκλος, círculo, y θυμóς, ánimo).
1. f. Med. psicosis maníaco-depresiva.

psicosis maníaco-depresiva.
1. f. Med. Trastorno afectivo caracterizado por la alternancia de excitación y depresión del ánimo y, en general, de todas las actividades orgánicas.

(rae)