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me pregunto

si una sociedad avanzada lo es cuando permite que algunos de sus miembros no cubran sus necesidades básicas

si la amenaza de muerte (comida, sanidad, energía) es permisible en una sociedad avanzada

si sirve cualquier excusa para no mantener a todo el mundo

si la vida no es suficiente

si no es así, no es avanzada

es la misma servidumbre de la gleba

es el mismo vacío

la misma estupidez

la misma avaricia

dicen que estamos en pleno siglo XXI, pero yo no termino de verlo del todo.

Esto es esclavitud. Esto es amenaza. Esto es coacción.

No son vagos, no son extraños, no son una amenaza. Son esclavos a los que no encuentran ocupación, y por ello sin sustento.

No son miembros fuera del sistema. Son miembros que no interesan al sistema.

Lo que está en juego no es un asunto sólo moral. Lo que está en juego es lo que queremos que sea (y eso sí es moral).

No sé si no hay para todos. Lo que sé es que si no hay para todos algo estamos haciendo definitivamente mal.

Todo es mentira, todo es verdad, y mientras tanto muere gente por el camino

delante de nuestros ojos acobardados.

atardece en Ajalvir

y yo tengo la sensación de que me he pasado la vida buscando un sitio donde comprar un paquete de tabaco y un par de cervezas. Bolaño y su 2666 repiquetea en mi cabeza y pienso que pienso que no entiendo y que hay cosas que se escapan a mi comprensión, más de andar por casa por parámetros de seguridad estandar. Porque entender entiendo. Porque comprender comprendo. Pero me pilla muy lejos, no sé si me explico: esos hijos de puta están tan lejos que no puedo ni hacerme a la idea de lo que sería estar cerca de ellos. Pero si el asunto existencial (¿dónde voy, quién soy?, y demás) se redondea al asunto local (estoy aquí y soy lo que son los demás a mi alrededor) hace tiempo que perdí la ubicación. No conservo mapas. No tengo gps. No puedo dar una respuesta clara.

Estoy perdido, hace mucho, en un mundo que no llego a comprender del todo.

Esto quiere decir: no me parece importante lo que para los demás lo es. Me parece significativo lo que para nadie lo es.

Y podría sentirme equivocado, en todos los planos (¿me das cambio para tabaco?, ¿está activada?), pero tengo una tremenda sensación de haber tocado la fibra y de que la fibra que se me vende, si se puede explicar así, no tiene nada que ver con las cosas, con el mundo. Con las cosas.

Porque pase lo que pase (dos litros, por favor, ¿tres euros?, aquí tienes, taluego) el fin en sí mismo del fin de todo no puede ser agrandar el agujero en el que todos estamos metidos. Culos y tetas de septiembre que están a punto de esconderse hasta la primavera. Llevo más de veinte años buscando un paquete de tabaco y un par de cervezas. Llevo más de veinte años y mi percepción se ha expandido pero, de algún modo, no ha cambiado en absoluto. Sigue manteniendo los mismos límites que siempre retuvo como propios.

Saludo, sonrío. Me dirijo a ti que saludas, sonríes. Todo capas, todo cubiertas. Todo invenciones, fuegos de artificio, artificiales, analgésicos convencionales.

Me vuelvo a casa. Satisfecho. Enfermo. Torcido. Con un paquete de tabaco y un par de cervezas, que parecen ser lo que he estado buscando siempre.

Las caras alienígenas, extrañas, en la terraza miran la tele. Podría encontrar referencias comunes en medio del patio si el patio, la tele, las sillas y las mesas tuvieran algo que ofrecer que no estuviera cubierto de mugre. Mugre es…

no ver nada. No es que no vean, es que no quieren ver nada. Porque…

y ahí me pierdo.

Si hay un porqué no lo veo. No soy capaz. Me muerdo.

Los labios.

Discreto.

Y entro en casa, a jugar a un juego.