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DIY

En la Gran Empresa de TelemárketingTM en la que trabajaba solían despedir a la gente los viernes. Es el día en el que tenemos la cabeza más en la libertad de las 48 horas por delante que en el apéndice que te están amputando, sin anestesia, delante de tus ojos.

Los fines de semana entendidos como esa parcela en la que se nos considera lo suficientemente adultos como para gestionar nuestro tiempo, pese a que miríadas de empresas-sanguijuela quieran trocar planillas-abalorio a cambio de dinero. Nosotros, acostumbrados a ser dirigidos, a veces incluso lo agradecemos. Ya no sólo les damos nuestras vacaciones, les damos todo. Las horas del día que no trabajamos en cursos que no nos importan demasiado, los fines de semana en los templos del márketing, las vacaciones en experiencias burbuja de usuario.

De pequeño asombro volátil en pequeño asombro volátil. Siempre hay uno nuevo para sustituir al que acaba de convertirse en humo ante ti, a tiempo para que no cierres la boca, siempre a tiempo para que no mires de frente al vacío.

Por favor, no les dejes. Aléjate de los centros comerciales y de las visitas fugaces planificadas. Aléjate de los vendedores de crecepelo.

Hagas lo que hagas, hazlo tú mismo.

los otros

Me pregunto qué hace un artículo como este, en el que se responsabiliza mediante orfebrería barroca al gobierno de la República del golpe de estado de Franco, en la portada de ABC de hoy, justo después del anuncio de ayer de la coalición PSOE-Podemos.

Quizá es porque no saben distinguir entre acciones dentro del marco democrático y un golpe de estado. Para ellos todo lo que no es ellos es anti-democrático.

las causas son precariedad y pobreza

Lo que vuelve al ser humano egoísta es la escasez. La percepción de escasez, sea real o no, le hace empezar a desarrollar teorías sospechosas sobre el de al lado.

La respuesta no es que la gente es imbécil y por eso ha votado al fascismo. La gente percibe escasez y se le empiezan a desarrollar los colmillos. Si tienes el hambre suficiente todo empieza a parecer comestible. Si alguien quisiera luchar contra el fascismo sólo tendría que poner su empeño en erradicar la escasez. También la precariedad, que es la posibilidad cierta de escasez mañana.

Los representantes y el programa del fascismo hablan bastante claros por sí mismos, no necesitarían ninguna otra carta de presentación para un viaje de ida a la irrelevancia si no tuvieran tanta gasolina. El cerebro, cuando percibe escasez, no entiende de más lógica que la de la supervivencia. Los 800 pavos al mes con hipotecas de 1200 y los contratos de seis meses encadenados hasta la jubilación conceden una autonomía al fascismo de (de momento) 52 escaños. Ya veremos qué pasa la próxima vez.

Los caciques, que están en el punto contrario de la escasez, seguirán votando a su ombligo muchos sí y algunos no, como todo el mundo. Son minoría. No hay 52 escaños de caciques.

¿Queréis realmente luchar contra el fascismo? Arreglad la desigualdad. La precariedad y la pobreza llevan a la locura.