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tan difícil decirte que te quiero

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Me levanto, no me duermo, no puedo dejar atrás el tedio (sinónimo de perro, de idiotez, de no llorar). Uno a uno voy perdiendo todos mis escudos, ya ni me acuerdo, no tengo idea del tiempo, me pierdo en no caer. Siento miedo, tanto miedo, no lo entiendes ni lo quiero, no te acercas ni de lejos porque no quiero, no sé decir te quiero.

Voy empezando a decir cosas que no sé decir.
Voy empezando a explicarte cosas que no sé explicar.
Voy empezando a pintar en colores mi vida para ti.
Necesitas un intérprete listo que te aclare las dudas que puedan surgir.

Me levanto, no me duermo, pienso en ti y me espanto, me duele todo el cuerpo de intentar no pensar. Abro tu mano, en mi regazo me guarda todo entero sin silencios, no tengo más que miedo, no sé decir te quiero. Uno a uno voy perdiendo todos los escudos, ya ni me acuerdo, no tengo idea del tiempo, me pierdo en no caer.

Voy empezando a decir cosas que no sé decir.
Voy empezando a explicarte cosas que no sé explicar.
Voy empezando a pintar en colores mi vida para ti.
Necesitas un intérprete listo que te aclare las dudas que puedan surgir.

Y para mí es difícil, tan difícil, decirte que te quiero.

lo que sucede

Lo he dicho muchas veces, lo que sucede no suele tomarse la molestia de tenerte en cuenta. Pero empiezo a barruntarme que, al menos, pregunta indirectamente. No sé por qué todo pasa como pasa, pero eso es parte de la historia. De repente me encuentro en el palomar, abrazado y a gusto conmigo mismo, reconciliado con el mundo y con el todo que compone el ninguna parte en el que estamos. Me pregunto, en cuanto a lo que a la teoría de la evolución se refiere, qué sentido tiene todo esto. Me lo pregunto incluso en el sentido del existencialismo más puro. Ideas transgénicas que han condicionado mi vida durante, más o menos, toda mi vida. Y, evidentemente, no tiene mucho sentido en tales términos. Resiste mi angustia, que estoy detrás, no te pido más. Resiste mi angustia, N., no te pido más, yo estoy ahí, de algún modo, detrás. Sinónimo de perro: exacto. No me porto mal porque no sé hacerlo, pero no todo son flores. Hay mucho humus, cada día más. No se seca. De momento todo bien. De momento todo perfecto. Y así seguirá, porque está escrito. Porque estaba escrito que yo, de una vez, aprendiera. Lo que no está tan escrito es que fuera a encontrar una luna precisa que anduviese sola. Pero necesitas un intérprete listo, que te aclare las dudas que puedan surgir. Y yo otro, viendo tu calibre. Así andamos. Y andamos bien. Dando tumbos, pero en el camino correcto. Voy empezando a decir cosas que no sé decir, voy empezando a pintar en colores mi vida, para poder explicártela mejor. A mí me basta el blanco y el negro, pero yo estoy dentro, tan difícil decirte que te quiero…

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Estoy aquí, pensando en ti. Henchido de luz,
que los días se escriben mejor si te veo venir.

Me pongo a leer, no es dura la ausencia
si sé que en cualquier sorpresa te puedo besar,

regalarte mis labios, hacerte mi piel, darte un abrazo,
surcar con mis manos tu cuerpo herido de mí…

Y entonces (y sólo entonces) me pregunto qué más dará todo. O cuándo puedo metafísica y literalmente sentirme mejor que viendo con N. Blade Runner, en un abrazo tierno y largo como la tarde. Recuerdo todo la pesadilla que me sobrecogió en su momento, y toda ella hace este momento más intenso, más precioso, o, al menos, me hace vivirlo de un modo diferente, más puro por más mediado (quien me entienda…). Y después…. después… después. Cosas que me embargan y me meten en plazos emocionales de forma inevitable. Qué precioso es vivir, cuando a la vida le da por volverse preciosa.

Qué más dara todo lo escrito y todo lo leído si puedo sentir el comienzo del mundo tan solo percibiendo tu cabeza apoyada en mi hombro. Y al girar y verte, y al retirar un mechón rebelde aposentado en tu párpado, y al forzar el cuello para besar tu frente, todo lo que siento se resume en aquiescencia. Excitación terrible y aquiescencia que es previa a toda reflexión y a todo conocimiento, y está (debe) escrito en algún gen aún no desenmascarado que hace que el universo entero, para el portador, gire en torno a una mejilla mientras se besa y se recuerda, que todo gire en torno a una sonrisa que me regalas porque sí.

Y entiendo que no hay una cosa sin la otra, pero qué complicado volver a hacerse eterno en lo comprendido cuando… puedo sentir el comienzo del mundo tan solo notando tu cabeza apoyada en mi hombro.

miedo

Hace tiempo era un poeta grandilocuente,
y seguramente hubiera escrito:

Tu cerveza, acrisolada,
se dedicaba a amansar la tarde
mientras el sol arrancaba las ventanas de sus goznes
y la luz, desbocada,
tórrida y sola, arrumbaba
lágrimas de tus mejillas y sombras
lúcidas
de tus ojos maltrechos, malheridos,
zaheridos de pasado,
entre los días que pasan y no lo hacen
y nunca dejan de pasar del todo.

Pero hoy prefiero decir,
creo,
que te sentías triste porque,
hace tiempo,
te sentiste rota,

porque tuviste miedo,
mirándome,
de poder recomponerte sólo para
volver a estar igual de fragmentada,
(sólo si recompones es posible
volver a romper, de otro modo
es imposible),
igual de vacía
carcasa cerrada de un ser que no fuimos
y que durante un tiempo
habló por nosotros,

de una luna que no se eclipsa nunca

pensarás que soy idiota,
pero en tus ojos veo los míos
y en tu fragua mi destino
(tu destino también está en mi fragua,
de algún irónico modo),

y en tu rotura
(grieta, fractura, diástole, discordancia)
veo la mía
(que nunca es la misma pero siempre lo es)

y yo estuve convencido,
durante algún tiempo,
de que la vida era mía y de que sabía ser quien era

y tanto lo sabía que quizá me olvidé de quien era

y continué, bien programado,

en una esfera de comportamientos coherentes y acompasados

y joder, cómo dolía.

Pero yo no era aquel y lo sabía.

La diferencia es que yo no supe decir basta.

No tuve ni idea de cómo decir basta. Tú sí.

La ostia vino igual, de igual modo.

La falla generó seísmos, de igual modo.

De igual modo hubo que empezar por el principio.

Y quizá tú no gritabas y yo sí.

Pero los gritos eran iguales, eran los mismos.

Y quizá yo lloré de bar en bar,
acumulando cervezas
en un regazo paupérrimo y abandonado.

Pero joder, cómo dolía de igual modo en tu caso.

Y quizá no supieron entender,
ni unos ni otros,
lo que había detrás, debajo, basamento.

Debajo había fango, me temo.

No quisieron verlo.

«Mírale, está destrozado».

Pero no tenían ni idea.

Al menos, en mi caso, pagaban las cervezas.
No podían entenderlo. Tampoco son culpables por ello.

Y entonces vino la sombra
a ocupar el lugar de la luna que no se eclipsa.

Me pregunté
(te preguntaste)
«dónde coño estoy».

Esperaste
(esperé)
que el eco fuera la respuesta.

Pero no lo era. No podía serlo. Lo sabes, lo sabemos. Lo sé.

El eco devino silencio.

Entonces empezó lo complicado de estar vivo.

Sólo entonces.

Hasta entonces todo había sido puro juego.
Una intuición que se sigue.
Pensando en nada.
Ocupado en salir de un lugar que de hecho no ocupas.

Entonces, mucho después,
nos encontramos y nos cogimos de la mano.

«¿Dónde vas?»
«No lo sé»
«Me pilla de paso»
«Entonces te acompaño un rato».

Poema 5 de «Esperándote desde siempre».
Libro primero de «Escrito en tu nombre»
© 2005 café & cigarro editores.